Los retos de la banca europea

Manuel Romera. Profesor. IE Business School

14 Junio 2013

La creación de un marco regulatorio común para todas las entidades financieras del Viejo Continente es uno de los principales retos a los que se enfrenta Europa.

La regulación del negocio bancario está cobrando especial importancia en un contexto de dificultades económicas en Europa. Así, el ECOFIN está intentando homogeneizar la banca europea en distintos aspectos para poder llegar a la tan necesaria Unión Bancaria. Por una parte, está tratando de establecer un proceso de salvamento o gestión de quiebras bancarias que sea igual para todas las entidades financieras, sea cual sea su país de procedencia. Por otra, está valorando incrementar el llamado capital regulatorio -el nivel de solvencia medido a través del ratio de capital de las entidades financieras-, por encima del nivel actual.

Además de ese intento de Unión Bancaria, cada vez se escuchan con más fuerza las críticas a las diferentes vías de rescate de las entidades financieras, ya que las inyecciones de capital público en entidades con problemas son, como mínimo, discutidas por los bancos no ayudados. De hecho, muchos altos ejecutivos de entidades sin problemas demandan aquello de que “cada palo aguante su vela”.

Quizá lo difícil es medir hasta qué punto existe un riesgo de contagio, en el caso de dejar quebrar una entidad financiera de manera desordenada. Y para ello hay que ver si primamos más el hecho de que las entidades financieras son las generadoras de dinero y los medios de pago de la economía y, por tanto, deben estar muy reguladas, frente a su necesidad de competir y que sea el mercado el que las premie o castigue.

La homogeneidad en el proceso de análisis de una entidad financiera no sólo no se produce en diferentes países europeos, sino tampoco dentro de nuestro propio país, donde las pérdidas para accionistas y preferentistas han sido distintas, dependiendo de la entidad financiera que se analice.

Otro tema que se está discutiendo actualmente es si debe existir un Fondo de Garantía de Depósitos Europeo, al estilo del existente en cada Estado que, de manera habitual, y como pasa en España, garantiza 100.000 euros por titular en caso de quiebra bancaria. Creo que es una buena idea estupenda ya que el FGD de cada uno de los países no podría aguantar una quiebra de tamaño mediano de una entidad financiera con el dinero que tiene en caja. Por tanto, cuanto mayor sea, más sensación de unión dará frente al acreedor o depositante. Y con el recelo y miedo provocado por los datos de crecimiento negativo del primer trimestre del 2013 en Europa, esta medida sería positiva para reforzar la confianza en el sistema financiero.

Sin embargo, loos recelos de Alemania a su aplicación reflejan nuestras dificultades para sentirnos unidos en una regulación de banca común, así como la resistencia del país germano a revisar el estado de sus cajas de ahorros, con agujeros muy importantes, al tiempo que reclama a los demás que hagan sus deberes en solvencia y liquidez.

Las entidades financieras han sido castigadas con rentabilidades para el accionista en mínimos históricos, con bajadas de márgenes superiores al 20% y con subidas de las exigencias de capital, multiplicando por cuatro el core capital en apenas dos años. Ahora es el momento de reactivar el crédito para apoyar el crecimiento y con ello a la debilitada economía europea.

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