Los segundos tiempos del Ministerio de Exteriores

Leopoldo Calvo-Sotelo. Director. Master en Relaciones Internacionales. IE School of Arts and Humanities

29 Abril 2008

Las relaciones internacionales son el Talón de Aquiles de nuestros presidentes cuando llegan al Gobierno y confían este protagonismo a un profesional. Pero todo cambia cuando revalidan el poder.

Los comentaristas políticos norteamericanos han acuñado la expresión second term blues para referirse a los problemas que suelen tener los presidentes de Estados Unidos durante su segundo mandato, y que, muchas veces, se dicen derivados de esa mezcla de cansancio y arrogancia que da el poder cuando se ejerce durante largo tiempo. La experiencia de la democracia española no da todavía para establecer una tipología de esos problemas; pero sí cabe identificar algunas tendencias de las segundas legislaturas en el terreno de las relaciones internacionales. Un análisis para el que resulta especialmente interesante fijarse en los sucesivos ministros de Asuntos Exteriores.

Éstos siempre han tenido un prestigio especial en las democracias. En Estados Unidos, el renombre mundial del secretario de estado ha llegado a rivalizar, en ocasiones excepcionales, con el del propio presidente. Así ocurrió con Henry Kissinger en la última etapa de Nixon y durante la presidencia de Gerald Ford. En cualquier caso, sólo los secretarios de estado (y no todos) aparecen junto a los presidentes en las imágenes y los recuerdos que quedan de una época. Por ejemplo, las presidencias de Truman y Eisenhower resultan inseparables de las figuras de Dean Acheson y John Foster Dulles, respectivamente.

[*D Los ministros de Asuntos Exteriores siempre han tenido un prestigio especial. En EEEUU, incluso han llegado a rivalizar en ocasiones con el presidente. *]

El menor peso político que ha correspondido a los grandes países europeos en los últimos sesenta años ha reducido la estatura internacional de sus ministros de Asuntos Exteriores. Sin embargo, también aquí, si alguien acompaña a presidentes y primeros ministros en su camino a la posteridad, suele tratarse de los responsables de estas carteras. De este modo, la historia de la República Federal de Alemania se resume en la lista de los cancilleres…y de Hans-Dietrich Genscher, líder liberal e influyente ministro de Asuntos Exteriores durante muchos años.

En la España democrática, el Ministerio de Asuntos Exteriores comenzó su andadura con buenos augurios. En efecto, el resultado más brillante de aquel indeciso primer semestre de 1976 fue, probablemente, la proyección internacional que alcanzó la nueva y prometedora monarquía de la mano de José María de Areilza. Después, los jefes de la diplomacia española han mantenido una media más que decorosa, y el palacio de Santa Cruz ha quedado, por lo general, al abrigo de los vaivenes que han afectado a otros departamentos ministeriales.

[*D En España, durante la primera legislatura, los diferentes presidentes han apostado por profesionales de las relaciones internacionales *]

Como antes apuntaba, puede intentarse clasificar a nuestros ministros de Asuntos Exteriores en función de la legislatura –primera o segunda- que estuviera iniciando el presidente del Gobierno que los eligió. Los nombramientos de primer mandato han venido recayendo sobre profesionales de las relaciones internacionales, como Marcelino Oreja, Fernando Morán, Miguel Ángel Moratinos, todos diplomáticos de carrera; o Abel Matutes, con una larga trayectoria como comisario europeo. En cambio, los nombrados en segunda (o ulterior) legislatura han sido, sobre todo, figuras ascendentes en el partido gobernante de la época: José Pedro Pérez-Llorca, Javier Solana, Josep Piqué… La clasificación no es perfecta (algún elemento podría estar en los dos subconjuntos), ni omnicomprensiva, pero resulta reveladora del distinto estado de ánimo con que los presidentes del Gobierno han abordado las relaciones internacionales, según fueran novicios o veteranos.

No obstante, también es cierto que, salvo muy contadas excepciones, los presidentes del Gobierno han llegado a La Moncloa sin experiencia ni vocación internacional. Pero el paso del tiempo y el éxito en la política española les fueron haciendo concebir ilusiones de lanzarse a los grandes temas europeos y planetarios. Ya en tiempos de Adolfo Suárez se hablaba del “síndrome del estrecho de Ormuz” para referirse a la afición por Oriente Medio que el presidente comenzó a desarrollar tras ganar las elecciones de 1979. Podría decirse que a partir del segundo mandato los presidentes experimentan más deseos de surcar los espacios internacionales y menos necesidad de contar con un profesional en el Ministerio de Asuntos Exteriores.

[*D En el segundo mandato, los dirigentes desean más surcar el espacio internacional y necesitan menos contar con un profesional en Asuntos Exteriores. *]

¿Qué ocurrirá en la presente legislatura? Los hechos parecen desmentir la tesis que aquí se sostiene. Moratinos continúa en su cargo; y la foto del presidente del Gobierno en la reciente cumbre de la OTAN, en Bucarest, no podía ser más expresiva: nada que decir, ni ganas de decirlo, ni lengua en que decirlo. Sin embargo, créanme: tantas son las pompas y seducciones del mundo, que terminarán surtiendo efecto; y los Asuntos Exteriores volverán a formar parte de nuestros second term blues.

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