Más allá de los estereotipos

Celia de Anca. Directora del Centro de Diversidad de IE Business School

31 Marzo 2009

El debate sobre el liderazgo femenino y los motivos de su todavía escasa presencia en los órganos de dirección cae en saco roto si partimos de erróneos estereotipos masculinos y femeninos.

Recientemente, McKinsey publicaba su estudio Women Matter 2, en el que concluía que las mujeres líderes analizadas utilizaban más que los hombres algunos estilos de liderazgo que inciden directamente en el buen rendimiento de la empresa, entre otros, el desarrollo de personas, la intuición o la toma participativa de decisiones.

Otros estudios realizados en esta misma línea han insistido en la necesidad de incluir más mujeres, por su diferencia en el liderazgo, en los órganos de dirección de las empresas. Sin embargo, y a pesar de la rigurosidad científica de los análisis, podemos encontrar un mismo número de estudios científicos que demuestran que la presencia de más mujeres en la alta dirección no mejora necesariamente el rendimiento de la empresa.

[*D Hoy, un hombre puede ser sensible y llegar a director general, valorándosele su sensibilidad, como una mujer puede ser agresiva, y valorarse esa cualidad. *]

Dando por supuesto la validez de estos estudios, creo que para intentar avanzar en la cuestión de la mujer en el liderazgo empresarial se hace imprescindible aclarar algunas imprecisiones que confunden el debate.

La primera es buscar relaciones causales para justificar algo que, entiendo, no hay por qué justificar. Las mujeres constituyen la mitad de la población mundial y el 46% de su fuerza de trabajo, de entre ellas las hay competentes y menos, más preparadas y menos, las hay incluso que no están capacitadas para puestos de alta dirección, seguramente en el mismo porcentaje que hombres inútiles para puestos de responsabilidad. En la sociedad globalizada y competitiva del siglo XXI, no se puede, por pura eficacia empresarial, mantener barreras que impidan a mujeres con talento o valía ocupar puestos de alta dirección. Barreras que, imaginamos, existen, aunque de forma indirecta y sutil, y que, por ejemplo, limitan el número de mujeres en los consejos de dirección, alcanzando solamente el 6% entre las 800 primeras empresas europeas. Siendo los países escandinavos los que cuentan con mayor presencia femenina en sus consejos, y los países del sur los que menos, espero poder contar con factores externos que aclaren lo que de otra manera se explicaría por un mayor talento de las suecas sobre las españolas.

[*D Los estereotipos masculinos y femeninos llevan a achacar a una tal Margarita Jiménez su incapacidad para las matemáticas antes de que pueda demostrar nada. *]

Dicho esto, sí creo que merece la pena analizar en profundidad la existencia de estilos de liderazgo masculinos o femeninos, y el cambio en la gestión empresarial desde hace unas décadas, que valora cada vez más cualidades antes relegadas al ámbito de lo femenino, como la intuición o la capacidad de relación, complementando a las tradicionalmente masculinas. Hoy, un hombre puede ser sensible y llegar a director general, valorándosele su sensibilidad, como una mujer puede ser agresiva y valorarse esa cualidad para dirigir un equipo.

No es, por tanto, la mujer la que en ella lleva la sensibilidad a la dirección, sino la cualidad “femenina” la que llega, la lleve un hombre o una mujer. Éste, entiendo, es el segundo aspecto que, en mi opinión, se confunde en el debate: el asimilar el grupo al individuo, o lo que es lo mismo, confundir un arquetipo general con aplicar a un individuo, por su condición y sin conocerle, un estereotipo determinado.

Antes que los científicos modernos descubrieran el funcionamiento del lado derecho e izquierdo del cerebro humano, los antiguos sabios cabalistas hablaban ya de los dos atributos divinos masculino y femenino: sabiduría y entendimiento.

El saber representa el primer impulso de la razón lógica, descubriendo nuevas parcelas de lo desconocido. El entender llega luego, para conectar entre las diferentes islas del saber, ayudando en la conectividad a hacer del saber algo vivo y dinámico. La intuición no es mucho más que esa capacidad de conectar rápidamente diferentes parcelas de saber, conexiones simplistas, si el saber es escaso, o de una profundidad extrema, si el saber es abundante.

[*D Entre hombres y mujeres existen diferencias físicas, emocionales y hasta racionales, pero el espíritu humano, ya sin género, va avanzando y completándose. *]

Aceptando tanto las ideas de los antiguos sabios como las de los científicos, es peligroso, sin embargo, convertirlas en estereotipos, y antes que una tal Margarita Jiménez pueda demostrar nada, se le achaque una supuesta incapacidad para las matemáticas.

La existencia de cualidades arquetípicas masculinas y femeninas, a las que por educación, aspiración o genética se han ido adhiriendo en general mujeres y hombres, no predestinan a ningún individuo. En la historia de la humanidad, los individuos que realmente han destacado tenían una buena combinación de ambas cualidades, siendo de este modo individuos más completos que la mayoría.

Entre hombres y mujeres existen claramente diferencias físicas, emocionales y hasta racionales, pero el espíritu humano, ya sin género, va avanzando, completándose con todos los atributos que laten en su potencial.

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