Móviles y niños

Enrique Dans. Profesor. IE Business School

7 Abril 2010

Si todavía piensa en su móvil como un aparato para transmitir voz y no es capaz de imaginar qué extraños ritos mantienen a usuarios más jóvenes con sus ojos pegados a la pantalla, sepa que se está perdiendo algo.

Para los que tenemos ya cierta edad, resulta un reto pensar en perspectiva sobre algunos de los avances tecnológicos que hoy consideramos completamente normales, parte intrínseca de nuestra vida cotidiana. Uno de los ejemplos más claros lo constituye el móvil, un aparato que se ha hecho un hueco en los bolsillos de miles de millones de personas en todo el mundo, que nunca salen de casa sin él.

[*D Cada día utilizamos nuestros móviles para usos más variados, que van desde consultar un mapa con su GPS, hasta leer el correo, pasando por intercambiar mensajes o comentar lo que hacemos en alguna red social. *]

Un reciente estudio llevado a cabo en Estados Unidos demuestra que la edad media a la que los niños obtienen su primer teléfono móvil ha descendido ya hasta los doce años. Según el nivel adquisitivo de las familias de estos niños, podemos llegar a penetraciones en el segmento de la clase media-alta superiores al 87%. Si echásemos la vista atrás, a muchos de nosotros nos costaría recordar cómo cuando teníamos doce años no sólo no teníamos teléfono móvil, sino que no existían perspectivas algunas de tenerlo. No sólo eso, sino que la visión de cualquier persona hablando aparentemente solo dentro de un coche, o mientras caminaba por la calle, nos habría llevado a pensar inmediatamente en el diagnóstico de algún tipo de enajenación mental.
El teléfono era un aparato unido a la pared por un cable, con dos piezas diferenciadas enlazadas por un cable en espiral, con un dial rotatorio (enséñeselo a un niño actual... a saber qué hacer con "eso", que para él una especie de reto) y cuyo uso, además, teníamos enormemente restringido.

La creciente penetración de la telefonía móvil en segmentos cada vez más jóvenes de la población tiene a las operadoras fascinadas. Suponiendo una expectativa media de vida de setenta y ocho años, y teniendo en cuenta que la duración media de un terminal es de dieciséis meses, cada uno de estos jóvenes habrá sido poseedor aproximadamente de unos cincuenta aparatos, cada uno con su correspondiente factura mensual en concepto de consumo. Si consideramos las previsiones de un descenso cada vez mayor en la edad de sus poseedores, y un ritmo de avance tecnológico cada día más vertiginoso, la cifra da vértigo a cualquiera.

[*D El término con el que nos referimos a estos aparatos es, cada día más, el de "móvil", no "teléfono móvil", y la gama de terminales que más crece son los smartphones, con sus múltiples funciones. *]

Pero el concepto esta cambiando todavía más: a estas alturas, el término con el que nos referimos a estos aparatos es, cada día más, el de móvil", a secas. Ya no "teléfono móvil", sino simplemente "móvil". La gama de terminales que más crece es la de los llamados "smartphones", aparatos en los que la capacidad de establecer comunicaciones de voz es simplemente una de sus múltiples funciones. Cada día utilizamos nuestros móviles para más cosas, para usos más variados, que van desde consultar un mapa con su GPS, hasta leer el correo, pasando por intercambiar mensajes escritos, o comentar lo que hacemos en alguna red social.

En los más jóvenes, esta transición es todavía más espectacular: a mi hija de quince años podría retirarle su tarifa de voz y posiblemente ni se enteraría. Pero si le retirase su tarifa de datos, sus gritos se iban a oír en los confines más lejanos del reino. Su teléfono pasa mucho más tiempo sujeto entre sus manos que cerca de su oreja.

[*D Entre los más jóvenes, esta transición es todavía más espectacular: su teléfono pasa mucho más tiempo sujeto entre sus manos que cerca de su oreja. *]

Mientras las personas de cierta edad siguen utilizando exclusivamente el móvil para hablar por teléfono y evocan nostálgicamente la época en la que una conversación, una cena agradable o la proyección de una película no se veían interrumpidas por la insoportable diversidad de tonos de los teléfonos de los asistentes, los jóvenes carecen completamente de nostalgia de algo que jamás vivieron (imaginarse un mundo sin móviles les evoca la época en la que los seres humanos vivían en cuevas y comían carne cruda), y utilizan cada día más sus móviles como lo que son: ordenadores en miniatura, con una capacidad de manejo de datos que eclipsa con mucho su uso como aparatos para transmitir la voz.

Saque su móvil del bolsillo, y mírelo fijamente. Si todavía piensa en él como en un aparato para transmitir voz, si no es capaz de imaginar qué extraños ritos mantienen a usuarios más jóvenes que usted con sus ojos pegados a la pantalla, y cómo eso puede afectar a su empresa, tenga cuidado: se está perdiendo algo.

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