Marruecos marca el futuro de las finanzas islámicas

Gonzalo Rodríguez y Fatima Z. Bensar. Saudi-Spanish Centre for Islamic Economics and Finance. IE Business School

28 Febrero 2017

Marruecos acaba de autorizar la creación de bancos islámicos en su territorio, primer paso para convertir al país en el hub de las finanzas islámicas en el norte de África.

Es bien sabido que el sol se pone por el oeste, pero lo que pocos saben es que a Marruecos se le conoce en árabe como Maghreb, esto es, tierra por la que se pone el sol, por ser el país más al oeste del mundo árabe.

Quizá este hecho explique por qué Marruecos ha sido el último país árabe-musulmán en autorizar la creación de bancos islámicos en su territorio. Con ello, el reino abre sus puertas a una industria que en los últimos cinco años ha crecido a un ritmo del 18%, hasta sobrepasar los 2 trillones de dólares, lo que representa alrededor del 1% de los activos financieros globales, y que promete alcanzar los 3,5 trillones en 2021, de acuerdo con el último informe de ICD-Thomson Reuters.

Tras un largo periodo de negociaciones, a principios de enero de este año, el Banco Central de Marruecos aprobaba la creación de 5 bancos islámicos y permitía que 3 filiales de bancos franceses (Société générale, BNP Paribas y Crédit agricole) ofrecieran productos financieros islámicos.

Los cinco bancos autorizados, formados por alianzas entre bancos marroquíes y del Golfo Pérsico, son:

1.      Credit Immobilier et Hotelier (CIH), asociado con el Qatar International Islamic Bank.
2.      Banque Marocaine du Commerce Extérieur (BMCE), junto al grupo Al Baraka Banking Group de Bahréin.
3.      Banque Centrale Populaire (BCP) en colaboración con el grupo saudí Guidance Financial Group.
4.      Crédit agricole du Maroc (CAM), en conjunto con el Islamic Corporation for the Development of the Private Sector (ICD), una filial del Banco Islámico de Desarrollo con sede en Yeda, Arabia Saudí.
5.      Attijariwafa Bank, de momento en solitario, aunque ya ha iniciado conversaciones con posibles socios.

En la industria de las finanzas islámicas, existe un constante debate en torno al uso del término “islámico” para distinguir a los productos financieros que respetan los principios de la ley islámica. En el caso de Marruecos, se ha optado por designar a los bancos islámicos como “bancos participativos”, probablemente con el fin de desvincular el calificativo “islámico” de movimientos islamistas internos.

En cualquier caso, la designación como banca participativa es coherente con los principios que emanan de la ley islámica, de cuya interpretación se extrae que los bancos deben participar tanto en los riesgos como en los beneficios de los proyectos y operaciones que financian, y en la que se prohíbe de forma tajante la obtención de ingresos por medio del cobro de intereses. El mecanismo de financiación de proyectos va muy en línea con el del project finance tradicional.

Podría llegar a pensarse que un país de mayoría musulmana como Marruecos, decidido a abrir sus puertas a la industria financiera islámica, no toparía con grandes dificultades en su intento. Nada más lejos de la realidad. El proceso de introducción ha sido largo y, cuanto menos, complejo en sus pasos, dadas las reformas en el marco regulatorio y fiscal que implica su adaptación a la oferta de productos financieros islámicos.

El primer gran avance se corresponde con la aprobación, en 2014, del proyecto de ley que proponía la introducción en Marruecos de bancos participativos y otros productos financieros islámicos, en concreto, de takaful y sukuk, una suerte de seguros y bonos sharia compliant respectivamente.

El segundo avance tuvo lugar en 2015, al constituirse el órgano supervisor del nuevo segmento de finanzas participativas, cuyos miembros están representados en su mayoría por eruditos expertos en ley islámica, conocidos en la industria como sharia scholars,  y profesionales del sector financiero.

Tras la autorización final en 2017, y de acuerdo con el estudio de IRTI-Reuters Morocco Islamic Finance Country Report, se estima que el sistema de banca participativa puede llegar a representar en 2018 entre el 3% y el 5% del sistema financiero marroquí, así como atraer importantes inversiones provenientes de la región del Golfo y del sudeste asiático por valor de, al menos, 7 billones de dólares.

Tras este paso relevante en el segmento de banca islámica, Marruecos ya planea su incursión en el mercado de deuda islámica a lo largo del primer semestre de 2017 a través de la emisión de sukuk o bonos islámicos.

En definitiva, Marruecos pretende con estos movimientos convertirse a medio plazo en el hub de las finanzas islámicas en el norte de África.

En nuestra opinión, este hecho representa, sin duda, un interesante experimento a seguir de cerca, con posibles efectos beneficiosos para España, principalmente en lo que respecta a una posible canalización de inversiones. Por otro lado, habrá que comprobar si los bancos islámicos son capaces de entender y atender las necesidades de una población marroquí que, aunque se muestre interesada, su índice de bancarización no supera el 65%.

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