Mi Verdadero Diario (Mon vrai journal)

Joshua Jampol

21 Marzo 2003

En un tiempo casi récord, el francés Jean-Marie Messier construyó un imperio de medios de comunicación y ocio que rivalizaría con las principales empresas globales norteamericanas. Pero con la misma velocidad Vivendi-Universal se hundió, abrumada por las deudas, y Messier tuvo que dejar el puesto de presidente ejecutivo. Sus memorias de este periodo, recientemente publicadas en Francia, cuentan su versión de la historia.

No hay nada excesivamente revelador en el libro sobre los acontecimientos internos de la compañía y el juego de poderes que se creó. Si bien es cierto que, Jean-Marie Messier describe el golpe de mano del Consejo y ofrece su opinión sobre quienes actuaron en su contra (Edward Bronfman Jr. de Seagram y sus abogados), también responsabiliza a los “mercados irracionales” de la situación y admite alguno de sus errores. Pero, al analizar el libro, no debemos olvidar que Messier posee una mente excepcional para los negocios, visión estratégica y amplios conocimientos económicos. Es, desde esta perspectiva, que el libro se queda corto.

Se ofrecen detalles de la fusión entre la antigua compañía de aguas francesa, La Générale des Eaux, y Universal, pasando por el periodo en el que Messier dirigió el conglomerado que había creado, Vivendi Universal, hasta llegar al amargo final. El libro relata cómo lo que él llama “una extraordinaria aventura industrial – quizás una de las mejores del capitalismo francés”, pasó de estar en la cima a caer en un profundo agujero en tan sólo seis años.

En el año 2001 Vivendi Universal era el único gran grupo de comunicación mundial que no había emitido un profit warning (advertencia sobre beneficios). Con unas ventas de 7.000 millones de € y con una deuda prácticamente inexistente, Messier explica su caída por “una rápida serie de acontecimientos,” que culminaron con su cese el pasado mes de julio. Entre estos acontecimientos se citan los ataques del 11 de septiembre y los escándalos financieros protagonizados por grandes empresas, Enron, Andersen y otros, que extendieron el pánico en los mercados internacionales. Sin embargo, lo cierto es que antes de esto, en el verano de 2001, Vivendi Universal necesitaba urgentemente una inyección de capital de 2.000 millones de €, provocada por la voraz política de compras (USA Networks, Telepiu de Italia y otras) de Messier. Como resultado de todo ello, en octubre el valor de las acciones de Vivendi había pasado de 83 $ a 13 $. Miles de empleados – encabezados por el propio Messier – invirtieron en la compañía y perdieron sus ahorros.

No faltan tampoco en el libro los desmentidos a todos los rumores que circularon entonces: supuestos préstamos de Vivendi Universal, sin intereses, para que comprara su propia cartera de valores; hipotéticas alianzas con fondos de alto riesgo (hedge funds), que habrían especulado con esa cartera para su beneficio personal; conjeturas sobre la posesión de un Airbus privado y cuentas bancarias ocultas en el extranjero. Todo ello es calificado por Messier como “vergonzante” y “falso.”
[*D § Messier es una persona con una rápida capacidad de aprendizaje y cierta visión de futuro. Pero, nunca antes había dirigido un equipo *]
Admite, sin embargo, que cometió algunos errores, entre los que incluye el retraso en la venta de la filial de medioambiente. Otra de sus equivocaciones, según sus palabras, fue subestimar las diferencias entre la cultura empresarial norteamericana y la francesa, lo que ocasionó no pocos problemas.

Messier, que tiene ahora 45 años, es una persona con una rápida capacidad de aprendizaje y cierta visión de futuro. Pero lo cierto es que nunca antes había dirigido un equipo. Su experiencia profesional se circunscribía al ámbito de la consultoría. “Tuvo que emplear la mayor parte de su tiempo en asuntos internos. No tenía realmente un director de operaciones,” recuerda un ex-empleado.

El libro, falto de brillantez, retrata un Messier ambicioso a la vez que ingenuo, un francés que quería crear una compañía que pudiera competir con los gigantes del ocio norteamericanos.

Obviamente, Messier estaba obsesionado con ser una estrella. “Hollywood. Nueve letras mágicas; nueve letras que definen un sueño: cine, actores, actrices, sol, multimillonarios, la jetset – y fantasía.” El libro está salpicado de relatos de encuentros con Robert Redford (“Mantuvimos algunas conversaciones apasionantes…nuestra propia pequeña cumbre mundial”), charlas con Steven Spielberg, anécdotas de japoneses con ojos como platos que compran estudios de cine, despiadados abogados y agentes de Hollywood que sueldos desorbitados...Pero Messier también habla con admiración del “milagro de las reuniones por primera vez” y del “nacimiento de unas relaciones directas y confidenciales” con Jeffrey Immelt, el sucesor de Jack Welch en la todo poderosa General Electric.

A pesar de codearse con los grandes de la industria norteamericana, Messier suscitó las críticas de sus compatriotas al desprenderse de la empresa madre gala, la parte histórica de la compañía, La Générale des Eaux. “Messier es excesivamente americano. Ya no entiende a Francia,” afirmaba en esa época el Ministro de Economía Laurent Fabius.

Un antiguo directivo, que dejó la empresa justo después de la fusión entre Vivendi y Universal, porque “no creía en ello,” recuerda que los empleados de París compararon sus salarios con los de sus colegas norteamericanos y descubrieron que la relación era exactamente de 2 a 1. “Realmente perdió la cabeza,” afirma este ex-ejecutivo. “Nadie le podía decir que no. Era como vivir en la corte de Versalles al servicio del Rey. Messier aprendía rápidamente, pero llegó un punto donde ya no aprendía por la sencilla razón de que no escuchaba a nadie. Se apartó de la realidad.”

Las deudas, y no los fraudes, protesta Messier, contribuyeron a su caída. “Vivendi Universal no era una Enron francesa.” La Security and Exchange Commission de los EE.UU. (SEC) y su equivalente francesa, la Commission des Operations de Bourse (COB), están investigando este asunto.

Mientras tanto, su sucesor está desmantelando su imperio. La historia de Vivendi Universal es un ejemplo más de la Ley de la Gravedad aplicada al mundo de la empresa: todo lo que sube tiene que bajar. Un cuento aleccionador – el enésimo – contra la megalomanía. Pero en el estilo hollywoodense que adora el autor, el caso de Messier podría ser la moraleja de una fábula de Jean de La Fontaine: había una vez una rana que quería ser tan grande como un toro, por lo que se infló y se infló hasta que explotó.

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