Mobbing, el destructor silencioso

Victoria Gimeno. Directora Relaciones Institucionales. IE University

22 Febrero 2017

El acoso laboral o mobbing tiene efectos destructivos tanto en la salud física como mental de las personas, cuyas consecuencias duran años. En definitiva, es una forma de maltrato.

Muchas veces repito que bajar la autoestima de cualquier persona es un delito por el que se debería ir a la cárcel, ya que las secuelas que deja este hecho -en definitiva, un maltrato- son muy difíciles de superar.

Esto me lleva a recordar algunos procesos de coaching que he tenido.

Pepe, en nuestra primera sesión, me describió el mobbing que había padecido 10 años antes, y aunque en el momento en el que le conocí se sentía feliz con su trabajo, aún no había ni olvidado ni perdonado a aquellos dos jefes que le sometieron a un terrorífico acoso laboral. Al pedirle que me contase sus experiencias laborales, el solo hecho de tener que recordar a esos superiores le generaba tristeza y desolación, incluso físicamente notaba un ahogo por la ansiedad que le producía pensar en ello otra vez.

Había pasado una década, pero toda su experiencia posterior le hacía huir de cualquier situación laboral que se le asemejase: empresas que se dedicasen a lo mismo, personas que hiciesen cualquier gesto similar o que reaccionasen de una manera parecida... Todo ello, por su puesto, esto ejercía una influencia en su trabajo y en su vida diez años después.

El acoso laboral o mobbing, aunque se manifiesta de diversas formas, tiene efectos destructivos en la seguridad y confianza de las personas, en su salud física y mental, con el agravante de que este daño se hace de manera sutil, por lo que es muy difícil de demostrar.

A Pepe,  por ejemplo,  le descalificaban continuamente ante terceros, especialmente frente a clientes, no le dejaban ir a ninguna reunión y le aislaban del resto de las personas. Por supuesto, no le informaban de temas que llevaban y luego le pedían cuenta de ellos.

Luis, se sinceró en otra sesión, contándome como su jefe invitaba a su compañero al palco del Real Madrid, aún a sabiendas de que él era un gran aficionado al fútbol también. Este menoscabo se complementaba con reuniones continuas con su compañero sin contar para nada con él.

También recuerdo a otro coachee, a quién su jefe le mandaba tareas sin darle ninguna guía ni orientación, exigiéndole que se buscase la vida, y una vez las ejecutaba, todas le parecían mal hechas a su jefe, quien además de darle un rapapolvo, le humillaba con una mirada de desdén, indicándole que era un inútil.

También he conocido a Roberto, a quien cada día le quitaban trabajo, lo que le llevaba a pensar, como en los casos anteriores, que era incapaz. Cuando logró cambiar de trabajo, a pesar de ser una tarea mucho más fácil de realizar para él, que en el pasado había ejecutado cosas mucho más difíciles, creía que no podría hacerlo.

Por último, quiero destacar a Manuela, a quien le mandaban hacer presentaciones con 35 minutos de adelanto, o le encomendaban tareas imposibles, y al no poder llevarlas a cabo, se difundía el rumor de que era un desastre y no valía para nada.

En todos estos casos se producía un acoso sistemático, mantenido en el tiempo, frente al resto de la gente de la oficina, sin que nadie reaccionase. Como no todos somos iguales, algunos de estos casos de mobbing acabaron en un psiquiatra por depresión. Otros salieron adelante, cambiando las creencias sobre sí mismos y mejorando su autoestima. Todos cambiaron de trabajo. Pero muchos, desgraciadamente, no han perdonado y siguen siendo víctimas de sus verdugos.

 

Publicado en el blog de AVA

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