Nuevas leyes para los inversores franceses

Joshua Jampol. Periodista

22 Abril 2003

La nueva legislación sobre inversiones que está siendo objeto de estudio en Francia cambiaría la situación de las inversiones directas de capital en las pequeñas y medianas empresas, facilitándolas y otorgándoles incentivos fiscales. Es esta una medida a todas luces necesaria dado el parón que sufre la inversión privada en el país galo.

Si se aprueba la ley Dutreil, que está siendo debatida actualmente en el Parlamento francés, se incrementarán las ventajas para aquellos inversores interesados en empresas que no cotizan en el mercado de valores. En la actualidad, una cuarta parte del dinero invertido en pequeñas y medianas empresas es deducible de impuestos, con un máximo de 12.000 € para inversores individuales y de 24.000 € para inversiones conjuntas matrimoniales. Si a esta ley, que lleva el nombre de Renaud Dutreil, Secretario de Estado para la Pequeña y Mediana Empresa, se le da luz verde, estas cifras aumentarán hasta 20.000 € y 40.000 €, respectivamente.

La medida es valorada positivamente por los inversores individuales, ya que, proporcionará beneficios fiscales al tiempo que supone un incentivo para la creación de empleo. Funcionará de forma similar a como lo hacen las actuales Soficas francesas, o cuentas fiscales, como la que subvenciona la industria cinematográfica del país galo. Hasta ahora, invertir en Francia en pequeñas y medianas empresas había sido considerado como una “difícil profesión”.

La nación cuenta sólo con entre 3.000 y 5.000 business angels, o inversores privados, cuya inversión media no supera los 45.000 €. Un panorama modesto, si se compara con los más de 50.000 business angels que operan en el Reino Unido y que invierten el doble, o con el medio millón de los EEUU, que colocan un promedio de 100.000 $ (93,000 €).

¿Profesión difícil o juego peligroso? France Angels, la asociación francesa de fomento de la inversión privada, celebra sesiones informativas de dos días con el propósito de difundir datos sobre inversiones y animar a más personas a asumir el rol de inversor. Esta escuela itinerante inició el pasado año un periplo informativo que la llevó a cinco ciudades francesas, para este año esta previsto visitar otras veinte. Los antecedentes establecidos por la burbuja tecnológica no han abonado precisamente el campo para desatar un entusiasmo inversor entre particulares. Es posible que sea necesaria la intervención del Gobierno francés, el cual ya ha manifestado que ofrecerá ayuda financiera a las empresas que contribuyan a educar a la ciudadanía sobre este tema.

Los business angels no fueron en Francia figuras importantes para la creación de empresas hasta el delirio de las ‘puntocom’. Según datos de un estudio, en ese momento los inversores particulares participaban, junto a grupos de inversión profesionales, en el quince por ciento de las creaciones de nuevas empresas, dónde manejaban sólo el tres por ciento del capital. Con la llegada de 2002, su crecimiento fue considerablemente menor. Si en el 2000 fueron más de veinte las nuevas empresas tecnológicas que contaron con el apoyo de los business angels esta cifra cayó a diez en el 2001 y a cuatro el año pasado. En lo que va de año todavía no hay ninguna iniciativa de este tipo. En Francia, como en casi todas partes, la confianza del inversor es todavía frágil. Son muchos los que apuestan a que las cosas van a seguir así.

[*D Europa de los inversores *]

En Europa, la inversión en negocios de riesgo vivió su periodo de expansión entre 1995 y 2000. El inicio de la crisis bursátil en 2000 fue testigo de la división de la “Europa de los inversores”. Ello dio lugar en 2001 a una Eurolandia más unificada y atenta a la seguridad, tendencia que se agudizó en 2002. En la actualidad, con el índice FTSE un cincuenta por ciento por debajo de su máximo histórico de hace ocho años, este sentimiento está aún más extendido.

Ante esta situación, incluso en las financieramente conservadoras tierras galas, los poderes están empezando a caer en la cuenta de que las leyes fiscales deberían fomentar, y no inhibir, la inversión. Acaso el nuevo código Dutreil genere un cambio de actitud, infunda nueva vida a las viejas formas de inversión, y aliente algunas nuevas.

Cierto es que puede adivinarse algún cambio en este sentido. Numerosos inversores franceses han venido mostrando interés por lo que se denomina “love money”, invirtiendo en proyectos familiares o de amigos cercanos, aún cuando los recientes vaivenes bursátiles en todo el mundo hayan dado más riesgo a esta opción. El retorno de la inversión, incluso en los modelos del “love money”, es hoy en día algo incierto. Si consideramos las respuestas dadas por los inversores a la pregunta de si pensaban que iban a apreciarse sus posiciones a corto plazo, sólo un veintisiete por ciento contestaba afirmativamente.

Nuevos sectores atraen el apoyo de los inversores. Los promotores individuales están colocando dinero en un Fondo Común para la Innovación, de ayuda a la investigación. Tales fondos ofrecen incentivos atractivos. Otros han optado por invertir en proyectos de desarrollo local, como los especializados en medicina natural o agricultura biológica, que cuentan con la gratificación adicional de la responsabilidad social.

Una segunda ley para la innovación, propuesta por el Ministerio francés para la Investigación conjuntamente con el Ministerio de Industria, debería llegar al Parlamento en el mes de abril. Esta ley permitirá la creación de empresas unipersonales de capital-riesgo. En la actualidad, estas empresas deben tener al menos tres accionistas, sin que ninguno supere el treinta por ciento del capital.

Son muchos los que opinan que esta ley viene a satisfacer una necesidad real, especialmente para aquellas personas que han vendido sus negocios y creado un holding inversor ofreciendo además empleo. Estas personas no se benefician actualmente de ningún incentivo en la legislación fiscal.

Los expertos predicen que va a ser necesario un desembolso de, al menos, 40.000 € de capital, lo que indica que el nuevo proyecto de ley no va a abrir la creación de empresas de capital-riesgo a todos los interesados. La ley debería, no obstante, otorgar un estatus especial a las empresas implicadas en la innovación, y brindarles exenciones fiscales.

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