Otra vez el Ártico

Juan Carlos Martínez Lázaro. Profesor. IE Business School

11 Diciembre 2012

La posibilidad de un cercano deshielo del Ártico, que nuevos estudios sitúa en tres o cuatro veranos, tiene importantes consecuencias económicas y políticas.

Las declaraciones  del  profesor de la Universidad de Cambridge, Peter Wadhams,  a un diario británico anunciando que el Ártico podría deshelarse completamente  dentro de tres o cuatro veranos han vuelto a poner sobre la mesa la delicada situación en que se encuentra esa región del planeta. Wadhams atribuye la aceleración del proceso de deshielo, que anteriores estudios  se situaba hacia 2030, a los estragos que está provocando  el calentamiento global, cuyos efectos ya se están dejando notar con dureza. Así, ei en el verano de 2007 la superficie helada ascendía a 4,7 millones de kilómetros cuadrados, este verano se ha alcanzado un mínimo histórico de 3,5 millones.

En este mismo sentido, el Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo de Estados Unidos avisó que, a finales del pasado mes de agosto, la superficie helada en el Ártico había superado el mínimo histórico alcanzado en septiembre de 2007. Por tanto, parece que, tras el proceso de deshielo del Ártico, no hay factores naturales de oscilación climática, sino  la emisión de gases productores del efecto invernadero.  

Independientemente de las graves  implicaciones medioambientales de este proceso, me interesa centrarme en sus derivaciones económicas. Por un lado, el deshielo veraniego abre la posibilidad de nuevas rutas marítimas para enlazar el norte de Europa con el sudeste asiático, y éste, con la costa atlántica americana, sin tener que atravesar los canales de Suez y Panamá, respectivamente, con el consiguiente ahorro en tiempo y dinero.
 

En este sentido, el presidente ruso, Vladimir Puttin, promulgó recientemente una ley para regular la navegación por la ruta marítima que enlaza el Océano Atlántico con el Pacífico por la costa rusa, conocida como del norte o paso del noreste, que prevé la creación de un órgano administrativo que se encargue de gestionar la navegación y que fomente la construcción de infraestructuras que aseguren la viabilidad comercial de la misma.

También, ya ha sido posible navegar en verano desde el Pacífico hasta el Atlántico atravesando la costa canadiense por la otra ruta, la del noroeste, sin tener que usar barcos rompehielos. Por tanto, si el proceso de deshielo continúa al vertiginoso ritmo de los últimos años, pronto asistiremos a una  auténtica revolución en el tráfico mundial de mercancías. Los Canales de Suez y de Panamá – este último en pleno proceso de ampliación -, probablemente perderían parte de su actual importancia económica y estratégica, al igual que también podrían perder mucho del sentido que ahora tienen, los corredores ferroviarios proyectados en Centroamérica, como alternativa al Canal panameño.

Pero aún serán mayores las consecuencias económicas del deshielo en el ámbito energético. Según  el Servicio Geológico de Estados Unidos, el Ártico  podría albergar el 13% y 30% de las reservas sin descubrir de petróleo y gas estimadas en el mundo, respectivamente. Esto supone un importante atractivo para la  industria petrolera, ávida de encontrar nuevos yacimientos. La reducción de la superficie helada y los avances tecnológicos están empezando a permitir  el viejo sueño de explotar comercialmente las riquezas naturales de ese vasto territorio. Algo que será posible en un futuro cercano, siempre que la cotización de los hidrocarburos se mantenga en los niveles a los que no tiene acostumbrados últimamente. En este campo, también los rusos parecen llevar la iniciativa, aunque noruegos, canadienses y norteamericanos no piensan quedarse a la zaga.

Desde mediados  de la década de los ochenta del pasado siglo, las cuestiones medioambientales comenzaron a tomar importancia. El descubrimiento del agujero en la capa de ozono, el accidente  nuclear de Chernobyl o vertidos como el provocado  por el Exxon Valdez en Alaska, empezaron a sensibilizar a gobiernos y sociedades de la importancia de proteger el medioambiente. Después, le llegó el turno al cambio climático, provocado por la creciente emisión a la atmósfera de gases productores del efecto invernadero. Y se intentaron tomar medidas al respecto, plasmadas  en el Protocolo de Kyoto. Pero llegó la crisis. Y con ella, las emisiones, el efecto invernadero y la lucha contra el cambio climático pasaron a un segundo plano, donde todavía siguen. Aunque, a veces, noticias como la constatación de la reducción de la superficie helada en el Ártico nos recuerdan que el problema sigue ahí y que, más pronto que tarde, deberemos volver a afrontarlo.

 

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