Pólizas en el ciberespacio

Julián de Cabo. Profesor. Instituto de Empresa

5 Septiembre 2006

A menudo, se culpa del retraso del comercio electrónico a la falta de certificados digitales. Pero también hay un motivo emocional, fruto de los hábitos sociales.

¿Entregó usted a sus clientes una fotocopia compulsada de su DNI en su última reunión?, ¿añadió una copia de la escritura de constitución de la entidad para la que trabaja?, ¿o se limitó a dejarles una tarjeta de visita? Pues si luego no le compran, no se queje, que la culpa será suya, amigo. Sin un mínimo de seguridad jurídica, nadie va a confiar en usted.

¿O sí?

Puede que las preguntas del primer párrafo sean un poco extremas, pero con ellas intentaba poner en situación a los amables lectores para comentar el problema de la seguridad en la red, que a nuestro juicio no es tan diferente del problema de la seguridad en la vida misma.

A menudo, aceptamos sin más que el retraso en el comercio electrónico o en la simple adopción de Internet están vinculados a una falta de seguridad, que proviene de la inexistencia de certificados digitales o cualesquiera otros instrumentos oficiales que certifiquen la identidad de quienes intervienen en ella.

[*D La seguridad, lejos de resultar un asunto objetivo, es un concepto relacionado con el mundo de las percepciones *]

Pero igual de a menudo, olvidamos que la seguridad, entre otras cosas, lejos de resultar un asunto objetivo, es un concepto relacionado con el mundo de las percepciones. No es tanto que las cosas sean seguras o no lo sean en sí mismas, sino que las percibamos como tal. Que confiemos en ellas. Que no nos planteen problemas.

Por sacar el siguiente ejemplo del ámbito de la red, les diría que puede que a mí, que soy motorista desde hace años, el conocimiento del equipamiento de mi moto sea parte de lo que me hace sentirla como un vehículo seguro. Pero eso no impedirá que mi suegra no se sienta cómoda yendo conmigo de paquete a dar un paseo, o mucho menos a hacer un viaje. Y la moto es la misma. Cambia solamente el modo en que ambos la percibimos.

[*D Mientras aquí esperamos el DNI electrónico, en otros países aceptan sistemas privados de calificación, como el de Ebay *]

Siguiendo con el ejemplo, la siguiente pregunta sería: ¿cómo creen ustedes que mi suegra se sentiría más proclive a disfrutar de ese paseo que comentamos?, ¿si le digo que llevo ABS o si su mejor amiga le cuenta que ayer por la tarde le di un paseo y lo disfrutó mucho?

En el fondo, algo muy parecido a esto está sucediendo con la percepción de la seguridad en Internet. Mientras que en países como el nuestro fiamos el desarrollo de la red a que el Estado reaccione y saque el dichoso DNI digital, en otros se aceptan con paz mental sistemas privados de calificación de usuarios, como el de Ebay, sin ir más lejos. Y el resultado es que los compradores americanos son capaces de mandar muchos miles de dólares a cuentas que desconocen, sólo porque el dueño de la misma tiene una calificación que es fruto de la percepción de otros usuarios. Piensan que un tipo que lleva cinco años usando el sistema con un 100% de reputación no se va a arriesgar a perderla por una sola operación aislada. Y les da igual no saber siquiera el nombre real de la persona a la que transfieren su dinero.

Pero claro, hablamos de unos usuarios que en su vida real aceptan talones al portador sin desconfianzas de ningún tipo, y convencidos de que los van a cobrar.

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