Para ser feliz hay que tener mala memoria

Victoria Gimeno. Directora Relaciones Institucionales. IE University

21 Diciembre 2016

Muchas veces, el futuro vuelve a ponernos frente a las mismas personas del pasado. Por eso, es bueno tener mala memoria, para no dejar que lo ocurrido en el pasado condicione el futuro.

Hoy me he acordado mucho de un querido amigo que, una vez, me aconsejó tener mala memoria. Estaba yo muy enfadada y triste por una mala jugada y pensaba que no lo olvidaría en la vida. Afortunadamente, ya no me acuerdo ni de qué pasó, por lo que no lo puedo describir, pero sí recuerdo las emociones que me embargaron: tristeza, rabia, ira, soledad…, es decir, ninguna positiva.

En ese momento, su consejo, aunque sonaba muy bien, no alcanzaba a compensar mi desazón. Con el tiempo, me he dado cuenta de que era un buen consejo.

Si nos lamemos nuestras heridas una y otra vez, las hacemos más profundas y no dejamos que cicatricen. Ese camino nos conduce a la obsesión, a sentir una y otra vez el mismo dolor. Además, en el mundo profesional, en muchísimas ocasiones nos volvemos a encontrar con las personas que formaron parte de nuestro pasado, y el futuro nos vuelve a colocar frente a los que ya estuvimos.

Si en un momento tuvimos una mala experiencia con alguien, y vuelve a aparecer otra vez en nuestra vida profesional, si recordamos nuestra relación pasada, vamos a poner etiquetas, a juzgarle, para bien o para mal, y de esta forma partiremos de una relación contaminada.

Ya sé que cuesta mucho olvidar un agravio, es más, éste es a veces es de tal calibre que hasta nos parece que no nos lo podemos ni plantear. Mi consejo de coach es que debemos abrir nuestra mirada, comprender por qué actuaron así, cómo lo hicieron, qué les movió... Esto tiene mucho que ver con la empatía.

Pero, si no encontramos explicación poniéndonos en sus zapatos, tratemos de darles una nueva oportunidad, en definitiva eso es lo que nos gustaría que hicieran con nosotros cuando metemos la pata.

Y, si aun así no somos capaces de olvidar, pongamos el agravio en su justa medida, relativicémoslo. Yo a veces me digo a mi misma: “que todos los problemas sean estos”.

Y si nada nos sirve como analgésico, perdonemos, liberémonos de las cadenas. El resentimiento solo es una cárcel.

 

Publicado en el Blog de AVA

 

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