Paternalismo, la lacra de la productividad española

<a href="http://www.ie.edu/esp/sobreie/sobreie_expertos_detalle.asp?id_exp=314">Cristina Simón</a>. Profesora. IE Business School

27 Septiembre 2007

La baja productividad es el Talón de Aquiles de la economía española, fruto de una mentalidad paternalista, reacia a conceder autonomía a los trabajadores.

El debate sobre la competitividad, o mejor dicho, sobre la falta de productividad de nuestro país, está sobre la mesa. Prácticamente cada día, durante los últimos meses, hemos recibido algún tipo de mensaje de este estilo desde los diferentes medios de comunicación. No somos competitivos, ni siquiera suficientemente productivos. Por si fuera poco, parece que también somos uno de los países que más horas trabaja, si medimos este concepto como permanencia en el centro laboral.

Esta evidencia parece ser el punto de partida de un futuro poco halagüeño en términos de prosperidad y posibilidades laborales para los trabajadores. Reconociendo de antemano la gravedad de la situación, y siendo conscientes de sus implicaciones de futuro, creo, sin embargo, que sería interesante analizarla desde otro punto de vista e introducir nuevos parámetros en el debate.

[*D España parece ser una sociedad complaciente, cuya percepción de felicidad y bienestar está al nivel de economías más avanzadas *]

En primer lugar, el mensaje “no somos competitivos” suena, a oídos del trabajador, como una acusación de responsabilidad directa. En este caso, la pregunta es: ¿qué relación existe entre el día a día de los trabajadores y el estado de competitividad y productividad de un país? Lo cierto es que el discurso económico transcurre en paralelo con nuestra vida cotidiana, pero la distancia que separa ambas realidades puede llegar a ser muy grande. Lo que el ciudadano termina sufriendo es la repercusión de la situación económica en su vida diaria, porque el augurio suele tener corolario: como el país no es competitivo y hay que incrementar la productividad, las empresas se ven forzadas a medidas cada vez más radicales, dirigidas a reducir su principal partida de costes, la masa salarial.

Obviamente, todo esto es una gran simplificación, pero nos permite abstraer un conjunto de aspectos fundamentales que parecen faltar en este necesario análisis sobre la competitividad española.

[*D Las sociedades más competitivas poseen un mayor sentido de la disciplina personal y de la autonomía, frente al paternalismo español. *]

El plano macroeconómico es, como su propio nombre indica, macro, es decir, utiliza parámetros que se encuentran muy lejanos del ámbito de influencia diaria de los ciudadanos. En el reciente estudio “Competitividad y Modelos de Relación Laboral en el siglo XXI: una comparativa europea”, realizado en el Instituto de Empresa bajo el patrocinio de Adecco, hemos intentado acercar ambos mundos, y las conclusiones han sido en algunos casos sorprendentes.

Trabajando con una base de 40.000 personas de 20 países europeos, hemos analizado qué distingue a las personas de los países más competitivos (como Suecia, Finlandia o Irlanda) de los menos productivos (España, Hungría o Portugal), en lo que respecta a sus valores personales o sus actitudes hacia el trabajo. Con ello queríamos explorar la veracidad de algunos tópicos sobre nuestra falta de productividad, como por ejemplo: ¿nos gusta menos trabajar?, ¿se vive tan bien en España que no tenemos estímulo para mejorar?, ¿nuestra escala de valores es un impedimento para ser más competitivos?

Los datos comparativos con otros países revelan que algo de verdad hay en estas frases, en el sentido de que España parece ser una sociedad complaciente en lo que respecta a la valoración de su entorno económico y público. La percepción de felicidad y bienestar personales está, en nuestro caso, a la altura de países que disfrutan de un mayor desarrollo económico y social. Este hecho, que por una parte representa una buena noticia (¿quién no quiere vivir en un entorno más feliz?), tiene su contrapartida en la falta de motivación hacia el cambio, competencia cada vez más crítica en el metamorfósico mundo actual.

[*D La clave de la productividad puede radicar en encontrar el equilibrio entre la autonomía y la exigencia de profesionalidad *]

Al centrarnos en el mundo de la empresa y en cómo la vivimos los trabajadores, percibimos una fuerte relación entre el nivel de competitividad de los países y algunos rasgos de gestión de sus organizaciones. Entre otros, destaca la flexibilidad para planificar las horas de trabajo o dotar de una mayor autonomía al trabajador en las decisiones sobre su actividad diaria. El empleado de una sociedad que apoya la competitividad se siente más independiente, con más cancha por parte de la empresa para organizarse y gestionar los temas que recaen dentro de su ámbito de influencia. De alguna manera, podríamos afirmar que las empresas gestionan la productividad desde un entorno de mayor emancipación de sus profesionales.

Seguramente, el término emancipación ponga los pelos de punta (más incluso que el de empresa flexible) a muchos gestores de personas, conscientes del riesgo que supone ampliar los márgenes de decisión y autonomía, especialmente en determinados colectivos (recientemente comentaba con razón un colega que, al menos en su sector, la frontera entre la flexibilidad y el absentismo no está nada clara). Y en este sentido, también hemos encontrado que las sociedades más competitivas poseen un mayor sentido de la disciplina personal y de la autonomía, frente a otro tipo de valores como el hedonismo o el cumplimiento de la norma, más propios de nuestro país. Por otra parte, obviamente, los entornos paternalistas terminan reforzando, cuando no generando, conductas dependientes y poco comprometidas. Por tanto, ¿cuál es la causa y el efecto?

La solución puede estar en el balance conceder autonomía-exigir profesionalidad. Para ello, es necesario el diseño cuidadoso de políticas de recursos humanos que evalúen el rendimiento con rigor y parámetros de negocio, lejos del paternalismo de permanencia que ha caracterizado a la empresa española durante largo tiempo.

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