Paul Fussell: una apreciación

Rolf Strom Olsen

18 Septiembre 2012

Paul Fussell fue un profesor excepcional, de gran capacidad, apasionado, exigente, a quien sus alumnos siempre recordarán por el conocimiento y sabiduría con que impartió en sus clases.

A Paul Fussell, que ha fallecido recientemente, a los 88 años, se le está recordando por su obra rompedora, La Gran Guerra y la Memoria Moderna, su simpático y a veces algo tacaño espíritu, su enfrentamiento con la cultura americana, su potente voz al ridiculizar el romanticismo de la guerra y la antipatía por su exmujer, descubierta en su turbia autobiografía.

Pero lo que falta en los muchos obituarios que se han publicado es alguna apreciación sobre lo buen profesor que era.

Era muy bueno. Para mí, Paul Fussell siempre será el profesor inspirador y algo aterrador que me dio clases en primero de carrera en la Universidad de Pennsylvania. Es cierto que con sus agudos dejes anglófilos siempre en ristre (hasta la chaqueta de tweed con coderas falsas) hubiera sido fácil burlarse, pero es el testamento de su capacidad y su pasión por lo que puedo recordar gráficamente las charlas de sus clases; y esto a pesar de hallar bastante seca la mayor parte de lo que leíamos y estudiábamos (literatura inglesa de finales del s. XVIII).

No es fácil darle vida a un largo y tedioso poema como las Rasselas de Johnson. Pero si alguien iba a asumir el reto, ése era Fussell. No voy a decir que saliera victorioso -es un poema muy monótono, a fin de cuentas- pero es cierto que cada vez que pienso en Johnson, sigo oyendo las clases de Fussell, graciosas y perspicaces.

Más tarde, cuando yo entraba en mi propia clase, llevaba conmigo (de forma consciente o inconsciente) mucho de lo que observé en las de Fussell. Parte de eso es el conocimiento que adquirí en su asignatura. Las charlas de Fussell sobre Edward Gibbon, por ejemplo, eran excepcionales y cuando hablo con mis estudiantes sobre Gibbon de forma automática hago referencia a sus puntos de vista.

Pero todavía hay más, porque el Profesor Fussell se preocupaba mucho por la enseñanza universitaria y lo demostraba por las concienzudas correcciones de nuestros trabajos escritos. Cada tarea volvía con unas copiosas, y normalmente altas, críticas notas al margen junto con una hoja cuidadosamente mecanografiada de comentarios para nosotros (usando una máquina de escribir antigua, claro).

Y era diabólico al poner notas. Sacar un sobresaliente en la asignatura de Fussell era todo un logro. No puedo estar a la altura de sus altos estándares de enseñanza; pero de aquella experiencia absorbí el duradero y fundamental valor de una nota bien merecida. 

Hice pellas de alguna de las clases en aquel trimestre como novato (¿Qué gato se niega a pescar?), pero asistía religiosamente a clases de Fussell (bueno, casi). Por tanto, hasta siempre Profesor Fussell.  Por medio de mí y, sin duda, por medio de muchos otros estudiantes a los que enseñó en tu larga carrera, ha de saber que el conocimiento y sabiduría que impartió en sus clases permanecerán vivos. Por citar alguno de los infernales poemas que nos hacía leer:

Sublime---invention ever young,
Of vast conception, tow'ring tongue,
To God th'eternal theme;
Notes from yon exaltations caught,
Unrival'd royalty of thought,
O'er meaner strains supreme.

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