Pisar el área

Fernando Fernández. Profesor. IE Business School

7 Julio 2011

Alfredo Pérez Rubalcaba corre el riesgo de convertirse en el Kaká de la política española y ver cómo su ficha se vuelve transferible antes, siquiera, de debutar.

La reforma de la negociación colectiva se ha convertido en la primera prueba del candidato vicepresidente. El Gobierno se ha visto condenado a legislar y el contenido del decreto no ha sido inocuo. Sobre todo, después de que el Banco de España haya certificado el acta de defunción de la reforma laboral, que ha sido incapaz, no ya de crear empleo, sino ni siquiera de aumentar la contratación indefinida.

Las elecciones locales han cambiado muchas cosas. Entre otras, la actitud de la patronal. Aunque, en puridad, ya antes su presidente había sido llamado al orden por una Junta Directiva que consideraba excesivas las renuncias.

[*D Culpar a los empresarios de aprovecharse de la situación es no entender nada de economía política, de teoría de juegos y de estrategias negociadoras. *]

Piensan los empresarios, y no les falta razón, que nunca antes se han dado condiciones objetivas tan favorables para reformar en profundidad un marco de relaciones laborales que es considerado unánimemente responsable subsidiario de la destrucción de empleo -por detrás, obviamente, del desplome de la construcción-.

Lo cierto es que basta mirar la reforma laboral impuesta en Portugal para ver cómo vienen los tiempos. La presión internacional es inmensa. La indignación nacional con la situación del empleo, masiva. Y los resultados electorales transparentes.

Culpar a los empresarios de aprovecharse de la situación es no entender nada de economía política, de teoría de juegos y de estrategias negociadoras. ¿Qué han hecho los sindicatos con el derecho de veto que les concedió el presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, durante sus siete primeros años de legislatura? Pero, además, es inútil, porque el problema no es el proceso, sino el resultado, como ha tenido que reconocer el partido socialista al renunciar a las primarias para evitar males mayores, Chacón dixit.

[*D Rubalcaba se enfrenta al reto de recuperar el voto de la izquierda con el estigma del giro a la derecha dado por el Gobierno al que todavía pertenece. *]

El núcleo de la cuestión no está en si hay o no acuerdo, sino en si lo que salga será razonable, si servirá para crear empleo, ampliar el crecimiento potencial de la economía española y satisfacer las exigencias de nuestros acreedores.

Volvamos a Alfredo Pérez Rubalcaba. Como candidato, busca aumentar su base electoral y recuperar a los votantes perdidos con el giro a la derecha impuesto por la realidad económica. Como vicepresidente, aplacar a nuestros acreedores y evitar una debacle económica. Acreedores, por cierto, especialmente escépticos al conocer el impacto electoral en las cuentas públicas autonómicas aún antes de que hayan llegado los nuevos gobiernos y hagan sus correspondientes auditorías.

Aunque Rubalcaba vaya a salir del Gobierno para no asumir esa contradicción, ya es demasiado tarde para desentenderse del legado ZP. En definitiva, estamos ante el primer reto a la capacidad de imaginación del supuesto fichaje estrella de la nueva temporada.

[*D Será interesante ver cómo el candidato socialista intenta convencer a los indignados de que se bajen el sueldo para poder tener empleo. *]

Será interesante verle pidiendo a los indignados del 15M que sean realistas, que abandonen la utopía y acepten una caída de los salarios reales para aumentar sus posibilidades de encontrar empleo; y a los sindicatos, que abandonen sus sueños autogestionarios y hagan como los alemanes: se bajen el salario, aumenten las horas y cedan al empresario la capacidad de ajustar internamente las plantillas mediante la movilidad funcional, horaria y de centros de trabajo.

Los sociólogos insisten últimamente en la fuerza de la narrativa pública para influir en los comportamientos electorales. A ver qué cuento se inventa este gran fabulador, porque se arriesga a acabar como Kaká, otro clásico transferible antes de debutar, si el ilustre madridista me permite la comparación.

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