Por qué España se está convirtiendo en una potencia exportadora

Ignacio de la Torre. Profesor. IE Business School

19 Marzo 2013

El boom exportador ha añadido nueve puntos al PIB en tiempo record porque se supo mantener la productividad en los años buenos e incrementarla en los malos.

Afirmaba muy recientemente un famoso banco de inversión que “España se está convirtiendo en la próxima Alemania”. En realidad, semejante proposición no pone de relieve nada nuevo: la realidad es que la economía española ha sido capaz de reorientar rápidamente su producción desde el mercado doméstico hacia el mercado internacional, y la perspectiva permitirá observar la heroica epopeya de dicha transformación en un tiempo record. Observemos los hechos:

Primero, ante una “tormenta perfecta” en la que España afronta desde 2007 la eclosión de la financiación de su enorme déficit de cuenta corriente (10% del PIB en 2007 que entrará en positivo en 2013) y una contracción crediticia jamás vivida por nuestra economía (cercana al 20% de PIB desde 2007), cabría esperar que el PIB español hubiera caído más de un 15%. Lo cierto es que la demanda doméstica se ha contraído en dicha cantidad. ¿Por qué entonces el PIB tan sólo ha caído un 6% durante el periodo? La explicación reside en el boom exportador, que ha conseguido añadir nueve puntos al PIB en un tiempo record. Muy pocos países en el mundo han conseguido realizar algo así.

Segundo, a pesar de las explicaciones ex post de muchos “gurús” anunciando que la economía española había perdido competitividad en el periodo 1998-2007 debido a la subida de costes laborales unitarios frente a nuestros socios comerciales y que ahí estaba la génesis de nuestra crisis, lo cierto es que detrás de dicha subida no había más que un efecto estadístico consecuencia de la creación masiva de empleo en el sector constructor, de baja productividad per capita, lo que hacía bajar las estadísticas nacionales de competitividad. Sin embargo, la fábrica de Ford en Valencia seguía siendo igual de competitiva.  Por eso España mantuvo en esos años “malos” su cuota mundial de exportaciones, cosa que no pueden decir países como Reino Unido, Italia o Francia.

Tercero, desde la irrupción de la crisis se ha producido una deflación salarial en España, unida a una fuerte subida de la productividad. Como consecuencia, nuestros costes laborales unitarios han bajado más de un 4%, en tanto que los de nuestros principales socios comerciales han subido entre un 5-10%. De esta forma, España entró en superávit comercial con la zona euro en el tercer trimestre de 2011, hecho histórico que tristemente apenas tuvo repercusión mediática.

Cuarto, el sector servicios español está alcanzando records de exportación, no sólo por la pujanza del sector turístico, en el que España ya ha arrebatado a Francia la segunda posición en el mundo, sólo por detrás de Estados Unidos, sino por la exportación de otros servicios como ingeniería o educación. 

Quinto, como consecuencia de los fundamentos arriba expuestos, España ha alcanzado ya un máximo histórico de exportaciones de bienes y de servicios (350.000 millones de euros anualizados). En 2011 se consiguió un superávit comercial excluyendo energía, hecho insólito desde hace más de quince años.  Durante 2012, nuestras exportaciones de bienes y servicios superaron a las importaciones, por primera vez desde la entrada en el euro, factor que explica por qué el país está entrando en superávit de cuenta corriente, y por lo tanto ahorrando en términos agregados frente al resto del mundo. Las exportaciones de bienes y servicios españoles suponen ya un 35% del PIB, sólo por detrás de Alemania entre las principales economías de la Unión Europea. 

¿Qué nos depara el futuro del sector? De nuevo los fundamentos invitan al optimismo:

Primero, un español cuesta veinte euros la hora, frente a los 27 de un italiano, los 33 de un alemán y los 35 de un francés.  in embargo el español es más productivo por hora trabajada que el italiano, y tan sólo un 10% menos productivo que el francés y el alemán, luego el diferencial en coste laboral no compensa el diferencial en productividad.  Por eso España está arrasando comercialmente a Italia y a Francia, y ha reducido enormemente su déficit con Alemania.

Segundo, los datos demuestran que la reforma laboral ha desligado la evolución salarial a la inflación. Por lo tanto, no sólo tenemos una mano de obra más competitiva, sino también más flexible.  Esto seguirá haciendo crecer el peso mundial de nuestros productos y servicios.

Tercero, España apenas había explotado segmentos geográficos de exportación como Latinoamérica (aunque parezca mentira), África, Oriente Medio y el lejano Oriente. Esta baja presencia española en estos mercados se está invirtiendo, de ahí que en un año difícil para la economía mundial como 2012, España ha sido capaz de incrementar sus exportaciones en estas regiones un 20%. La baja base de partida y nuestra competitividad reganada asegurará fuertes crecimientos futuros, en especial si se pone en la perspectiva de la pérdida constante de competitividad de muchas economías emergentes.

Cuarto, el tejido productivo exportador español se caracteriza por su baja elasticidad: si consumir tabaco es poco elástico (seguimos comprándolo aunque suba el precio) y bienes de lujo es muy elástico (proceso inverso), nuestras exportaciones han demostrado ser poco elásticas, todo lo contrario que las exportaciones de muchos países “emergentes”. Si se descomponen las exportaciones españolas se observa que su estructura es mucho más parecida a las exportaciones alemanas que a las de un país como China. Eso genera un fundamento importante: nuestras exportaciones no sólo crecerán, también serán poco volátiles.

Quinto, como consecuencia de todo lo anterior, España está atrayendo cada vez mayor volumen de inversión directa extranjera, que crece a tasas aceleradas. Dicha inversión ya no viene a financiar promociones inmobiliarias, parques fotovoltaicos o adquisiciones apalancadas. Esa inversión se dirige hacia nueva actividad industrial con capacidad exportadora, sobre todo automovilística. Dicha inversión resultará en más exportaciones al país, así como más puestos de trabajo, y ambas tendencias contribuirán a que el PIB español vuelva a crecer en 2014, y el desempleo a bajar.

Aún quedan cruciales tareas pendientes para afirmar esta tendencia. Por un lado España es una economía de PYMES (65% del PIB y 80% del empleo).  Para exportar hace falta muchas empresas medianas, no pequeñas (como bien demuestra el mittelstand alemán). Sin embargo, nuestras empresas, sobre todo son pequeñas, no medianas. Por eso es clave practicar políticas de Estado que fomenten la consolidación de nuestras PYMES.

Por otro, España sigue viviendo acuciantes problemas de financiación bancaria, y dichos problemas no se van a solucionar en mucho tiempo. Por lo tanto es clave el habilitar líneas de financiación no bancarias para que nuestras exportadoras puedan seguir creciendo en actividad.

Por último, aunque España ha alcanzado niveles históricamente altos de registro de patentes que pueden explicar parte del incremento de productividad de nuestra economía, la productividad de nuestro I+D sigue siendo muy baja, de ahí que una verdadera colaboración entre empresas, escuelas de negocio y universidades sea clave para apuntalar una economía del conocimiento que permita cimentar la exportación de valor añadido.

Guy Sorman, economista, periodista y filósofo francés, afirmó hace un par de años que “el consenso no es siempre la verdad”. El atormentarnos en nuestras desgracias no nos llevará a ningún lado. La salida de la crisis no vendrá de la mano de superficiales personajes públicos, por mucho que el día de mañana estos últimos se pongan fatuas medallas al respecto. Vendrá de la mano de gente anónima que, de avión en avión, abren mercados para nuestros productos a costa de un gran tesón. 

Algún día la Historia y nuestra nación sabrán agradecer su heroísmo.
 

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