Por qué la FED sí subirá tipos

Ignacio de la Torre. Profesor. IE Business School

26 Mayo 2016

El ‘Brexit’ ha dado un respiro y ha bloqueado una subida de tipos en EEUU en junio. Pero los argumentos en favor del ‘no’ se terminan… y la realidad económica inclina la balanza hacia el ‘sí’

Es conocida la frase de Churchill de que “los americanos acaban siempre realizando la acción correcta…, después de haber intentado llevar a cabo el resto de alternativas”. La Reserva Federal (FED) ha experimentado con muchas políticas monetarias en el pasado, y todo parece indicar que volverá a los orígenes, es decir, normalizar tipos mediante subidas.

En los últimos trimestres hemos observado una crucial discrepancia en lo que respecta a la estimación del precio del dinero en Estados Unidos: mientras los mercados apuestan por subidas de tipos muy lentas y paulatinas, los miembros de la FED dibujan una curva más rápida y agresiva de aquí a 2019.

Las implicaciones de quién acierta en este debate son fundamentales para todo el planeta, debido a que el dólar actúa como divisa de reserva mundial. Así, los tipos a largo de Estados Unidos están afectados por los tipos a corto, y a su vez, los tipos a largo del resto del mundo presentan una importante correlación con los tipos a largo de Estados Unidos. De aquí se deduce que si la FED sube tipos antes y más rápidamente de lo que predicen los mercados, entonces el precio del dinero a nivel mundial se encarecerá, algo que afectará a empresas, gobiernos y ciudadanos en todo el mundo. 

En mi opinión, la FED realizará una subida de tipos antes de verano, y realizará subidas de tipos en línea con lo pronosticado por los miembros que votan su política monetaria (FOMC), o sea, dos o tres subidas este año y tres o cuatro el año que viene, y, por lo tanto, el mercado errará en sus predicciones. Los motivos por los que creo que la FED subirá tipos más rápidamente de lo descontado son:

Primero: la FED tiene como mandato la contención de precios alrededor del 2% y el pleno empleo (analizamos este segundo elemento en el siguiente punto). Los precios muestran cada vez mayores tensiones inflacionistas. Así, si nos fijamos en el componente que evalúa un banco central, la inflación subyacente -que excluye energía y alimentos no elaborados-, los precios suben ya un 2,1%, o un 2,4% si se anualiza el último semestre. Si consideramos otra forma de medir la inflación, llamada PCE (la diferencia con el IPC es que el peso de cada producto en la cesta de la compra se recalcula dinámicamente, en tanto que en el IPC son pesos estáticos y se cambian cada diez años), la inflación subyacente viene creciendo sin tregua hasta el 1,6% actual, o 2,1% si se anualiza el último trimestre. Incluso si tenemos en cuenta la inflación no subyacente, el progresivo aumento del petróleo ha hecho aumentar el IPC hasta el 1,1%, máximos de tres años, y lo más probable es que esta subida se acelere en los próximos meses, a medida que el petróleo deje de computar en negativo en el interanual. Por último, la vivienda presenta un importante peso en las cestas de la inflación (casi un tercio), y la subida de las casas, que se acelera al 6%, augura más presión inflacionista futura.

Segundo: Estados Unidos ya opera a pleno empleo (desempleo del 5%).  Se podrá discutir si hay más o menos personas desmoralizadas que se dieron de baja de la población activa, pero la realidad es que los salarios crecen cada vez más (2,4%), muestra de que no hay desempleo.  Otro signo es que el desempleo entre universitarios se sitúe en el 2%, o que el nivel de vacantes de empleo (ofertas que no encuentran trabajador) se sitúen en el máximo de los últimos 16 años (casi seis millones de puestos). Como consecuencia de esta situación, los salarios suben, y como la productividad apenas varía al alza, aumentan los costes para las empresas, que se ven obligadas a subir precios de venta al público. Luego, el segundo objetivo de la FED está cumplido y con los niveles actuales se vuelve una amenaza para cumplir el primer objetivo (estabilidad de precios). Existe un enorme riesgo de inflación y la FED tiende a operar teniendo en cuenta no sólo la inflación, sino el riesgo de inflación.

Tercero: la economía de Estados Unidos se está acelerando. Tras haber atravesado un primer trimestre muy débil (crecimiento anualizado de un 0,5%), los datos del segundo trimestre son muy alentadores (fenómeno de aceleración primaveral que hemos visto ya los últimos tres años). Así, las estimaciones de crecimiento en tiempo real de la FED de Atlanta muestran que la economía podría estar creciendo un 2,5%, es decir cinco veces más que el primer trimestre.  El motivo es la aceleración del consumo (ventas minoristas) y de la producción industrial.

Cuarto: el contexto internacional, aducido como motivo por varios miembros de la FED para no subir tipos en el pasado, ha cambiado considerablemente. Así durante el primer trimestre China preocupaba y mucho al conjunto del sistema financiero, preocupación que provocó una gran debilidad hasta febrero en las materias primas, especialmente el petróleo, y, por lo tanto, en muchos países emergentes, mientras que en Europa se hablaba (incorrectamente) de una nueva recesión. A fecha de hoy, la economía china crece un 6,7%, las materias primas han recuperado una parte de su caída, el petróleo alcanza ya los 50 dólares, las divisas emergentes han subido considerablemente y Europa ha crecido el primer trimestre cinco veces más que Estados Unidos. En mi opinión, la “bonanza” emergente, incluyendo la china, durará muy poco, pero la FED ya no tiene este motivo para refrenar la subida.

Quinto: los tipos prácticamente a cero generan enormes incentivos para endeudarse, para asignar financiaciones a proyectos que no merecen deuda, y, por lo tanto, para germinar una inestabilidad financiera, algo que se observó entre 2001 y 2007… inflación de consumo controlada e inflación de activos descontrolada, génesis de la crisis de crédito. En el mandato original de la FED de hace casi un siglo figura un tercer objetivo: la estabilidad financiera, y hoy muchos economistas se preocupan de la creciente inestabilidad.

La conclusión es que llegan las subidas y que serán más rápidas de lo comúnmente aceptado.  Las consecuencias son escalofriantes para las materias primas, las divisas, bolsas y bonos emergentes (especialmente aquellos con déficit de cuenta corriente), para la volatilidad (subirá), para los tipos a largo plazo (una hipoteca a fijo valdrá más en Otoño) y para la bolsa.

Este verano habrá sangre en el mercado… mucho me temo.

 

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