Por qué las EAFIs conquistarán España

Ignacio de la Torre. Profesor. IE Business School

7 Junio 2012

Los asesores independientes tienen una oportunidad de oro para dominar la distribución de productos financieros tras los recientes escándalos de la banca.

¿Confía en su asesor financiero? En Reino Unido, más de tres cuartas partes de la distribución de productos financieros se realiza a través de asesores independientes.  En España, en cambio, la inmensa mayoría es a través de las redes bancarias. ¿Qué modelo prevalecerá? 

Analicemos un mismo escenario: la crisis económica y bancaria de 2007 y 2008 genera una caída abultada de los precios de los activos, caída que provoca enormes minusvalías latentes en los activos de los bancos. Dichas minusvalías, de reconocerse, recortan el capital con el que operan y, por lo tanto, pueden encontrarse en situación de insolvencia, lo que exige una recapitalización para recomponer el balance y asegurarse así, primero, que el banco cuenta con la solvencia mínima para evitar sustos a los depositantes, y segundo, que el crédito fluya en la economía, ya que los bancos zombies (aquellos que mienten sobre sus activos para evitar reconocer un problema de insolvencia) no prestan, como se observó en Japón.

Ahora ilustremos dos reacciones ante este escenario.

Reino Unido: siguiendo la estela de Estados Unidos, fuerza a un reconocimiento inmediato de la pérdida de valor de los activos. Dicho reconocimiento provoca una disminución de fondos propios equivalente, que sitúa a muchos bancos británicos en nivel de insolvencia. El Estado fuerza una recapitalización con fondos públicos que diluye a los accionistas de los bancos quebrados.

Como en 2009 los mercados de bonos gubernamentales funcionaban muy bien, el Estado no tiene problema en emitir los bonos necesarios para financiar la recapitalización. En cambio, otros países europeos, entre ellos España, sacaron pecho de la “fortaleza de su sistema financiero”, haciendo escarnio de la debilidad de la banca británica, debilidad puesta de manifiesto al reconocer tan abultadas pérdidas.

Resultado del saneamiento a los tres años: el crédito al sector privado ha comenzado a subir, sentando las bases para la recuperación económica.

España: a pesar de contar con una exposición a crédito promotor y constructor del orden de 450.000 millones de euros (45% de nuestro PIB), más un enorme riesgo hipotecario y exposición a empresas en dificultades, se utiliza la “técnica del avestruz” y se miente impunemente ante el valor de los activos de los bancos, mentira solidariamente defendida entre gestores, reguladores, auditores y Gobierno.

Cuando hubo que intervenir la primera entidad (Caja Castilla La Mancha) se mintió impunemente al público afirmando tras el Consejo de Ministros que la intervención se debía “no a problemas de solvencia, sino de liquidez”.  El sistema financiero español se vuelve zombi y, ante el desplome del crédito al sector privado, la economía se hunde. Resultado, tres millones de puestos de trabajo destruidos.

Antes o después las vergüenzas salen a la luz (como dice Warrren Buffet, “cuando baja la marea, se ve quien nadaba desnudo”), y surge el gran dilema: ¿cómo recapitalizar el sistema financiero?

El Estado ya no tiene crédito en los mercados de bonos, algo que sí hubiera tenido en 2009. Una ampliación de capital en el sector privado diluiría por completo a la base accionarial antigua, y es dudoso si habría capital suficiente para inyectar en empresas con tan dudosos activos. Solución: el depositante.

Las redes bancarias se emplean a fondo en “aconsejar” al depositante cambiar depósitos por “preferentes, similares a los depósitos pero con mayor rentabilidad”.  En total, 30.000 millones de euros emitidos desde 2007 con técnicas de comercialización abusivas.

Como las preferentes dejan de computar como capital bajo Basilea III, el siguiente paso consiste convertir dichas participaciones en acciones, generando, en muchos casos, enormes pérdidas entre los ahorradores.
Si aun así no se arregla el problema, se fuerzan salidas a bolsa más que cuestionables que, al no generar demanda institucional, provoca una distribución masiva entre las sucursales, de nuevo con dudosas valoraciones de los activos.  Dichas salidas a bolsa provocan fuertes pérdidas a sus suscriptores.

Por último, se procede a reordenar el sistema financiero con inyecciones masivas de liquidez y capital, y sistemas de protección de activos en mayor parte garantizados por el Fondo de Garantía de Depósitos, es decir, indirectamente con dinero del depositante. Así se tapan las vergüenzas de tan mala gestión y peor supervisión bancaria, dejando a dicho fondo prácticamente sin recursos.

Las redes de distribución bancarias tienen un grave conflicto de interés, ya que el público acude a ellas para recibir asesoramiento y, sin embargo, éstas venden lo que interesa al banco, no al cliente, farisaica faena que en la jerga se llama “colocar”.

La incultura financiera del gran público español ha facilitado tan corsaria actividad, que explica la enorme rentabilidad de la banca hasta hace poco. Pero lo sucedido estos últimos años ha sido tan sangrante como el destripamiento de la gallina de oro. Un antes y un después en la confianza del público hacia su asesor.

Por lo tanto, a futuro, los agentes de asesoramiento independiente, sin son avisados, conquistarán España.
Conquistarán España, porque las políticas de distribución de producto por redes bancarias han pecado demasiadas veces contra el octavo mandamiento, y pronto el sistema judicial dictaminará si también contra el séptimo.
 

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