Requiem por la jubilación a los 65 años

Valentín Bote. Profesor. IE Business School

8 Marzo 2011

La reforma de las pensiones va en la buena dirección, al haber retrasado la edad de retiro y haber aumentado las cotizaciones. Sólo así puede mantenerse el sistema de solidaridad intergeneracional.

Tras el acuerdo logrado por dos de los sectores más refractarios a las reformas económicas en España –el Gobierno de la Nación y los sindicatos-, el Consejo de Ministros ha dado el pistoletazo de salida a la reforma de las pensiones, con un informe del ministro de Trabajo e Inmigración, Valeriano Gómez, en el que se pone en “negro sobre blanco” los principales aspectos de la mencionada reforma.

De entre todos los puntos que se van a ver modificados, uno de los que más impacto tiene –no sólo mediático, sino también económico- es el relativo a la edad de jubilación.

Un aspecto positivo de la reforma es la ruptura de la edad “fetiche” de los 65 años, que ha sido un referente histórico: es la que bajo la presidencia de Roosevelt se estableció en Estados Unidos, en 1935, y la que –tras una reducción, puesto que inicialmente se fijó en 70 años- se adoptó en la Alemania de Bismark a finales del siglo XIX.

[*D Un aspecto positivo de la reforma de pensiones es la ruptura de los 65 años, que se instauró bajo la presidencia de Roosevelt, en 1935, cuando la esperanza de vida era muy inferior a la actual. *]

En su momento, la adopción de dicha edad respondió a criterios de sostenibilidad, desde el punto de vista actuarial. Y está claro que la esperanza de vida al nacer, y la de aquellos que cumplen 65 años, es hoy muy superior a la de entonces. Por tanto, un punto a favor de la reforma –que, recordemos, todavía no es más que un anteproyecto, por lo que a día de hoy todavía no podemos saber con certeza cómo quedará nuestro sistema de pensiones tras la tramitación parlamentaria- es haber roto esa barrera mental de considerar la edad de 65 años como algo intocable y haberla llevado hasta los 67 como cifra estándar.

Sin duda, hay excepciones contempladas, igual que las hay en el sistema vigente, donde una gran mayoría de trabajadores se jubila antes de cumplir los 65 años. Por tanto, tras la reforma, todavía será todavía posible jubilarse antes de los 67, incluso cobrando la pensión íntegra. Pero los requisitos serán más duros que en la actualidad.

Así, será necesario haber cotizado 38 años y medio para poderse jubilar con la pensión íntegra a los 65, lo que supone la necesidad de incrementar en 3,5 años de cotización los que hoy se precisan. Eso sí, se trata de un incremento progresivo, que no tendrá efecto pleno hasta el año 2027. Se empezará incrementando la obligación de cotización un mes cada año entre 2013 -¡después de las elecciones generales!- y 2019 y, a partir de dicho año, el incremento será de dos meses cada año hasta llegar a 2027.

[*D Nuestro sistema se basa en la “solidaridad intergeneracional”, y para conseguirla hace falta un esfuerzo tanto de los que están lejos de jubilarse, como de quienes tienen cerca la edad de retiro. *]

Si se realizase una encuesta a los españoles, este endurecimiento de las condiciones probablemente resultaría impopular. Pero se trata de facilitar la sostenibilidad del sistema de pensiones y, en definitiva, de una cuestión de “solidaridad intergeneracional”, ya que al mantenimiento del sistema tienen que contribuir todos, tanto los que están lejos del momento de su jubilación, pero mantienen con sus cotizaciones a los jubilados, como aquellos que están cerca de llegar a la edad de retiro, y ahora se les pide un esfuerzo adicional en forma de un mayor período cotizado.

Eso sí, esta reforma también tiene, a mi entender, puntos débiles. Y hacer referencia a uno de ellos, seguramente, es “políticamente incorrecto”. Me estoy refiriendo al de las pensiones mínimas.

Antes que nada, una reflexión. ¿Por qué se está planteando la reforma de las pensiones en España? Fundamentalmente, porque se tienen serias dudas de que el sistema actual, sin modificaciones, sea actuarialmente sostenible. Pues bien, el caso de las pensiones mínimas es el paradigma de la falta de sostenibilidad desde un punto de vista actuarial: el perceptor de este tipo de pensión recibe del sistema, en promedio, mucho más de lo que ha aportado en términos de cotizaciones sociales.

[*D Una crítica: las pensiones mínimas son el paradigma de la falta de sostenibilidad, ya que el perceptor recibe una pensión superior a sus cotizaciones. Entonces, ¿por qué se siguen subiendo? *]

Sin embargo, el Gobierno –en ese incontrolable ramalazo “buenista” que le caracteriza- se propone elevar las pensiones mínimas –es decir, hacerlas todavía más desequilibradas en términos actuariales-, simplemente, por el hecho de que dichas pensiones son pequeñas. Eso no parece coherente con el esfuerzo adicional que se le quiere transmitir al resto de trabajadores.

En definitiva, la prolongación de la edad de jubilación que propugna el anteproyecto de reforma de las pensiones va en la buena dirección, aunque es algo que se sabía necesario hace mucho tiempo. ¿Por qué no se habrá hecho esta reforma hace 5 años?

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