Sembrar vientos

Enrique Dans. Profesor. IE Business School

13 Septiembre 2011

La trama de corrupción de la SGAE tiene su origen en la nefasta gestión del Ministerio de Cultura, que le dio poder e impunidad, pero ahora escurre su responsabilidad.

La intervención de la SGAE y la detención de parte de su cúpula directiva puede haber sorprendido -agradablemente- a una opinión pública que había dejado de confiar en, gran medida, en eso de que “el crimen se paga”. Pero, ¿qué cabía esperar de una sociedad que opinaba de sí misma que “debía ser impopular porque a nadie le gusta que le recauden”; cuyos directivos se creían por encima del bien y el mal; y a la que se otorgaba un monopolio a cuyo control se renunciaba completamente?

La SGAE ha mostrado desprecio por todo: por las leyes, por los ciudadanos, por internet y por sus asociados. La diferencia entre Dios y Teddy Bautista era que Dios no creía ser Teddy Bautista. Esta sociedad nos llamaba ladrones y piratas, pero lo que hacían era secuestrar el incipiente mercado de internet, privándolo de opciones y abocando al usuario a recurrir a mercados paralelos. ¿Piratería? ¿Todo gratis? Mentiras. Simplemente, sembraban vientos para recoger tempestades. Y dinero.

[*D Alegrarse por la caída de la SGAE es natural, porque era la entidad más odiada de España, pero el responsable es un Ministerio de Cultura cómplice. *]

Alegrarse por la caída de la SGAE es natural: era la entidad más odiada de España. Pero lo ocurrido en la SGAE proviene de la nula supervisión de un Ministerio de Cultura cómplice: otorgar un poder omnímodo a un monopolio que la Comisión Nacional de la Competencia considera nocivo y renunciar a su supervisión es llamar abiertamente a la corrupción.

[*D Crear un monopolio con poder omnímodo y renunciar a su supervisión es llamar abiertamente a la corrupción. *]

Que la ministra pretenda escurrir el bulto alegando que “la responsabilidad era de las comunidades autónomas” es patético: la sentencia del Constitucional de 1997 se refiere claramente a la gestión de los registros de propiedad, nunca a un control y fiscalización de una SGAE que, como entidad estatal, corresponde inequívocamente al Ministerio de Cultura.

La SGAE y su entorno muestran cómo de mal pueden hacerse las cosas con la propiedad intelectual. Ahora, toca depurar responsabilidades y deshacer errores: adiós canon, adiós ley Sinde. Ya está bien de sembrar vientos. Toca reconciliar a autores y usuarios. Toca construir.

[*D Ahora, toca depurar responsabilidades y deshacer errores: adiós canon, adiós ley Sinde. Toca reconciliar a autores y usuarios. *]

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