Si Rusia fuese una empresa…

Francisco Navarro. Director del Global Corporation Center de EY e IE Business School

26 Enero 2015

El descalabro de Rusia es un claro ejemplo de que ya no se puede competir sólo con producto, se necesitan grandes dosis de tecnología y valor añadido para poner barreras de entrada

" It's only a small simplification, you see, to say that Russia doesn't so much have an economy as it has an oil exporting business that subsidizes everything else"
Matt O'Brien. Washington Post. 15/12/2014

Si Rusia fuese una empresa, en su cuenta de resultados veríamos que el 60 % de su producción corresponde al petróleo. Tener una concentración tan importante de fuentes de riqueza de la ‘empresa Rusia’ basadas en un solo producto sin grandes barreras de entrada pone en riesgo sus ventajas competitivas. Si Rusia fuese una empresa, competir contra otras compañías como Google, Apple, Samsung no le sería fácil pues estas firmas están muy protegidas por sus fortísimas barreras de entrada, derivadas de su desarrollo tecnológico. Es más, estas empresas han sobrepasado el límite de conocimiento lineal para pasar al conocimiento exponencial que proporcionan las tecnologías de la información por lo que, de forma creciente, se van separando de sus potenciales competidores. Del mismo modo, países como EE.UU., Alemania, Japón, Israel, etc. han comprendido que el siglo XXI está marcado por el conocimiento complejo y por la tecnología.

Las empresas, (los países) que compiten en productos de bajo valor añadido se ven obligadas a hacerlo por costes. Este es el mundo en el que han vivido e intentan seguir viviendo países como Venezuela, Ecuador, Rusia, etc. Tienen una fuente de ingresos que no se debe a su nivel de conocimiento o tecnología, sino  a estar en el sitio adecuado en el momento adecuado. ¿Qué era de Arabia Saudí en la época de Lawrence de Arabia? ¿Cuál era su peso en la economía mundial? ¿Y el de Venezuela o Nigeria? Este problema no lo no lo tiene Japón, por ejemplo, ni Alemania, que al no haber sido premiadas por el petróleo tuvieron que desarrollar su nivel tecnológico. En el juego tecnológico también ha participado EE.UU. que, a pasar de ser un país rico en materias primas, siempre tuvo claro que debía apostar por el valor añadido del producto o servicio para imponer barreras de entrada.

En el caso de Rusia, tiene reservas para hacer frente a sus deudas por lo que, en el corto plazo, pagará a sus proveedores. La suma de vencimientos y servicio de deuda para mantener el sistema asciende a 273.000 millones de dólares, un 75% del total de reservas extranjeras existentes en la actualidad. Si la situación no cambia, en el próximo año, el riesgo de default aumentará considerablemente.

Pero sus proveedores y sus clientes ven que, a corto plazo, esta empresa no tiene grandes reservas en su cartera de productos por lo que empiezan a desconfiar. Y esta desconfianza se percibe de forma inmediata en la pérdida de valor de su moneda. El barril de petróleo Brent se situaba el pasado mes de junio en 115,71 dólares y el pasado 16 de diciembre marcaba los 58,50 dólares. Esta formidable caída amenaza la rentabilidad de muchos países productores. Para obtener un equilibrio presupuestario, Venezuela necesita que el barril si sitúe en 160 dólares, Rusia 110 dólares, Arabia Saudí 90 dólares y Kuwait 50 dólares. 

Para Rusia la caída de precios es una amenaza para el rublo. Por tanto, su Banco Central tuvo que subir los tipos de interés desde el 10.5 % al 17 % para frenar la caída del rublo. A esta situación hay que añadir que Rusia no tiene una gran imagen a nivel geopolítico. Sus acciones recientes en la península de Crimea o en Ucrania han generado desconfianza sobre el país, que se ve afectado por las sanciones internacionales.
 
A futuro, pienso que los países vencedores serán  los que mayores niveles de tecnología tienen. Y ese no es el caso de Rusia, ni el de Venezuela o Arabia Saudí. El mudo del siglo XXI se configura como un mundo de mercados convergentes donde todos los países ofrecen sus productos y servicios. Y es el mercado el que se encarga de fijar precios en función del valor añadido o de la magia que las empresas sepan conferir a sus productos o servicios. Este juego, hasta ahora, lo ha desarrollado muy bien Apple que ha sabido unir la tecnología con la percepción mágica ante los potenciales clientes. También es en el mercado donde las empresas (los países) se forjan la imagen y la reputación correspondiente. En este siglo XXI hay países que siguen contando en la escena mundial pero debemos permanecer expectantes a los grandes cambios que se producirán porque muchos todavía no son conscientes que, de ahora en adelante, la ‘diosa fortuna’ sonreirá, no a los que tengan mejores materias primas, sino a los que posean la tecnología y el conocimiento más avanzado.

 
 

Último vídeo

IE Inside Out Project - #IamIE

See video
Síguenos en
IE Focus Newsletter
Agenda IE
Most read
IE Business School | María de Molina 11, 28006 Madrid | Tel. +34 91 568 96 00 | e-mail: info@ie.edu

Contacto

IE Business School

María de Molina, 11. 28006 Madrid

Tel. +34 915 689 600

info@ie.edu