Siete lecciones de Silicon Valley para un abogado

Marti Manent. Director Programa. IE Law School

29 Abril 2016

Silicon Valley no sólo está revolucionando el mundo empresarial, también el servicio legal, cuyas prácticas están evolucionando gracias a este ecosistema californiano.

Craig Dauchy fue seleccionado en 1975 como “summer associate” de Cooley LLP, un despacho que en aquel momento contaba con 35 abogados y una oficina en San Francisco. Cuando se graduó, en lugar de trabajar en los despachos de Manhattan, Chicago o Los Ángeles, prefirió apostar por esta pequeña firma, que tenía grandes ambiciones y quería posicionarse en el asesoramiento de empresas en crecimiento y gestión de fondos de inversión. 

Actualmente, Dauchy es socio y director del área de Venture Capital en Cooley: 650 abogados, 10  oficinas entre Estados Unidos y Shanghai, y está haciendo historia en Silicon Valley como líder en las operaciones de capital de riesgo. El “asociado para el verano” ha formado parte de la selecta lista de Top Lawyers in California en 2012, 2014 y 2015, y colecciona números reconocimientos, participando en la formación de más de 350 fondos de venture capital y private equity.

Esta es una de las historias de innovación, disrupción y evolución en el sector legal que podemos vivir en Silicon Valley. De Hecho, tratamos con un ecosistema que ha revolucionado la profesión y el servicio legal, y que nos ofrece inspiración para implantar esta disrupción también en ecosistemas más conservadores.

Como director del programa de Legal Bridge to Silicon Valley de IE Law School, desde hace 3 años estoy acompañando a los alumnos a Silicon Valley y reuniéndome con más de 60 abogados de diferentes empresas como Google, Airbnb, Oracle, HP, CISCO, eBay, Facebook, Uber y SurveyMonkey; despachos como Cooley, Orrick o WhiteSummers; y startups como Asana, Charboost, etc. Me gustaría poder compartir algunas de las lecciones aprendidas y los consejos e ideas que me han llamado la atención.

1. Los “bots” puede hacer los trabajos mejor que algunos abogados. Cada vez hay más procesos automatizados que están sustituyendo el trabajo de abogados por programas o robots, llamados en el sector “bots”.

2. Quien decide dónde presentar una demanda es un programa de ordenador, no un abogado. Hay empresas que hacen análisis de las sentencias sobre determinados temas y recomiendan en qué juzgado presentar una demanda con más posibilidades de ganar. 

3. Cobra sólo por el trabajo que realmente aporta valor al cliente. Hablando con los abogados de Silicon Valley te das cuenta de que los clientes que tienen son muy inteligentes y van al grano, con lo cual, pagan sólo por lo que realmente les aporta valor y no por trabajo jurídico no relevante.

4. Ayuda a generar negocio a tus clientes. Los abogados son nodos de conexión entre sus clientes, con fondos o VC, con inversores u otras empresas que pueden tener intereses compartidos. Tienen un rol más activo como hombres de negocio o “partners” para sus clientes. 

5. El próximo lenguaje que has de aprender es el Java, no el Mandarín. Muchas de los abogados que he conocido en Silicon Valley saben programar, son también ingenieros, con lo cual, pueden entender perfectamente lo que dicen sus clientes o sus compañeros de trabajo.

6. Grandes empresas no tienen abogados internos, únicamente utilizan despachos externos. Esto es uno de los descubrimientos más sorprendentes, empresas con más de 100 empleados y sin abogados en plantilla.

7. Los servicios que sean “commodities” mejor que los ofrezca una filial “low cost”. La mayoría de los grandes despachos tienen una filial para prestar servicios low cost y utilizarla como generadora de “leads”.

 

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