Tendencias de Inversión en tiempos de crisis

Ignacio de la Torre. Prorfesor. IE Business School

10 Septiembre 2008

Salvo gloriosas excepciones, ya nadie duda de que nos encontramos ante una crisis de crédito que salpica a la economía real. Ahora, la duda es: ¿hacia dónde vamos?

Durante los años 20, en Boston, el inmigrante italiano Roberto Ponzi convenció a cientos de personas de que la inversión en sellos españoles e italianos, con rentabilidades garantizadas, era mejor opción que comprar productos tradicionales, como bonos y acciones, cuyos altos precios habían reducido su rentabilidad. Eso sí, a estas rentabilidades se les hacía frente con los ingresos de los últimos en comprar sellos. De ahí que en inglés timo piramidal se diga Ponzi scheme, concediendo inmortal fama a nuestro Roberto.

[*D Mientras los bancos sigan con problemas de liquidez, ofrecerán tipos muy atractivos de los depósitos a plazo y continuará las fugas de patrimonio de los fondos. *]

¿Le suena familiar? Un entorno de expansión económica con inflación controlada, como ocurrió en los años 20, o más recientemente, desde 2004, acaba provocando un fuerte incremento de la masa monetaria. Ésta se traduce en subidas de los precios reales de los activos (inmuebles, bolsas, bonos), deprimiendo su rentabilidad implícita. Los inversores buscan productos alternativos, que ofrezcan mayor rentabilidad, y así se generan sucesivas burbujas en estos activos a medida que van atrayendo inversiones. (De hecho, en 2006, hubo un momento en que el índice JP Morgan de bonos emergentes tan sólo ofrecía una rentabilidad superior al bono norteamericano en un 1,3%).

Paradójicamente, como ya señaló el economista Hyman Minsky en los años 70, la confianza en el buen hacer del banco central puede conllevar una expansión desmesurada del crédito, que a su vez provoca mayores caídas de la morosidad, ya que la refinanciación de la deuda resulta fácil en ese entorno, y se genera un círculo vicioso que salta por los aires cuando un evento con resonancia, como el impago de las hipotecas subprime, provoca que el mercado se replantee el apetito de riesgo. Ése replanteamiento deviene en una contracción del crédito, que se traslada rápidamente a la economía real, amenazando con una posible recesión, punto donde nos encontramos hoy.

Ante este panorama, ¿qué tendencias de inversión se pueden vislumbrar?

Primero, mientras los bancos sigan con problemas de liquidez, ofrecerán tipos muy atractivos de los depósitos a plazo. Como es previsible que los problemas en el sector financiero tarden un tiempo en resolverse, los depósitos seguirán siendo el destino favorito de la inversión, con la consiguiente salida de patrimonio de los fondos de inversión.

[*D Los países emergentes seguirán acaparando inversiones y desarrollando una clase media que continuará demandando petróleo con poca sensibilidad al precio. *]

Segundo, aunque una desaceleración de occidente sea una mala noticia para los países emergentes, en general, su salud fiscal y de balanza de cuenta corriente es envidiable. Estos factores se traducirán en que los países emergentes seguirán creciendo a ritmos que, aunque menores, serán más que saludables. Por lo tanto, el flujo de inversión hacia los países emergentes (directas o de cartera) se mantendrá.

Tercero, y derivado de lo anterior, la salud económica de los emergentes se seguirá traduciendo en el acceso anual a la clase media de unos 70 u 80 millones de personas. Esta nueva clase media demandará petróleo y otras materias primas a un intenso ritmo y con poca sensibilidad al precio. Así, aún con vaivenes, los precios de las materias primas seguirán altos por mucho tiempo, lo que continuará acaparando flujos de inversión.

Cuarto, también consecuencia del punto segundo y tercero, la acumulación de reservas en los países emergentes continuará manifestándose en adquisiciones de paquetes de influencia en compañías insignia occidentales por parte de los fondos soberanos, lo que incrementará la tensión política intergubernamental.

[*D Es de prever un fortalecimiento del dólar frente al euro y una revalución de las divisas fijadas con el billete verde, como la china y la de Arabia Saudita. *]

Quinto, la inflación tardará en remitir, lo que seguirá generando fuertes tensiones sociales, tanto en Occidente como en los países emergentes. La creciente polarización de rentas entre pobres y ricos, tanto en países desarrollados como emergentes, unida a las tensiones inflacionistas (el peso de la gasolina y los alimentos en la cesta de consumo de un pobre es mucho mayor que en la de un rico, luego la inflación de un pobre es sensiblemente mayor que la de un rico), provocarán reacciones políticas de consecuencias inciertas. Por su lado, los países con divisas fijadas con el dólar (como China o Arabia Saudita) se verán forzados a revaluar su moneda, aunque esta medida sacrifique parte de sus exportaciones, con el objetivo de limitar la insoportable tendencia inflacionista en sus países.

Y sexto, a medida que importantes economías europeas entren en un estado de recesión o casi recesión, y el Banco Central Europeo se vea obligado a recortar tipos, es de prever un fortalecimiento del dólar frente al euro.
Resulta escalofriante leer un relato de la crisis del 29 por los paralelismos que surgen frente al mundo actual. Por fortuna, contamos con banqueros centrales que conocen bien los garrafales errores cometidos durante dicha crisis. Queda por comprobar si el poder político estará a la altura de las circunstancias para no agravar la crisis. Apuesten.

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