Un consejo: estad atentos a México

Manuel Bermejo. Profesor. Instituto de Empresa

28 Noviembre 2006

Desde las elecciones generales, la joven democracia mexicana está dando un triste espectáculo. Pero España no le presta la atención que merece. Craso error.

El 10 de febrero de 1519, cuando el extremeño Hernán Cortés abandonaba las costas de Cuba rumbo a México, poco podía imaginar la magnitud de las relaciones que se iban a establecer entre el país azteca y España. Unos lazos que empezaron a ser formalmente bilaterales el 28 de diciembre de 1836; que se rompieron durante el franquismo, porque México siguió reconociendo al Gobierno de la República en el exilio; y que se reestablecieron el 28 de marzo de 1977. Desde entonces, se han creado varias comisiones bilaterales y de cooperación entre ambos países.

En el terreno económico, las relaciones han sido todavía más intensas, especialmente en los últimos años. El comercio entre ambos países supone, en números redondos, unos 5.000 millones de dólares; en México hay más de 2.000 sociedades con participación española; entre enero de 1999 y junio de 2005, las empresas con capital español realizaron inversiones cercanas a los 14.000 millones de dólares; España es el país de la Unión Europea con mayor inversión en México, acumulando casi la mitad del total, y no sólo las grandes multinacionales españolas están presentes en México, sino también una inmensa cantidad de pequeñas y medianas industrias; cada año salen más jóvenes mexicanos a estudiar en universidades y escuelas de negocios españolas...

[*D España acumula casi la mitad de la inversión europea en México, por eso debe prestarle mayor atención. *]

A la vista de todos estos datos, llama la atención que no se esté prestando la atención que se merecen los comicios generales del pasado 2 de julio en México. También ese día se celebraron elecciones al Real Madrid, también ganó por escaso margen un Calderón, y también se ha generado una agria polémica desde entonces. Pero comparen lo dedicado a uno y otro proceso. Y que me disculpen los madridistas, muchos de ellos mexicanos, por cierto.

México es una democracia joven, pero vitalista. La presidencia de Vicente Fox, del PAN, ha protagonizado el primer sexenio tras décadas de gobiernos priistas. Con un país profundamente dividido, en las pasadas elecciones se alzó con el triunfo Felipe Calderón, también panista, por sólo 244.000 votos. El candidato derrotado, Andrés Manuel Lopez Obrador, del izquierdista PRD, no reconoció el resultado y denunció un fraude que comenzó a deliberarse en el Tribunal Federal Electoral.

[*D López Obrador ha dado un espectáculo semejante a bloquear la Castellana, impidiendo así las sesiones parlamentarias *]

Para forzar la situación, Calderón organizó un plantón, consistente en tomar el Paseo Reforma y el Zócalo, donde instaló una serie de carpas e impidió al Presidente Fox leer en el Parlamento el equivalente al discurso sobre el estado de la Nación. Fox tampoco pudo acudir al Zócalo a dar el tradicional grito que acompaña a la celebración del 15 de septiembre.

Para que todos los españoles lo entiendan, esto equivale a que el líder del partido derrotado decidiese no reconocer el resultado y, como medida de protesta, se hubiese cortado la Castellana desde Plaza Castilla hasta Neptuno, impidiéndose así las tradicionales sesiones parlamentarias... y que no pasase nada. Insólito, ¿verdad?

Hace unas semanas, el Tribunal Federal Electoral confirmó el resultado y proclamó ganador a Calderón. López Obrador también negó el fallo y decidió crear un Gobierno, a su juicio, legítimo.

[*D Debemos mirar al país azteca con visión estratégica, porque nos jugamos mucho en Latinoamérica *]

En España debemos prestar mayor atención a México y mirarle con una visión estratégica. España se juega mucho en América Latina, tiene una importante influencia sociopolítica y económica, y debe favorecer el debate y la toma de opinión de los asuntos relevantes que llegan del otro lado del Atlántico.

Muchos de nuestros líderes políticos han perdido elecciones por escaso margen. Pero, desde una oposición democrática y sin desestabilizar al país, han conseguido, finalmente, ganar las elecciones. Ése debería ser el papel de López Obrador para intentar poner en práctica sus fuertes convicciones, si es que acaba obteniendo el favor de la mayoría de ciudadanos en los próximos comicios.

Por su parte, el electo presidente Calderón debe crear las condiciones necesarias para construir un país seguro para las inversiones, capaz de negociar con la oposición y desarrollar las numerosas reformas que México necesita. Y, sobre todo, debe poner en marcha un plan efectivo que reduzca los niveles de desigualdad existentes en el país azteca.

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