Una lección de psicología para los líderes mundiales

Cristina Simón. Decana Psicología. IE University

4 Noviembre 2009

Obama se ha erigido como icono del liderazgo político, un triunfo que debe, en gran parte, a su capital psicológico, basado en voluntad, autoconfianza y optimismo.

Dado que la cumbre del G8, celebrada recientemente en Italia, ha pasado de forma muy discreta en lo que respecta a la actualidad económica internacional, quizá podemos aprovechar para contemplar a este grupo de poderosos políticos desde un enfoque diferente. Se da también la circunstancia de que las referencias a la psicología han proliferado en los análisis económicos en los últimos meses –en algunos casos, lamentablemente, como un intento de justificar lo injustificable- lo cual nos proporciona un espacio para realizar un esbozo psicológico de estos personajes y su influencia en el común de los mortales.

[*D El capital psicológico define cómo eres, es decir, el conjunto de características positivas de personalidad que desplegamos en nuestra vida profesional *]

Es bien sabido que la personalidad de los líderes tiene un impacto en los resultados de su gestión, sobre todo, cuando ésta tiene carácter internacional. Desde el incipiente campo de la Psicología Positiva se está trabajando en identificar, concretamente, las fortalezas y rasgos personales responsables de dicho impacto en diferentes contextos. En el ámbito institucional y organizativo nos centramos en el llamado capital psicológico. De la misma forma que se define el capital financiero (lo que tienes), el capital intelectual (lo que sabes hacer) y el capital social (con quién te relacionas), entendemos por capital psicológico el cómo eres, es decir, el conjunto de características positivas de personalidad que desplegamos en nuestra vida profesional.

Puestas al servicio de los contextos de trabajo, dichas características pueden marcar una diferencia en los resultados que se consiguen. En concreto, hablamos de voluntad (motivación orientada al cumplimiento de un objetivo), optimismo realista (confianza en la resolución positiva de acontecimientos futuros), resiliencia (capacidad de afrontar sostenidamente condiciones adversas o arriesgadas) y autoconfianza (seguridad en las propias capacidades para conseguir las metas propuestas). Los estudios realizados en diferentes ámbitos de trabajo han demostrado repetidamente que la combinación de estos cuatro rasgos mejora sustancialmente el desempeño en el trabajo. Asimismo, las personas con un capital psicológico ‘saneado tienen más y mejores relaciones sociales, reportan mayores grados de felicidad y bienestar, y gozan de mejor salud (menores índices de estrés, menor número de accidentes cardiovasculares, etc).

[*D Cuatro rasgos mejoran el desempeño: voluntad, autoconfianza, optimismo realista (confianza en la resolución positiva de acontecimientos) y resiliencia (capacidad de afrontar sostenidamente condiciones adversas) *]

¿Observamos este tipo de rasgos en nuestros máximos dirigentes? Desde mi punto de vista, Barack Obama no solamente refleja muy bien estos rasgos de carácter, sino que además tiene una innegable habilidad para ponerlos al servicio de su carrera política y generar impacto social. El mero lema de su campaña que tanta repercusión mundial ha tenido (Yes We Can) contiene -en sólo tres palabras- convicción, autoconfianza y optimismo, además de una llamada a la cohesión social.

[*D El famoso “Yes We Can de Obama contiene, en sólo tres palabras, convicción, autoconfianza y optimismo, además de una llamada a la cohesión social. *]

Aunque los resultados de su gestión deberán juzgarse en el largo plazo, su comportamiento como líder llega a desconcertar a muchos, precisamente, por infundir confianza en el futuro desde un análisis realista de la situación, que no oculta las adversidades, pero tampoco permite dejarse llevar por ellas. Un tipo de discurso bien diferente al que nos tienen acostumbrados muchos otros políticos. Lejos de contagiar motivación y confianza, el intento de generar una ilusión bobalicona de que “todo va bien” (o “todo va mal”, según sirva a los propósitos de cada cual) irrita en grado sumo al ciudadano, que además de sentirse engañado, incrementa su angustia por un futuro que sus supuestos líderes no parecen controlar.

[*D El capital psicológico es fundamental para el liderazgo, y los políticos deberán desarrollarlo ampliamente si quieren ganar el apoyo de sus electorados *]

Podemos apreciar en otros líderes que han participado en el G8 signos muy salientes de autoconfianza -Zarkozy es un buen ejemplo de ello- o resiliencia, muy patente en la gestión de Angela Merkel al frente de un gobierno de coalición sostenido a lo largo de los años y que le está reportando unas increíbles cotas de popularidad entre los alemanes. Y un buen ejemplo surge de la comparación entre el actual premier británico, Gordon Brown y su predecesor en el cargo, Tony Blair. Aun concediendo al primero el beneficio de la duda sobre la magnitud de su capital psicológico, es evidente que Blair supo explotar magníficamente el suyo propio, y de ello tenemos evidentes signos en la valoración de sus respectivos liderazgos por parte de los ciudadanos.
En conclusión, el capital psicológico es una condición fundamental para el liderazgo, y los políticos deberán desarrollarlo ampliamente si quieren ganar la confianza y el apoyo de sus electorados. Porque no basta con pintar el futuro de color de rosa. Se necesitan grandes dosis de realismo, tenacidad y confianza en la sociedad para construir un futuro en positivo para todos.

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