Una música ramplona

Rafael Puyol. Vicepresidente. Fundación IE

8 Febrero 2012

La falta de sensibilidad que existe en España hacia la música se pone de manifiesto en las iglesias, donde dos guitarras y tres voces desafinadas son el pan nuestro de cada día.

Hace días, viendo el programa “Españoles por el Mundo”, oí las declaraciones de un joven músico que, contrabajo en ristre, manifestaba haberse marchado al extranjero porque en España no encontró ni el ambiente, ni los alicientes necesarios para su carrera.

Y es que, en efecto, no hemos desarrollado nunca de manera suficiente ni el aprendizaje, ni el gusto por la música. Y eso, que tiene muchos escenarios de prueba, se pone especialmente de manifiesto en la música que se toca en nuestras iglesias.

[*D En España, no hemos desarrollado nunca de manera suficiente ni el aprendizaje, ni el gusto por la música. *]

Cuando uno viaja por Europa, e independientemente del culto, se puede observar cómo en las ceremonias religiosas, las solemnes y las ordinarias, la música constituye una referencia, ya se trate de una misa, un funeral o cualquier otra manifestación.

Tuve la ocasión de asistir a la celebración religiosa del día de difuntos en la Catedral de Canterbury y tengo que decirles que salí verdaderamente impresionado por la delicadeza, la oportunidad y la calidad de la música, interpretada por un coro que dominaba su oficio.

[*D Salvo algunas excepciones honrosas, la música de los actos religiosos se despacha con improvisación, escasez de medios y desgana. *]

Aquí, y salvo algunas excepciones honrosas, la música de los actos religiosos se despacha con improvisación, escasez de medios y desgana. Los instrumentos musicales se reducen a un par de guitarras acompasadas a veces por bongos ruidosos y por unas voces ineducadas que repiten estribillos con afectación o cursilería.

La alternativa es esa música enlatada, rácana de voces y acompañamiento. Y, si por casualidad hay un coro, líbrenos Dios del maligno, la desafinación y la falta de facultades se combinan para ofrecer una audición ratonera y tediosa.

[*D Los tiempos actuales exigen mayor austeridad; pero deberíamos preocuparnos más de la música en los templos, haciéndola mejor, más digna y más seria. *]

No pido para las iglesias grandes coros y orquestas de profesionales como hubo en otras épocas. Los tiempos actuales exigen mayor austeridad; pero deberíamos preocuparnos más de la música en los templos, haciéndola mejor, más digna y más seria.

Como recordaba Robert Schumann, “la música es el lenguaje que nos permite comunicarnos con el más allá”.

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