Y si salimos salimos del euro, ¿qué pasa?

Patricia Gabaldón. Profesora. IE Business School

19 Julio 2012

La hipotética decisión de volver a la peseta no solucionaría los problemas reales de competitividad que arrastra España, solo los aplazaría en el tiempo. Y por el camino perderíamos mucho.

Como en cualquier decisión de nuestra vida, antes de tomar un camino definitivo hay que contrastar los pros y contras de las opciones, comparar costes y beneficios que diríamos en un entorno más económico. La opción de dejar el euro y  volver a las respectivas monedas nacionales, que hace unos meses era una alternativa imposible, se pone actualmente una cuestión factible. Se han barajado muchas alternativas en los círculos económicos, pero, planteémonoslo de nuevo: ¿qué nos ha aportado la moneda única?, ¿qué implicaría para España salir de la unión monetaria?

La ventaja principal de ser parte de una unión monetaria es el libre comercio dentro de los países que la conforman. La simple idea de compartir la misma moneda reduce la incertidumbre en las transacciones hasta el punto de no generar costes de transacción para los agentes comerciales. El fundamento de la libre movilidad de bienes, servicios, personas y capital, aunque en la realidad no se ha mostrado tan eficiente como parecía sobre el papel, es una herramienta esencial para el crecimiento económico basado en el comercio. La idea de que se puedan compensar bolsas de desempleo con la necesidad de trabajadores en otro lugar de la Unión es difícil de conseguir, pero no es imposible ,y presenta una gran ventaja no solo para los países, sino para los habitantes de la Unión Europea.

La segunda ventaja de pertenecer al euro es claramente la gran estabilidad monetaria que hemos vivido durante los últimos veinte años, porque no nos olvidemos que durante un periodo largo de tiempo nos hemos beneficiado de unos tipos de interés y de inflación especialmente bajos dirigidos desde el Banco Central Europeo, que habrían sido muy difíciles de conseguir con otros compañeros de viaje. Esto ha tenido efectos muy positivos en España, especialmente por el lado del aumento de la inversión empresarial y la entrada de capital inversor extranjero.

Por otro lado, el principio de solidaridad de la Unión Europea ha hecho que la transferencia de fondos  -estructurales, sociales, agrícolas...- fortalecieran las estructuras sociales y económicas, generando un aumento del nivel de vida de los españoles. Sin contar con el crecimiento global de la economía española, que desde 1986, que entramos en la Comunidad Económica Europea, se ha modernizado, se ha crecido en número de trabajadores, en número de empresas y, en definitiva, calidad de vida. A cambio, por el camino perdimos el control de la política monetaria y de la posibilidad de disponer del tipo de cambio como herramienta de política económica y nuestras políticas fiscales han tenido un límite de gasto, que puede que haya reducido nuestro ritmo de crecimiento durante los años previos a la crisis.

La vuelta a la peseta implicaría más flexibilidad para realizar devaluaciones competitivas que ajusten el valor de la moneda a la realidad de nuestra economía. Al devaluarse la moneda, podríamos ser más competitivos frente al resto de países, aumentando nuestra posición de ventaja y con un probable aumento en la actividad productora y en la reducción del desempleo. Sin embargo, la alternativa de disponer de nuestra propia moneda afectaría de manera negativa, indudablemente, a la actividad comercial española, incorporando de nuevo la incertidumbre del cambio de divisas en las transacciones comerciales, además del resto de costes que puedan originarse de salir de la zona euro.

Siguiendo la misma línea de análisis, el aumento del riesgo país implicaría probablemente mayores tipos de interés, lo que afectaría negativamente tanto a inversores como a todos aquellos que tengan deudas a tipo de interés variable. Y al no estar bajo el control férreo de la inflación del BCE, con el aumento de tipos, y las posibles presiones externas sobre la divisa, previsiblemente aumentaría la inflación. Sin contar con la posible fuga de capitales del país, al no confiar en la nueva moneda o en el proceso tras el cual se ha llegado a ella.

Y, sin embargo, aunque el control de la moneda fuera efectivo y eficiente, no haría más que enmascarar la solución al problema real. La posibilidad de devaluaciones competitivas es interesante en un entorno de incertidumbre y de ataques puntuales a la divisa de un país, pero en nuestro caso, no solucionaría los problemas reales de competitividad, solo los aplazaría en el tiempo. El euro nos ha dado mucho y ha cambiado España desde la raíz, pero aún quedan muchos flancos que atacar y, aunque no se harán en el mejor clima, no podemos cerrar los ojos al problema y negarlo. La solución, como se repite tanto estos días, es mas Europa, no menos. Es el momento de mirar hacia la meta, no de volver a la salida.

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