¿Acuerdo del G-20? Improbable… pero necesario

Gayle Allard. Profesora. IE Business School

2 Abril 2009

Cuando los líderes de las 19 mayores economías mundiales y la Unión Europea se reúnan en Londres el 2 de abril enfrentados a los peores datos económicos que se hayan visto desde los años 1930, estarán muy divididos en lo que se refiere a cómo afrontar la crisis.

Estados Unidos, Japón y Gran Bretaña están presionando para que las naciones del G20 aprueben un esfuerzo fiscal conjunto para sacar a la economía mundial de la peor crisis desde la Gran Depresión. En un momento en que la producción industrial se hunde en las principales economías internacionales y las exportaciones caen a ritmos de dos dígitos en Alemania, Corea del Sur y Japón, la opinión de estas naciones es que, a menos que se adopten rápidamente paquetes de estímulo fiscal como el estadounidense o el chino, la progresión hacia la depresión mundial es inevitable y la recuperación podría llevar años.

Por el contrario, la Europa continental insiste en adoptar medidas rápidas para luchar contra los paraísos fiscales y regular los mercados financieros que, según una reciente estimación del Banco Asiático de Desarrollo, han destruido una riqueza global equivalente al 100 % del PIB mundial desde el inicio de la crisis de las subprimes. Francia, Alemania y el representante de la UE están de acuerdo en que, mejor que seguir endeudándose para salir de la recesión, las naciones del G20 deberían desarrollar unos poderosos estándares reguladores que prevengan de la especulación financiera y devuelvan el orden en los mercados. Estados Unidos y Gran Bretaña están de acuerdo con estas medidas, en principio, pero probablemente se opongan a los estándares financieros globlales y recalcarán que el fin de la crisis a través del estímulo fiscal tiene mayor prioridad.

Por todo esto parece improbable que el G20 alcance un acuerdo histórico, un hecho que enviaría un mensaje de esperanza a los mercados. Sin embargo, en esta cumbre se podría lograr un consenso sobre la reforma y la recapitalización del FMI para que pueda prestar dinero con mayor libertad a los países en desarrollo. Y es posible que se produzca un incremento sustancial de la cuantía de la financiación del comercio disponible en los bancos de desarrollo regionales. Estas medidas estimularían el comercio mundial en un momento en el que las exportaciones caen en picado en muchos países que dependen de las exportaciones netas para su crecimiento económico.

También se espera que el G20 encabece la llamada para proteger el libre mercado ahora que aumentan las voces que defienden el proteccionismo. Los intentos de países en crisis de proteger la producción nacional a través de la compra exclusiva de bienes producidos en el ámbito local o mediante el uso de herramientas de financiación para favorecer la industria doméstica podrían provocar una guerra proteccionista similar a la de los años 30, que sólo agudizaría la recesión. También es posible -aunque no ocupe un puesto prioritario en la agenda debido al alcance de la crisis- que el G20 logre avanzar hacia un nuevo acuerdo sobre el cambio climático que sustituya al Protocolo de Kyoto.

Si la cumbre de Londres termina con un acuerdo sobre medidas claras, se transmitiría confianza a los mercados mundiales y se otorgaría a las instituciones multilaterales el poder y los recursos que necesitan para ayudar a reactivar la actividad financiera, el comercio mundial y, por extensión, el crecimiento económico. Si no se consigue, parece probable que la peor recesión de las últimas décadas empeore aún más... y se alargue en el tiempo.

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