<B>¿Cuánto vale una red?</B>

Enrique Dans. Profesor. Instituto de Empresa

21 Marzo 2004

Determinar el valor de una red depende de variables como el tamaño, la información que contenga y el nivel de permiso para acceder a esa información.

¿Cuánto vale su agenda personal? ¿O la lista de clientes de su empresa? La pregunta tiene su gracia. Eso del valor tiene dimensiones muy diferentes, es un concepto elusivo. Además, parece lógico pensar que algo como, por ejemplo, mi red de contactos, tiene un valor determinado para mí, pero otro diferente, menor o mayor, para otra persona.

Hace no mucho tiempo, un Profesor de Columbia, Duncan Watts, recibió bastante atención por un experimento que demostraba hasta que punto la tecnología había “empequeñecido” el planeta: el proyecto SmallWorld demostraba que dos personas cualesquiera del mundo estaban a un máximo de seis grados de separación. Mediante seis mensajes de correo electrónico, podemos llegar a quien nos de la gana. Otras personas que han explorado el tema son, por ejemplo, Metcalfe o Reed. Sus leyes enuncian que el valor de una red es igual a funciones exponenciales de su número de usuarios, corregidas por determinadas factores tales como la deducción del propio número de usuarios (para evitar asignar valor al contacto de una persona consigo mismo) o la consideración del tipo de red (redes uno a uno, frente a redes uno a muchos, o redes de muchos a muchos).

El caso es que empiezan a aparecer en la Red proyectos interesantes, como Spoke en Estados Unidos, o eConozco en España, que, desde mi punto de vista, toman elementos interesantes de los dos párrafos anteriores. La idea es sencilla: entra en la red, e invita a tus amigos y contactos. Ellos, a su vez, introducen los suyos, de manera que se empieza a construir tu red, que alcanza, siguiendo la idea de Small World, lugares insospechados. Lógicamente, esto no se hace por hobby, sino esperando alcanzar un cierto valor. En lugar de residir un contacto en mi memoria y, muchas veces, originarse en la casualidad de una conversación, paso a tener un mapa detallado y ordenado de mi red de contactos, de manera que si, por ejemplo, quiero llegar a determinada persona, puedo ver si mi red llega a ella, y cual podría ser la ruta adecuada.

Política de privacidad

Obviamente, todo se asienta en una política de privacidad necesariamente impecable, y en un modelo de negocio basado en el desarrollo de servicios de valor añadido para los miembros de la red. Es pronto para decir si estos modelos funcionarán bien o no, pero de entrada, son una lección de negocios en la nueva economía: no sólo utilizan perfectamente el marketing viral (la petición de unirme a la red me llega de un amigo, o normalmente de varios), sino que, además, aplican un principio que ya hemos visto unas cuantas veces en Internet... construye red, porque la red tiene un valor. ¿Cuánto vale la red? Como gallego que soy, no puedo sustraerme a una respuesta de gallego: depende.

Podemos aproximarnos al valor de una red mediante unas cuantas variables concretas. La primera de ellas tendrá que ver, seguramente, con el tamaño, con el número de integrantes. No es lo mismo la red de una persona socialmente activa, que la de un anacoreta. En el caso de una empresa, cuantos más clientes tenga, mejor. Pero entra entonces una segunda variable, no de cantidad, sino de calidad: clientes, sí, pero ¿con cuánta información? Ante dos redes con idéntico número de miembros, parece razonable que aquella que tiene registros de mayor calidad, con una cantidad mayor de información, valga más que otra. Por último, una tercera variable: el nivel de permiso.

Tampoco será lo mismo la red de una empresa cuya relación con sus clientes se limite a llenarles de gasolina el tanque, que una que gestione, por ejemplo, sus finanzas personales. Si alguien roba mi agenda en un bar, por ejemplo, tendrá una red con un alto número de contactos, y con bastante información de la mayoría de ellos, pero con un nivel de permiso seguramente nulo (“sí, hola, buenos días... te llamo porque tengo tu número de la agenda de Enrique, al que se la robé en un bar, y...” No, me temo que no funciona)

Visto así, las lecciones de eConozco parecen muy interesantes: primera, trate de tener una red lo más grande posible. Segundo, intente tener una alta “intensidad informativa”, un buen “modelo de información”. Y tercera, relaciónese con sus clientes para aumentar su nivel de permiso. En una economía en red, estas parecen ser parte de las nuevas reglas del juego.

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