Alegato por la neutralidad de la red

Enrique Dans. Profesor. Instituto de Empresa

2 Octubre 2006

La falta de cadenas ha permitido a Internet cambiar el mundo. Pero las grandes compañías amenazan su independencia y, con ella, su identidad.

El debate sobre la llamada “neutralidad de la red” (net neutrality) es de los más encarnizados que se están viviendo en Estados Unidos. Y de los más cruciales en sus consecuencias: está en juego, nada más y nada menos, que el futuro de Internet como lo conocemos y la supervivencia de las características que le han permitido llegar a ser lo que es hoy. La net neutrality existe desde los orígenes de Internet: una red universal donde la información circula en paquetes que pueden tomar diversas rutas para, posteriormente, unirse en el punto de destino, con total independencia de su contenido.

A efectos de la red, todos los paquetes, sin importar su origen, son exactamente iguales. La red es una infraestructura completamente neutra, sin intermediario alguno entre quién envía y quién recibe. Gracias a este escaso grado de control y regulación, la red ha sido capaz de alumbrar la más grande de todas las revoluciones, se ha convertido en el vehículo de transmisión de información más eficiente de la historia de la humanidad, y ha permitido que pequeñas startups compitan directamente con las mayores compañías del mundo, como se ha demostrado por ejemplo, en el caso de la voz sobre IP (VoIP).

[*D Gracias al escaso grado de control gubernamental, Internet ha alumbrado la más grande de todas las revoluciones *]

Contra esta libertad están los partidarios de abolir la neutralidad de la red, en su mayoría, compañías de telecomunicaciones y sus lobbies de poder, que han revestido su identidad como pretendidas asociaciones de consumidores en defensa de una no intervención gubernamental. En realidad, las pretensiones de este oligopolio de compañías -que se dedican a explotar unas infraestructuras construidas en gran medida gracias a los subsidios gubernamentales- son conseguir un control efectivo sobre lo que circula en la red y cómo lo hace, arrogándose el derecho de otorgar mejores condiciones a aquellos que paguen más.

[*D Las grandes compañías, con la excusa de una mayor eficiencia, quieren crear una estructura de pago por uso *]

Su oferta pretende, tras la excusa de construir “una Internet más eficiente”, crear una estructura en capas, y permitir el acceso a dichas capas a cambio de un pago por uso. La realidad es que estas compañías, hartas de una estructura de la red que les impedía controlar lo que circulaba por ella, han decidido cambiar el sistema para no ser meros transportadores neutros y poder ejercer un poder omnipresente sobre lo más importante que tiene hoy el hombre: la capacidad de comunicarse y de acceder a información.

[*D Corremos el peligro de caer en una red dominada por los dueños de la infraestructura, que decidirán qué circula por ella *]

Para dar una legitimidad a su mensaje, los partidarios de esta opción la revisten de un falso liberalismo, llegando a afirmar de manera hipócrita que la net neutrality supone un grado mayor de regulación gubernamental, una cortapisa a la iniciativa privada. En realidad, la net neutrality supone, precisamente, dejar las cosas como están, y mantener los mismos niveles de ausencia de control gubernamental y regulación que han llevado a Internet al fastuoso nivel de libertad, difusión y crecimiento que tiene hoy en día, frente a una red controlada por los que poseen la infraestructura y quieren decidir qué circula por ella.

Se trata de un debate crucial a la hora de definir de qué manera accederemos a información y nos comunicaremos en el futuro a través de Internet. Sin duda, una decisión fundamental.

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