Bienvenido Señor Presidente

Fernando Fernández. Profesor. IE Business School

8 Marzo 2011

Más por obligación que por devoción, José Luís Rodríguez Zapatero ha empezado a aplicar las reformas necesarias. Pero cuidado, todavía queda mucho camino por recorrer.

José Luis Rodríguez Zapatero ha visto la luz y se ha vuelto reformista, como demuestran tres recientes e importantes pasos que ha dado: el acuerdo de pensiones, un esquema de recapitalización del sistema financiero y un principio de acuerdo para ampliar la reforma laboral.

Aunque se trata de pasos con imperfecciones, y en algunos casos con aspectos preocupantes, en conjunto significan un acercamiento a la ortodoxia económica que no puede pasar desapercibido. Parece que, al final, los denostados vigilantes del mercado de bonos han cumplido su función y han evitado el suicidio económico del país.

[*D Forzado por la realidad, el Gobierno ha aceptado reformar las pensiones, las cajas y el mercado laboral. Pero ahora tampoco podemos caer en falsas expectativas. *]

Éste queda reflejado en las cifras de desempleo del cuarto trimestre de 2010, que nos han devuelto a la realidad y explican el giro sindical tanto o más que lo que hayan podido arrancar en otros aspectos de la negociación: una tasa de paro desestacionalizada del 22,5%, cuatro millones setecientos mil parados, subrayan el dramatismo de una intolerable situación.

Constatado el abandono, esperemos que definitivo, del cerril sesgo ideológico de la política económica, hay dos aspectos sobre los que es necesario llamar la atención: las falsas expectativas y la fatiga del ajuste.

Que nadie espere que España recupere rápidamente fuertes tasas de crecimiento; que nadie espere que el desempleo baje significativamente este año; que nadie piense que la solvencia de las cuentas públicas está garantizada; que nadie crea que los diferenciales de deuda caerán rápidamente. La economía española crecerá en el mejor de los casos este año en el entorno del 0,5%. Con esa cifra todo lo anterior es particularmente difícil y requerirá mucha perseverancia por parte del Gobierno, de los distintos Gobiernos, y mucha disciplina por parte de los agentes sociales.

[*D Que nadie espere que España recupere rápidamente el crecimiento, ni el empleo, ni la seguridad de las cuentas públicas: sigue haciendo falta mucha disciplina. *]

La fatiga del ajuste es un término acuñado en los noventa para referirse a países que habían hecho sus deberes económicos pero no cosechaban los frutos. La insatisfacción se transformó en contestación social y abandono de la ortodoxia. Ése es el peligro de un Gobierno que necesita resultados inmediatos. Y no se van a producir. Porque las reformas estructurales llevan su tiempo, y porque las medidas anunciadas habrán de ser reformadas nuevamente.

La reforma de pensiones, a pesar de suponer un recorte efectivo de la pensión media del 20%, es insuficiente, porque no se han introducido mecanismos automáticos de ajuste de la pensión a la demografía y a la propia salud financiera del sistema, y porque ha faltado coraje para decirle a la población que no hay ninguna posibilidad de que la pensión futura mantenga la tasa de reposición -el porcentaje entre pensión y salario en el momento de la jubilación-, y, por tanto, es necesario convencer de la bondad del ahorro previsional privado e incentivar las pensiones complementarias.

[*D Seguimos corriendo el riesgo de que la fatiga del ajuste lleve a contestaciones sociales, y éstas, a que el Ejecutivo dé pasos atrás que no podemos permitirnos *]

La reforma financiera es manifiestamente insuficiente en su cuantía, inadecuada en los plazos, excesivamente respetuosa con el status quo de sus actuales responsables y deliberadamente ingenua sobre la existencia de inversores interesados. Pero es un paso que obligará a otros muchos. De la negociación colectiva sólo sabemos que hay voluntad de llegar a un acuerdo, pero algo es algo, porque la situación laboral es insostenible.

En definitiva, será por convicción, para minimizar daños electorales o porque efectivamente la economía española ha sido intervenida, pero lo cierto es que hoy estamos un poco más lejos del precipicio. Hemos mandado un mensaje inequívoco a los inversores, pero ellos también han aprendido que la única manera de “hacer carrera” de este Gobierno es llevarle al límite. Que no tenga que volver a suceder.

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