El crecimiento en un incierto 2017

Rafael Pampillón. Profesor. IE Business School

31 Enero 2017

El nuevo año ha arrancado cargado de incertidumbres que afectan a todo el planeta, pero también de revisiones al alza de las previsiones de crecimiento económico.

El año 2017 estará marcado por mayores tasas de crecimiento globales, mayores niveles de inflación, aumentos en los tipos de interés y subidas del petróleo. Los últimos datos sobre evolución de la economía mundial son bastante más positivos que hace unos meses y, de hecho, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) revisó recientemente al alza las previsiones para 2016, hasta el 2,9%, y prevé un avance del 3,3% en 2017, y del 3,6% en 2018.

También en Europa, y a pesar del Brexit, las variables económicas mejoran. El Índice de Sentimiento Económico de noviembre elaborado por la Comisión Europea volvió a crecer, marcando un nuevo máximo en el año. Por su parte, la consultora Markit confirmó signos de recuperación en el Viejo Continente: el índice de gestores de compras (PMI, por sus siglas en inglés) del sector manufacturero de la zona del euro (UEM) registró su nivel más alto en noviembre desde comienzos de 2014, gracias a las exportaciones provocadas por la debilidad de la moneda única y a la mayor demanda interna.

En Estados Unidos (EEUU) también se notan signos de mejoría. En el tercer trimestre de 2016, su economía creció un 3,2% anualizado, frente a una media del 1% en los tres anteriores. En su informe de perspectivas, publicado a finales de noviembre, la OCDE revisó al alza las previsiones sobre el producto interior bruto (PIB) de este país para este ejercicio, hasta el 2,3% (dos décimas más), elevándolo al 3% en 2018.

Un crecimiento que se debe, en parte, a los planes de reactivación presupuestaria prometidos por Donald Trump, que tratará de dar un impulso a las inversiones en infraestructuras, por valor de 550.000 millones de dólares (la mitad del PIB español), y de recortar los impuestos de las empresas, al tiempo que anima a dedicar más gasto público a la formación de parados. Pero este estímulo podría quedar neutralizado por las barreras proteccionistas. Poner trabas a los intercambios comerciales haría caer algunas décimas el crecimiento del PIB global, ya que reduciría la asignación eficiente de recursos en la cadena de valor de la producción mundial.

Así, los organismos internacionales están proponiendo mayor inversión pública también en Europa, algo que consideran posible debido a las bajas tasas de interés que todavía existen. Especialmente en Alemania, y, sobre todo, en infraestructura de calidad. Porque, a pesar de que los indicadores muestran señales positivas, las previsiones de la OCDE para 2017 de los principales países europeos siguen siendo muy bajas: Alemania (+1,7%), Francia (+1,3%), Reino Unido (+1,2%) e Italia (+0,9%). Además, la OCDE estima mayores tasas de crecimiento para 2017, tanto para España como para algunos países emergentes, como India, del que se espera que pase del 7,4% en 2016, al 7,6% este año, y a 7,7% en 2018. La tendencia es inversa para China, cuyo PIB aumentará un 6,7% en 2016, un 6,4% en 2017 y un 6,1% en 2018.

Ese mayor crecimiento de la economía mundial podría provocar ascensos en el precio del petróleo, ayudando a la recuperación de los países exportadores, algunos de los cuales - Rusia, Venezuela o Nigeria- necesitan oxígeno para superar las penalidades de los dos últimos años.

El panorama para 2017 de los países de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) resulta alentador. Han acordado reducir su producción en 1,2 millones de barriles diarios para incrementar el precio, aunque, para que esta medida tenga el efecto esperado, los países productores no pertenecientes a la OPEP, como Rusia o Estados Unidos, deberían disminuir también su producción en unos 600.000 barriles diarios. La noticia de la decisión de la OPEP, publicada a finales de noviembre, ocasionó que el precio del Brent se incrementara en un solo día un 9% y, desde entonces, su revalorización supera el 20%.

Por lo anterior, los analistas vaticinan que, durante la primera mitad de 2017, el precio de este recurso se mantenga cercano a 55 dólares el barril, aunque Goldman Sachs espera que durante la segunda mitad del año el precio se modere debido a la reapertura de nuevos pozos.

En este contexto, las nuevas alianzas susceptibles de forjarse en 2017 entre Rusia y Estados Unidos, o mejor, entre Putin y Trump, podrían bajar la temperatura del conflicto de Siria, causante: a) de la gran inestabilidad política y bélica en aquella región, b) del grave problema de los refugiados que tiene dividida a Europa y 3) de que un sinnúmero de personas inocentes hayan perdido sus vidas o sido desplazadas de sus lugares de origen.

A pesar de la posible distensión en Oriente Medio, el Viejo Continente, cada vez más decrépito, no se va a librar de las continuas amenazas de ruptura de la UE. Por una parte, el Brexit, resultado de un claro nacionalismo, alumbrará más proteccionismo y la creación de barreras migratorias. A este respecto, en 2017, se requiere una negociación meticulosa y delicada entre Reino Unido y la UE, pero diligente también, para no prolongar de forma innecesaria la incertidumbre sobre el futuro de sus relaciones.

En esta misma área geográfica tenemos las elecciones de Francia y Alemania. La lucha por la presidencia de la República entre François Fillon y Marine Le Pen puede tener consecuencias catastróficas: Fillon propone cambios radicales en fiscalidad, jornada laboral, jubilación, y acercamientos a Rusia; mientras Le Pen se muestra más nacionalista y con una mano más dura en la contratación de extranjeros. En Alemania, tenemos por cuarta vez consecutiva a Angela Merkel como principal candidata al cargo de canciller, con el apoyo de más del 60% de la población. Sin embargo, la populista Alianza para Alemania cuenta cada vez con más adeptos.

A pesar de las incertidumbres que rodean el panorama económico del mundo, las previsiones de crecimiento para España se están revisando al alza. En 2017, nuestra economía seguirá en una fase expansiva, aunque con incrementos menos intensos que en 2016. El Gobierno y los servicios de estudios siguen elevando sus estimaciones para este año, hasta el 2,8%, superior, por tanto, a la media prevista de los países de la zona euro (+1,6%).

Para seguir manteniendo este ritmo, y teniendo en cuenta las incertidumbres globales, ¿qué debe hacer nuestro Gobierno?: Aumentar la capacidad productiva de la economía. ¿Cómo se consigue? 1) Con un sistema educativo que premie la excelencia y mejore la productividad, 2) Dotando a las empresas de más innovación, 3) Favoreciendo la inversión directa extranjera, 4) Eliminando el déficit público, 5) Consiguiendo una energía más barata, 6) Mayor unidad de mercado y 7) Facilitando a nuestras empresas la necesaria apuesta por la digitalización.

Son medidas que a la larga conseguirían transformar la economía española, estableciendo fundamentos sólidos para un crecimiento duradero. Se trata de adoptar un enfoque que mejore la productividad, alentando así la fase expansiva del ciclo a más largo plazo.

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