<B>El Frutero</B>

Enrique Dans. Profesor SI/TI. Instituto de Empresa

16 Marzo 2005

La reciente decisión de IBM de abrir quinientas de sus patentes ha cambiado el sistema hacia un modelo más eficiente. En un mundo que avanza, la capacidad de innovación es la mejor ventaja competitiva.

Recuerdo hace bastantes años, cuando una amiga que sabía que yo “andaba en eso de la tecnología” me llamó para que viese el negocio de su padre, donde tenían un problema de software. Era un puesto mayorista de fruta en Mercamadrid, donde el dueño, harto de ver como su hija en su ordenador hacía cosas sofisticadas y bonitas con herramientas sencillas, se preguntaba porqué no podía tener él, en su negocio, cosas que funcionasen así.

Me acerqué por allí con la mejor de mis voluntades, dispuesto a examinar el sistema. Pero la experiencia fue dramática. Me encontré unos ordenadores funcionando en algo extrañísimo, un sistema operativo en francés que a la sazón debían utilizar, o eso me parecía a mí, sólo en aquel puesto de frutas y en algún lejano satélite de Plutón. Fósforo verde sobre pantalla negra, y extraños arcanos para dar de alta artículos, precios, fechas… Cualquier error al meter algún código, visibles en un desgastado papel pegado a la pared, provocaba una crisis que “el listo de la empresa” tenía que ir y arreglar.

El programa era difícil, incómodo... mientras, en otros sitios, el padre de mi amiga veía sencillas pantallas táctiles, datos que podían llevarse a esas hojas de cálculo que veía hacer a su hija… La informática había cambiado, pero no para él. ¿Qué hacía que el frutero se encontrase en esa situación? Simplemente que la empresa desarrolladora del programa, había construido barreras a su alrededor, por ejemplo, usando un sistema operativo que nadie conocía, y vivía vendiendo programas y dando servicio si el programa, crítico para sus clientes, dejaba de funcionar.

[*D Algunos piensan que la mejor forma de incentivar la innovación es permitiendo a quien innova que erija barreras *]

En un nicho sin competencia, la empresa vivía “cosechando los frutos” de aquella innovación que hacía años había desarrollado, convertido en estándar, y rodeado de impenetrables barreras.

Algunos creen que en el capitalismo, la meta de una empresa es hacerlo tan bien, que llegue hipotéticamente a convertirse en un monopolio. Si es así, podría controlar la industria, regular su avance, y acomodarlo a sus intereses económicos, maximizando el rendimiento obtenido para sus accionistas. Para una empresa así, cualquiera que pretendiese cambiar el sistema que le ha permitido amasar sus ganancias sería alguien peligroso, un “comunista”. Pero esta semana ha aparecido IBM, poco sospechosa de comunismo y, en un movimiento sin precedentes, ha cambiado el sistema. Ha decidido, en lugar de construir barreras, abrir quinientas de sus preciadas patentes, en las que había invertido valiosos recursos, para que otros puedan trabajar sobre ellas.

[*D El valor debe derivarse de lo que una empresa hace cada día, no de la posición que consiguió con cosas que hizo hace tiempo *]

Algunos piensan que la mejor forma de incentivar la innovación es permitiendo a quien innova que erija barreras lo más altas posibles en torno a su creación. Y si te dedicas a cosechar los frutos de lo que un día innovaste, intentarás con todas tus fuerzas y harás lobby para que el mundo no cambie. Querrás seguir cosechando y, simplemente, reservarte “la merced” de dar al mercado otra de tus versiones cuando tú lo decidas. Pero esto no es lo correcto. El mundo podría progresar más de otra manera. El valor debería derivarse de lo que una empresa hace cada día, no de la posición que consiguió con cosas que hizo hace tiempo.

La decisión de IBM nos muestra que otro mundo es posible. IBM es “el gigante azul”, no “el gigante rojo”. No son comunistas. Pero sí creen que estarán mejor en un mundo que avanza, porque su gran capacidad de innovación les defenderá y se convertirá en su ventaja competitiva. Quieren definir el uso que se da a sus innovaciones, para que otros puedan trabajar sobre ellas y ayudarles a progresar. Y no es comunismo. Es, simplemente, un modelo más eficiente. Un modelo mejor.

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