El futuro de la economía china

Rafael Pampillón. Profesor. IE Business School

7 Abril 2010

Uno de los hitos económicos más destacados del siglo XX ha sido el espectacular despertar chino, pero el país se enfrenta ahora a varios retos que exigen cambios de fondo para mantener el crecimiento.

El auge económico de China es uno de los acontecimientos más destacados del siglo XX. Este auge está protagonizado por su fuerte potencial demográfico (con una población de 1.350 millones de habitantes), su elevada tasa de ahorro interna y la fuerte apertura al exterior, que le ha convertido en la primera potencia exportadora del mundo.

Desde 1978, la economía china se ha ido liberalizando poco a poco. Primero se desregularon, progresivamente, los precios. Después, se favoreció la inversión extranjera y se permitió la propiedad privada en las empresas. A partir del año 2001, se liberalizó el comercio exterior con la adhesión a la Organización Mundial de Comercio. Desde entonces, las relaciones comerciales de China con el resto del mundo han crecido de forma espectacular.

[*D China tiene todavía un fuerte intervencionismo estatal, pero no es una economía socialista: la mayoría de la producción se lleva a cabo en condiciones de sector privado y se comercializa a precios libres. *]

Como ha indicado Enrique Fanjul, ex consejero comercial de la Embajada de España en Pekín, en un artículo reciente, China tiene todavía un fuerte intervencionismo estatal en su economía, de eso no hay duda, y las empresas nacionales continuan desempeñando un papel clave. Pero no es una economía que se pueda considerar socialista: una parte mayoritaria de la producción se lleva a cabo en condiciones de sector privado y se comercializa a precios libres, y la tendencia es ir hacia un creciente peso de los elementos privados en el sistema económico.

Como consecuencia de la liberalización y de la apertura exterior, en los últimos 30 años el crecimiento del PIB medio anual de China ha rondado el 10%. Este año, 2010, cuando el mundo crecerá un 3,3%, China lo hará en un 10%. Lo que hará que siga ganando peso dentro de la economía mundial.

En los próximos años, la economía china seguirá disfrutando de un crecimiento económico notable aunque menor del experimentado hasta ahora, y una mayor apertura de sus mercados en el sector servicios será una de las bazas fundamentales para ese crecimiento.

La otra tendencia que, antes o después llegará, será la revaluación del yuan. Así, poco a poco, la demanda interna irá reemplazando a la demanda externa como motor del crecimiento económico, y este aumento del consumo interno mejorará notablemente el bienestar de la población. De hecho, la reducción del superávit exterior en los últimos años (pasó de un 11% del PIB en 2007 a un 6,4% el pasado año), confirma esa tendencia hacia un mayor consumo interno.
Otro tema pendiente es la libertad de expresión, que tendrá que ir avanzando al igual que lo hizo la reforma económica. La participación ciudadana en la política y en los medios de comunicación deberá ir avanzando hasta que China se convierta en una sociedad democrática.

Por último, China debe resolver el problema de la desigualdad. La OCDE, en su informe económico de China, afirma que es necesario impulsar programas sociales en áreas rurales y un aumento en la migración a las ciudades para reducir la desigualdad en la distribución de la renta.

[*D Antes o después, llegará la revaluación del yuan, y la demanda interna irá reemplazando a la externa como motor del crecimiento económico, lo que mejorará notablemente el bienestar de la población *]

De hecho, aunque el crecimiento económico vertiginoso del país durante más de tres décadas (1978-2010) ha sacado de la pobreza a cientos de millones de personas, los ingresos de quienes se sitúan en la parte más alta de la escala crecieron con mucha más rapidez que los del resto, lo que ha creado conflictos en una sociedad que en la época de Mao era una de las más igualitarias del mundo.

Las tensiones sociales han llevado al gobierno chino a intentar reducir la enorme diferencia de renta entre ricos y pobres. La constante emigración de los campesinos desde el campo a la ciudad les está permitiendo aumentar sus ingresos de forma significativa. La desigualdad del ingreso en China medida por el índice Gini —en la que cero es equidad perfecta (todo el mundo tiene la misma renta) y 100 es desigualdad absoluta (una sola persona tiene toda la renta)— era, según Naciones Unidas, de 49,6 en 2005. Sin embargo la OCDE, acaba de situar el índice Gini para China en 2007 en 40,8.

Las cifras de la OCDE indican que la desigualdad de China es menor que la de Sudáfrica, Brasil, Colombia, Bolivia, Sierra Leona, Rusia o México. Desde hace años, los organismos internacionales (FMI, Banco Mundial, OCDE, etc.) han instado a China a reducir la brecha de rentas y evitar así que se amplíe la desigualdad de su población. Una desigualdad que proviene, fundamentalmente, de la brecha en renta per cápita entre el campo y la ciudad. El año pasado, la renta anual per cápita en zonas urbanas era de alrededor de 2.500 dólares, más de tres veces los 750 dólares en áreas rurales, una proporción que subió durante la última década.

[*D Los principales retos que tiene por delante el país son una mayor apertura de sus mercados en el sector servicios, la libertad de expresión y la lucha contra las desigualdades sociales. *]

Gran parte de la brecha entre rentas urbanas y rurales se debe a que los trabajadores urbanos tienen más nivel educativo que los campesinos. La OCDE indica en su informe que el bajo nivel de deuda gubernamental de China le da capacidad para gastar más en programas sociales que mejoren la situación educativa y sanitaria en las áreas rurales, sobre todo, cuando, poco a poco, vayan desapareciendo los gastos públicos en proyectos de estímulo económico para salir de la crisis.

En estos momentos, el gobierno chino está aplicando políticas económicas de ajuste para evitar la aparición de burbujas inmobiliarias y bursátiles y el sobrecalentamiento de la economía, que crece mucho más rápida que la del resto del mundo. Estas medidas consisten en ir retirando el gasto público y controlando la situación monetaria y crediticia. De ahí que el aumento del gasto social, para reducir la desigualdad, deba ser compensado por reducciones en otro tipo de gasto público.

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