El injustificado pánico de los mercados

Rafael Pampillón. Profesor. IE Business School

28 Marzo 2016

Las previsiones de crecimiento no justifican el pánico que se está viendo en los mercados mundiales y, todavía menos, en el español.

Coincidiendo con momentos de enorme incertidumbre y volatilidad en los mercados financieros, el Fondo Monetario Internacional (FMI) publicó el pasado mes de enero sus previsiones de crecimiento económico para 2016 y 2017. El FMI habló claro entonces, arrojando un poco de luz sobre el futuro de la economía mundial: las previsiones de crecimiento no justifican el pánico de los mercados. Como consecuencia, éstos se tranquilizaron y el IBEX, por ejemplo, encadenó sus mayores subidas desde julio. Según el Fondo, la economía mundial aumentará su ritmo de mejoría en los dos próximos años: 3,4% en 2016 (frente al 3,1% del año pasado) y un 3,6% en 2017. Estas previsiones son inferiores a las que había realizado en octubre, pero eso no significa que estemos ante una brusca desaceleración de la economía mundial.

Los problemas de China

La principal causa de este deterioro hay que buscarla en China y en su dificultad para transformar su modelo económico. Desde hace años, el Partido Comunista está tratando de incentivar el consumo importando más y exportando menos, de modo que sus ciudadanos puedan disponer de una mayor cantidad de bienes y servicios que mejore su nivel de vida. Algo que se veía y se ve como muy necesario para satisfacer más adecuadamente las necesidades de una clase media pujante. Este cambio se está produciendo con dificultades, ya que el consumo y el sector servicios son, por ahora, insuficientes como para tomar el relevo de las exportaciones y la inversión. Y el resultado es un menor crecimiento económico de China.

Es cierto que el crecimiento del gigante asiático cayó en 2015 al 6,9%, su menor nivel de los últimos 25 años, pero ésa es la tasa que el Gobierno se había fijado como objetivo desde hacía tiempo. No obstante, la calidad y la transparencia de la información económica siempre ha generado incertidumbre entre los analistas, por lo que su tasa de crecimiento o la calidad de la cartera crediticia de su sistema bancario puede ser mucho mayor (o menor) de lo publicado. Lo cierto es que si China “estornudara”, el resto del mundo padecería una “gripe” considerable, dadas las fuertes implicaciones comerciales y financieras en una economía tan globalizada. Sin embargo, las autoridades chinas están aplicando políticas monetarias, fiscales y estructurales para evitar que el segundo motor de la economía mundial se “acatarre”.

Precio de las materias primas

Como China es el mayor comprador mundial de materias primas, el frenazo en su tasa de crecimiento económico está provocando una caída brutal de sus importaciones y, como consecuencia, un recorte en los precios de las materias primas. Desde abril de 2011, éstos han disminuido más de un 60%, situación que beneficia a los países importadores como España, pero que debilita, en cambio, las perspectivas de crecimiento para los exportadores, como es el caso de la mayor parte de los países de América Latina. De ahí que, este año, América Latina y el Caribe seguirán en recesión (-0,3%), a consecuencia, por un lado, de la caída de precios de las materias primas, pero también de las menores exportaciones hacia China, de la fuga de capitales hacia Estados Unidos y, por último, de la fuerte contracción de Venezuela y Brasil. 

De hecho, para la economía brasileña, la mayor de América Latina, se pronostica un retroceso del 3,5% en 2016 y un estancamiento  económico (0,0%) para 2017. Brasil está sufriendo graves problemas económicos y políticos que, desgraciadamente, se han ido agravando en los últimos meses. Sus exportaciones se están reduciendo por el deterioro económico de sus principales socios comerciales, así como por la caída del precio de las materias primas. Además, la inversión extranjera también ha disminuido por la pérdida de confianza en el país que ha provocado el escándalo de corrupción de Petrobras; y la agencia de calificación Standard & Poor´s (S&P) ha bajado de estable a negativa la perspectiva del rating de su deuda pública, que se sitúa así en BBB-. S&P sigue los pasos de Fitch que ya rebajó, en octubre del año pasado, la solvencia de la deuda pública brasileña, dejándola apenas un escalón por encima de la categoría de “bono basura”.

EEUU: síntomas de agotamiento

Para Estados Unidos, el FMI también revisa a la baja las previsiones de crecimiento en 2016 y 2017. Este recorte se debe, por un lado, al encarecimiento del crédito a empresas y familias debido a la política monetaria más restrictiva que está aplicando la Reserva Federal; por otro, al efecto negativo que la fortaleza del dólar está teniendo sobre las exportaciones americanas; y, por último, a la reducción del sector industrial provocada por la caída de la inversión en el sector petrolero.

Desgraciadamente, Estados Unidos puede ser un “cisne negro” en 2016. Nadie se atreve a decirlo muy alto, pero los mercados están dando por descontado que se avecina una recesión sobre esta economía. Una razón es que su actual expansión económica es la cuarta más prolongada de su historia y ya está mostrando signos de madurez y declive. Y, aunque los datos de creación de empleo, confianza del consumidor y construcción de viviendas siguen siendo buenos, el mercado de valores está anticipando el agotamiento de la fase expansiva.

Europa y España mejoran

En cambio, para la Zona Euro, el FMI se muestra optimista y revisa al alza el crecimiento estimado para 2016 (hasta  dejarlo en el 1,7%). Las buenas predicciones para Alemania y España compensan el recorte de las perspectivas para Francia. Así, nuestro país vuelve a ser una de las economías más favorecidas en las nuevas previsiones del FMI: el crecimiento estimado del PIB es ahora del 2,7% para 2016 y del 2,3% para 2017, superando las publicadas el pasado mes de octubre. Las estimaciones del organismo para este año coinciden con las de la OCDE y con el consenso de FUNCAS, que apuntan también a un 2,7%. 

Sin embargo, intentar prever el comportamiento futuro de la economía española no resulta nada fácil. Hay demasiadas y muy diferentes incertidumbres. No sabemos quién gobernará España ni cómo será su política impositiva, de gasto público, salario mínimo y unidad de mercado; tampoco sabemos cómo evolucionará a lo largo del año el precio del petróleo, el mercado inmobiliario y el tipo de cambio del euro con respecto al dólar. Estas inseguridades internas y externas pueden influir en la confianza de los empresarios y consumidores y, por tanto, en la actividad económica y en el empleo.

De ahí que en estos días de desasosiego se deba subrayar que España está ahora mejor preparada que en 2008, cuando comenzó la crisis. La actividad económica de nuestro país se está beneficiando por las reformas aplicadas durante los últimos años y alabadas por el propio FMI. España dispone de un sistema financiero solvente, un menor déficit público y muchas más empresas que exportan de forma regular (aquellas que lo hacen, al menos, durante cuatro años seguidos).

El nuevo gobierno de España va a recibir una economía más saneada y mucho más abierta al exterior que la que heredó el saliente, un punto de partida que le permitirá continuar con unas reformas que podrían situar a nuestro país en la vanguardia de las economías industrializadas.

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