El juego de la liquidez y la codicia

Hugo Dixon. CEO y fundador de Breakingviews.com

3 Julio 2007

El pasado 31 de Mayo Hugo Dixon, CEO y fundador de Breakingwiews.com, participó en el World Affairs Seminar 2007 del Master of International Legal Practice, con una ponencia sobre Finanzas globales y el juego de la liquidez, cuyo resumen ha escrito para IE Focus.

Los signos que delatan un aumento del nerviosismo en los mercados no tienen pérdida. Por ejemplo, hace pocas semanas, la rentabilidad de los bonos a diez años del Tesoro estadounidense superó fugazmente el 5,25%, después de que los inversores se dieran cuenta de que la inflación y los tipos de interés avanzan al alza en todo el mundo. A pesar de datos como éste, no parece probable un estallido inminente de la burbuja de liquidez que viven los mercados.

Y no parece que vaya a ocurrir porque la liquidez va más allá de la evolución de los tipos. Lo mejor es entenderla como la disposición a entrar en el juego financiero, prestando, pidiendo y apostando capital. Y aunque es cierto que esa disposición a jugar depende del dinero que haya en el mercado, se trata sólo de una cara de la moneda. La otra, más importante, es tener ganas de correr riesgos. Si no, ¿cómo se explica que los tipos de interés lleven subiendo18 meses en prácticamente todo el mundo, pero en el mismo periodo también haya subido la liquidez?

[*D Cuando la codicia supera al miedo, suben los mercados; cuando el miedo puede más que la codicia, los mercados bajan. *]

Las ganas de correr riesgos responden al equilibrio entre codicia y miedo. Cuando la codicia supera al miedo, suben los mercados; cuando el miedo puede más que la codicia, los mercados bajan. Hoy todo apunta a que está aumentando el miedo. De hecho, la mayoría de los grandes operadores están convencidos de que los precios de los activos cotizan por encima de su valor fundamental. Sin embargo, la codicia está aumentando todavía con mayor rapidez y, por tanto, lo que podríamos denominar codicia neta continúa sin apearse de la tendencia alcista.

Además, la codicia es una enfermedad infecciosa: no hay rico que ceje en el empeño de hacerse todavía más rico. Gestores de fondos de inversión libre, barones de la adquisición con apalancamiento (LBO), bancos de inversión y oligarcas; todos ellos miran a su alrededor y ven a otros ingresando todavía más ganancias que ellos. La globalización financiera ha engendrado una pandemia de codicia de dimensiones mundiales que a su vez ha encontrado la horma de su zapato en una vorágine de ostentación consumista.

Para los fondos de inversión libre, las empresas de LBO e incluso los bancos, las cifras que pueden ganar cuando los mercados suben son mayores que las cifras que pueden perder cuando éstos bajan. Y es bastante más fácil lanzarse a hacer un número de equilibrismo sobre el alambre cuando se sabe que abajo está la red. El problema es que esa red de seguridad sólo se les tiende a quienes juegan desde dentro; los de fuera, los que en última instancia aportan el capital, hacen equilibrios en el vacío.

Los gestores de fondos de inversión libre y el capital inversión, las dos especies dominantes de la jungla financiera moderna, encuentran su recompensa en las llamadas primas sobre beneficios. Habitualmente se embolsan el 20% de los beneficios cuando las cosas pintan bien. En cambio, cuando van mal, no tienen nada que ver con las pérdidas. Esta apuesta en sentido único dispara la codicia y capa el miedo.

[*D Actualmente, gestores de fondos, bancos y firmas de LBO juegan con unas redes de seguridad que reducen su miedo *]

Los bancos también trabajan con incentivos sesgados. Los grandes nombres que ocupan el centro del sistema ya no conceden préstamos como antes, asumiendo ellos mismos el riesgo de moras e impagos, sino que se limitan a originar préstamos y embolsarse sus pingües tasas: los préstamos en sí se colocan en otras entidades cuanto antes. Mientras los banqueros tengan la posibilidad de jugar a esta especie de tú la llevas, su riesgo es nulo.

¿Y las entidades donde colocan los préstamos? En muchos casos, los proveedores de deuda (sobre todo para operaciones LBO) son obligaciones prestatarias colateralizadas (CLO) y fondos de inversión libre especializados en créditos: también ellos hacen caja firmando contratos en serie. Como prácticamente no operan con capital propio, sus ganas de correr riesgos también presentan tintes sesgados.

Esta especie de juego de las cunitas realizado con un hilo de apuestas en sentido único no se limita a actuar como una anestesia del miedo, puesto que al mismo tiempo alienta la acumulación compulsiva de activos. Que el público te permita sin reparos jugar al cara, gano yo; cruz, pierdes tú con un billón de dólares es fantástico, pero si son veinte billones a falta de uno.

[*D Un día, los capitales más poderosos concluirán, como ocurrió en 2001, que es más fácil ganar jugando a corto. *]

Dedicarse a acumular fondos cada vez más grandes, eso sí, no es suficiente. Para embolsarse sus primas, los fondos de inversión libre y el capital inversión también necesitan movilizar sus fondos con rapidez y contabilizar beneficios. Esta acumulación y movilización compulsiva de activos acabará, tarde o temprano, por recortar los rendimientos y con ello sus valores fundamentales, pero en el corto plazo la consecuencia es justo la contraria: la adquisición de activos hace que suban los precios.

Predecir cuál será el factor que haga estallar la burbuja resulta difícil, pero es posible dibujar los posibles escenarios. Quizás al final la clave esté en la subida de los tipos, o puede que se produzca una crisis política de alcance mundial (un encontronazo con Rusia), o una crisis en el seno del sistema financiero (por ejemplo, si una LBO importante se topa con problemas). Llegará el día en que los capitales más poderosos lleguen a la conclusión, como ya ocurrió en 2001, de que es más fácil cosechar las ganancias jugando a corto que al largo. Pero no parece que de momento se acerque el fin del juego. Y no, no es una perspectiva halagüeña: cuando por fin estalle la burbuja, seguramente salpicará más que ahora.

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