<B>El modelo alemán de asistencia pública</B>

Stefanie Müller. Corresponsal en España de Wirschaftswöche

21 Noviembre 2003

La asistencia a las personas mayores se ha convertido en uno de los principales problemas de la sociedad, debido al imparable envejecimiento de la población. Para financiar las prestaciones que dicha atención requiere, el gobierno español se plantea adoptar algunas de las pautas del modelo alemán.

Las personas viven cada vez más, y esta longevidad tiene un coste. Por ello, el estado alemán creó en los años noventa el seguro de asistencia. Los trabajadores han de aportar el 1,7% de sus ingresos mensuales brutos. De este modo, pretende evitarse que las personas mayores que precisan cuidados se conviertan en una carga para los seguros sanitarios públicos. Este seguro también beneficia a las propias familias que, a causa de los elevados costes de las residencias de ancianos privadas, acogen a los mayores en sus casas. El seguro, que prevé tres niveles según los cuidados que sean necesarios, hace posible que las familias puedan contratar personal que se haga cargo de las personas mayores y enfermas. Así, también podría cofinanciarse la atención en un hogar privado.

El gobierno español está cada vez más interesado en el modelo alemán, ya que la Asociación de Padres de Familia, que asumía hasta ahora la atención a los ancianos, está atravesando un mal momento. La incorporación de la mujer al mundo laboral ha sido otro de los desencadenantes. Además, tampoco aquí se considera ya algo natural que las diferentes generaciones vivan bajo el mismo techo, lo que se suma al hecho de que cada vez más familias viven en distintas ciudades.

Ante esta situación, que el estado español aporte alguna solución es ya inevitable. El número de plazas disponibles en las residencias de ancianos públicas es claramente insuficiente. La tasa de natalidad es una de las más bajas del mundo mientras que, la esperanza de vida es la mayor de la UE. Todo ello sin olvidar que España es la patria de alrededor de dos millones de jubilados europeos procedentes de Alemania, Inglaterra y los países escandinavos. En 2005, según los cálculos de los expertos, podrían ser ya cinco millones de extranjeros los que elijan España como residencia para su retiro. Muchos de ellos ya se han inscrito aquí oficialmente, sólo entre los alemanes son unos cien mil. Si con la jubilación de su país ya no pueden cubrir su propio seguro, el estado español tendrá que acudir en su ayuda.

Residencias de ancianos

Por cada cien ciudadanos de más de 65 años están disponibles sólo tres plazas en residencias de ancianos. Es notable también la falta de personal asistencial, debido en parte, a que no existe ninguna formación oficial lo que ocasiona no sólo falta de mano de obra cualificada sino también malas remuneraciones. Según denuncia la Asociación Española de Servicios para Personas Mayores, las escasas plazas disponibles están pensadas fundamentalmente para casos sociales. "La amplia clase media española tiene un gran problema: no accede a las residencias públicas y no puede permitirse las residencias de lujo privadas", afirma el Presidente de la Asociación, Antonio Molina.

En cualquier caso, no será sencillo aplicar el seguro de asistencia del modelo alemán. El sistema social germano funciona según el principio de solidaridad y es, desde siempre, un contrato generacional: aquellos que tienen más, también deben pagar más. Los jóvenes se ocupan con sus aportaciones de que los ancianos actuales estén atendidos, aunque estos no hayan contribuido al seguro de asistencia. Los trabajadores actuales no tienen ninguna garantía de que en el futuro puedan acceder a las mismas prestaciones. En Alemania, la carga de los gastos sociales es soportada a partes iguales por el trabajador y el empresario, mientras que en España las empresas soportan casi todo el peso. A esto hay que sumar que el sistema español se financia, en un 50%, por medio de los fondos generales recaudados.

El seguro de asistencia alemán, al que también deben contribuir los pensionistas, funciona con una fuerte influencia del principio de solidaridad. Mediante el sistema de cotización porcentual los que más ganan han de pagar más. Según los planes de reforma del gobierno alemán, el tipo de cotización no solo se adaptará a los crecientes costes asistenciales y de la vida, sino que los matrimonios sin hijos y los padres cuyos niños ya hayan crecido, deberán pagar una cuota adicional de dos euros al mes. Queda en el aire saber si la sociedad española, que está acostumbrada a controlar su destino en gran medida por sí misma, sin confiar excesivamente en el estado, está dispuesta a firmar este pacto de solidaridad.

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