El nuevo sendero de los ordenadores

Enrique Dans. Profesor. IE Business School

7 Septiembre 2009

El concepto de ordenador, tal y como lo conocemos hasta ahora, está a punto de quedar sepultado por la montaña de realidad que representa Internet y la nueva forma de trabajar en red que nos ofrece.

El anuncio del proyecto de Google de lanzar un sistema operativo, Google Chrome OS, no es un anuncio más en el marasmo hiperactivo de noticias tecnológicas. Este anuncio supone un cambio de concepto que afecta a la definición de ordenador y de lo que hacemos con él. Algo que va a cambiar nuestra forma de trabajar.

Durante años, un ordenador era la máquina que se utilizaba para hacer las mismas cosas que se hacían sin ella, pero más rápido, de forma más eficiente. Un procesador de textos era una máquina de escribir postmoderna, que brindaba resultados estéticamente mejores en un tiempo menor, al diferir la tarea de composición de la de impresión. Una hoja de cálculo era una “calculadora con esteroides”, que evitaba la repetición secuencial de cadenas de operaciones al situarlas sobre coordenadas. Un programa de contabilidad o nóminas era la forma de desarrollar rápidamente un proceso mensual tedioso y repetitivo.

[*D Cuando Google anuncia el proyecto de lanzar su sistema operativo, Google Chrome OS, anuncia el fin de la informática del siglo pasado y la llegada de una nueva forma de trabajar. *]

Para el trabajador, un ordenador era una máquina para hacer lo mismo, pero más rápido. Y para ello necesitaba un hardware, un sistema operativo y unas aplicaciones. La informática del siglo pasado: compra un ordenador, vendrá con un sistema operativo grande y gordo, “que tiene de todo” (¡hasta una calculadora y un solitario!) y después compra los programas para que “haga cosas”.

De un tiempo a esta parte, los ordenadores son algo diferente. Su componente fundamental ya no es la memoria o el disco duro, sino la conexión a Internet. Si ésta no funciona, nos vamos a casa, porque “el ordenador no va”. En realidad, el ordenador funciona perfectamente, pero sin red, simplemente, ya no tiene sentido. El ordenador se ha convertido en una ventana a la red, y ha tomado formas de todo tipo, ha mutado en forma de portátil, de netbook, de smartphone... Todos ellos, dispositivos para conectarnos a la red y hacer cosas en ella en función de la interfaz que nos brinden.

[*D El componente fundamental de los ordenadores ya no es la memoria o el disco duro, sino la conexión a Internet, se ha convertido en una ventana a la red y ha tomado formas de todo tipo. *]

Ahora, si escribes un documento en un procesador de textos “de los de antes”, y al terminar envías el archivo a un colaborador para que lo complete o modifique, sabes que con eso te estarás definiendo como un Cro-Magnon tecnológico, que el simple proceso de enviarle una copia del documento por mail será un error. Porque no quieres enviar una copia, y todavía menos, que a partir de ese momento haya dos innecesarias copias del documento que evolucionan independientemente. En realidad, lo que deseas es enviar un enlace al mismo documento y, con el adecuado control de los cambios, poder trabajar sobre él. Compartirlo, escribir cada persona en una parte del mismo en tiempo real y, al terminarlo, publicarlo en la red o enviarlo a su destinatario final. Y en medio, haber podido trabajar desde el ordenador de casa, del trabajo, de un amigo, de un hotel, en el portátil o el teléfono móvil, sin que ello suponga ningún problema, ni ninguna tribulación sobre dónde diablos está el documento.

Es la red como proceso, como soporte de nuestro trabajo, con sistemas operativos absolutamente insignificantes, que arrancan en segundos y nos permiten acceder a todo nuestro trabajo, compartirlo con otros, o archivarlo de manera más segura que en ese ordenador que nos pueden robar o se nos puede perder. Un nuevo concepto al que conviene que se vaya acostumbrando, porque tiene ventajas indiscutibles.

[*D Los documentos ya no viven en un disco duro: lo hacen en la red, y a ésta se accede desde cualquier sitio. Se abre un universo de posibilidades, sin las limitaciones del sistema anterior. *]

Cuando Google anuncia su sistema operativo, anuncia el fin de la informática del siglo pasado, la llegada de una nueva forma de trabajar. Cuando le diga a alguien que no puede mostrarle un documento porque lo tiene en el ordenador del despacho o en el de casa, estará quedando como un Cro-Magnon, porque los documentos ya no viven en un disco duro: lo hacen en la red, y a ésta se accede desde cualquier sitio. Con su sistema operativo, basado en Linux, Google da un salto importante en la manera en la que entendemos nuestra relación con los ordenadores y con Internet. Nuevos tiempos y nuevos conceptos preparados para que las empresas, y los profesionales, apalanquen su actividad sobre un universo de posibilidades, sin los engorros y las limitaciones del sistema anterior. Si no va cambiando su forma de trabajar, no será porque no se lo advertimos con tiempo.

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