El potencial de las inversiones alternativas

Rafael Hurtado. Profesor. IE Business School

19 Diciembre 2012

Los bajos tipos, la proliferación de vehículos de inversión y el auge de fondos soberanos dibujan un prometedor futuro para las inversiones alternativas.

 

Las inversiones alternativas han tenido un crecimiento muy intenso durante los últimos tres lustros y, además, su potencial de seguir aumentando el volumen gestionado es alto. Las razones del citado potencial son amplias y diversas. En primer lugar, muchos inversores institucionales, como planes de pensiones o compañías de seguros, buscan mejorar su ratio rentabilidad/riesgo, para lo cual, una estrategia que comúnmente implementan es la de adquirir activos que tengan poca correlación entre ellos, dado que la volatilidad de una cartera no es la suma de las volatilidades su sus componentes.

En este sentido, las inversiones alternativas, como por ejemplo las materias primas, el capital riesgo o los hedge funds, aportan o pueden aportar gran valor, ya que suelen tener baja correlación con los tradicionales mercados de renta variable y renta fija. Son muy numerosos los estudios académicos que muestran cómo al introducir inversiones alternativas en carteras mixtas de acciones y bonos se produce un incremento de la eficiencia de la misma, es decir, por cada unidad de riesgo se obtiene más rentabilidad, o para la misma rentabilidad se reduce el riesgo.

A la búsqueda de diversificación hay que añadir otros aspectos también relevantes. Por ejemplo, la actual política monetaria en Estados Unidos y Europa ha llevado a los tipos de interés a corto plazo a unos niveles muy reducidos, por lo cual, muchos inversores intentan buscar otros activos con capacidad de generar altos retornos.

Otro aspecto muy importante en el crecimiento de las inversiones alternativas es la gran cantidad de vehículos e instrumentos que se han creado para permitir y facilitar que muchos inversores, entre los que se incluyen los minoristas, puedan acceder a este tipo de estrategias, las cuales, hasta ahora, prácticamente sólo estaban destinadas a las instituciones o a patrimonios muy elevados.

Un ejemplo de los nuevos vehículos que facilitan el acceso a inversiones alternativas son los fondos cotizados (ETF) ligados a materias primas. Gracias a ellos, tener acceso a cobre, oro o azúcar está al alcance de cualquier inversor con mínimos conocimientos para operar en bolsa.

En relación a los hedge funds, es destacable que desde el comienzo de la crisis un importante número de gestoras ha lanzado fondos regulados en países de la OCDE y que éstos son comercializables entre clientes minoristas, pero que siguen estrategias muy similares a los citados hedge funds. Es una manera de poder comercializar estas inversiones alternativas de una forma activa a todo tipo de inversores.

En conclusión, los inversores van a seguir buscando activos que diversifiquen sus carteras de acciones y bonos. Es previsible que continúe el lanzamiento de instrumentos que den acceso a inversiones alternativas, y que las instituciones, gradualmente, aumenten su exposición a estos activos. Por todo ello es muy probable que los activos bajo gestión de las inversiones alternativas sigan aumentando.

Además, existen nuevos compradores de estos activos, como por ejemplo los fondos soberanos, que gestionan dinero procedente de regiones o países con superávit presupuestario. En mi opinión, el futuro de las inversiones alternativas es prometedor.

 

El País Via@iebusiness 27 de noviembre de 2012

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