El referéndum europeo en Francia

María López-Contreras. Profesora. Instituto de Empresa

27 Junio 2005

El no francés ha sido objeto de numerosos debates que, sin embargo, no han entrado a analizar sus causas. Francia es un país profundamente europeísta y el resultado de este referéndum no debe interpretarse como un no a Europa.

Ha ocurrido lo que muchos venían profetizando y lo que yo me he resistido a creer hasta el último instante: ha ganado el “no” en el referéndum francés sobre el “Tratado por el que se establece una Constitución para Europa”. Se ha escrito mucho sobre las previsibles consecuencias de ese “no”: la dificultad de que pueda entrar en vigor sin Francia; su eventual repetición; la irremediable vuelta a Niza; las repercusiones en el resto de los países que tienen pendiente la ratificación; las graves derivaciones en el euro y en la débil economía europea…. Pero poco o nada se ha hablado de las causas. Y, sin embargo, son éstas las que deben ser objeto de reflexión: sólo así podrá entenderse qué es lo que ha sucedido.

Francia es profundamente europeísta. Los franceses no sólo creen en la Unión Europea sino que la crearon. Que a nadie se le olvide. Lo paradójico es que el “no” francés es, mayoritariamente, un “no” de la izquierda que se autoproclama europeísta y que piensa que el proyecto de Tratado es demasiado liberal y poco integrador en materia social. Es un “no” que no es que no quiera, o no crea en la Unión Europea, sino que lo que ambiciona es justamente más integración. Por tanto, no nos equivoquemos: Francia no ha dicho “no” a Europa.

[*D Francia es profundamente europeísta. Los franceses no sólo creen en la Unión Europea sino que la crearon *]

Hace unos meses, antes del referéndum español, publiqué un artículo, analizando las causas de la abstención y el “no” en España, titulado “Contestar a lo que se nos pregunta” (Expansión, 18/2/2005). Pues bien, en mi opinión, lo que ha ocurrido es, precisamente, que los franceses han contestado a todo salvo a lo que realmente se les preguntaba porque, sin ser una consulta sobre su Gobierno o su Presidente, ha sido utilizado para castigar a ambos.

Y es que, por lo que se refiere a cuestiones puramente europeas, ni la liberalización de los servicios (directiva Bolkenstein), ni la deslocalización y el llamado “dumping social”, ni la entrada de Turquía en la Unión, ni los servicios públicos, ni los límites a las ayudas publicas – y estas han sido las cuestiones mas debatidas en Francia- tienen que ver con el proyecto de Tratado. Y todas ellas seguirán ahí, aunque no se apruebe la Constitución porque el proyecto de Tratado en nada las cambia.

En realidad, el proyecto del Tratado es poco más que una codificación de todos los anteriores que, además, procura simplificar los instrumentos jurídicos y los procedimientos de decisión. No hay cesiones importantes de nuevas competencias a las instancias europeas como, por ejemplo, en Maastricht.

[*D Los políticos, europeos y nacionales, tienen que hacer bien sus deberes y conseguir que Tratado termine siendo aprobado *]

Y las novedades van por el camino de una mayor integración, en la que los franceses están de acuerdo: se añade la Carta de los Derechos Fundamentales, se continúan incrementando los poderes legislativos del Parlamento Europeo, se reducen todavía más los ámbitos en los que se mantiene la unanimidad…

Y siendo esto así ¿por qué los franceses han votado ‘No’ a una reforma que es mucho menos sustancial que la de Maastricht, donde, al final, ganó el “si” aunque por un escaso margen?

Dos son, en mi opinión, las respuestas: primero, ha sido un error denominar “Constitución” a un proyecto de Tratado que no hace más que codificar y reformar tratados anteriores. Los ciudadanos entienden por “Constitución” algo bien distinto, lo que ha creado una enorme confusión. Segundo: éste no está siendo el fracaso ni del proyecto de Tratado ni de Europa, sino más bien el de los partidos y el de los Gobiernos. Es cierto que los seguidores de ese “no europeísta” –romántico, irrealista e irresponsable- no han ayudado. Pero es cierto también que los políticos no han sabido explicar a la ciudadanía lo que es y lo que no es este Tratado, no han sabido rebatir las innumerables falacias que se han vertido en las campañas del “no”, no han sabido hacer sencillo algo tan complejo como un texto jurídico que consolida todo lo anterior, no han sabido transmitir a los europeístas –y los franceses, insisto, lo son- que sólo apoyando este Tratado podrá la Unión, podrá Francia, exigir una integración mayor, también en lo social.

Toca ahora a los políticos, europeos y nacionales, hacer bien sus deberes y conseguir que este proyecto de Tratado- que es un buen proyecto pese a sus deficiencias- termine siendo aprobado por todos los europeos, franceses incluidos.

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