En qué país vivimos

Rafael Puyol. Vicepresidente. Fundación IE

7 Abril 2010

La actualidad política española, marcada por los trajes de un político o las cazas furtivas de otro, deja en la cuneta los problemas reales del país -paro, consumo, hipotecas- y lleva a preguntarse en qué país vivimos.

Somos muchos los españoles que asistimos, estupefactos, a un infausto espectáculo político-mediático que ensombrece nuestros días. Pareciera que el país tiene que estar necesariamente interesado en si un político costea sus trajes, otros son presuntamente espiados o un ministro caza sin licencia en compañía inconveniente.

Y que nadie me interprete mal. Quien se hace un traje debe pagarlo, nadie puede ser espiado sin justificación legal, ni un cazador puede ejercitar su afición sin licencia y compartirla con quien no debiera.

[*D Somos muchos los españoles que asistimos, estupefactos, a un infausto espectáculo político-mediático que ensombrece nuestros días. *]

Lo que me preocupa es elevar a la condición de asuntos decisivos cuestiones muy por debajo de las cosas verdaderamente importantes que están sucediendo y a años luz de los temas que preocupan a los ciudadanos.

Sastres, espías y furtivos ocupan lugares demasiado relevantes en la discusión política mientras el país supera los cuatro millones de parados, los sueldos se congelan, la gente no puede pagar la hipoteca, sólo se venden coches subvencionados o llegar a fin de mes se convierte en misión imposible.

“Ubinam gentium sumus” –en qué país vivimos- decía mi viejo profesor de latín. La frase me recuerda aquella viñeta de Mafalda en la que, con su hermano Guille, observaba como sus padres se tiraban los trastos a la cabeza en la habitación de al lado. Su comentario cobra triste actualidad: Guille, le decía, “¿tú crees que estamos en buenas manos?”.

[*D El panorama político actual recuerda a aquella viñeta en que Mafalda observaba como sus padres se tiran los trastos a la cabeza y su hermano Guille dice: “¿tú crees que estamos en buenas manos?” *]

No lo estaremos mientras no haya remedios para los males verdaderos. Mientras no hagamos de los asuntos relevantes auténticas políticas de Estado. Mientras los servidores públicos no pasen de las ocurrencias a las ideas. Mientras no se superen las visiones pacatas del corto plazo y se piense más en la gente o en el país que en conservar el poder o ganarlo.

Estamos perdidos mientas los cortes de traje, los mata-haris o los cazadores sin licencia sigan ocupando las primeras páginas de los periódicos.

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