Estados Unidos, la locomotora del mundo

Ignacio de la Torre. Profesor. IE Business School

8 Diciembre 2014

Como si de una hilera de piezas de dominó se tratara, el alcance que tiene para la economía mundial la recuperación de Estados Unidos llega hasta el último rincón del planeta

“Si Estados Unidos estornuda, el mundo coge un resfriado” escuchaba de niño en un telediario.  La conclusión en sentido contrario es que si Estados Unidos acelera, su moción impulsa el crecimiento del resto del mundo.  Esta semana hemos aprendido que la economía de este país crece un 3,9% en términos anualizados. Observemos las importantes connotaciones que se derivan de dicho incremento.

Primero, el consumidor norteamericano representa casi una quinta parte del PIB mundial.  Así, si los norteamericanos no compran pantalones porque se han quedado en sus casas por las tormentas de nieve del primer trimestre de 2014, se trata de una mala noticia para el fabricante chino de pantalones, y también para la empresa de maquinaria alemana que exporta a China las piezas necesarias para generar la fabricación de dichos pantalones.

La fortaleza del mercado laboral estadounidense, unida a sueldos subiendo al 2% anual, impulsa el consumo, que crece cerca del 4%, o un 2% en términos reales.  Dado que Estados Unidos es el importador por excelencia, la reactivación del comercio mundial es consecuencia directa de la aceleración económica del país.  Así, la Organización Mundial del Comercio (OMC) estima que el comercio mundial duplicará su crecimiento desde el 2,5% en 2014 (afectado por el inusual primer trimestre estadounidense) hasta el 5% en 2015.  Es buena noticia para los exportadores, y también para la economía del planeta.

Segundo, las inversiones norteamericanas crecen con fuerza tras muchos años de atonía.  Dicho movimiento es consecuencia directa de la infrainversión vivida en los últimos años, de la fortaleza de la demanda (consumo, que incita a invertir para producir más, ya que se percibe que dicha producción se venderá) y del acceso a la financiación.  Las inversiones están correlacionadas con contrataciones, y de ahí se deduce más gente empleada y, por lo tanto, más consumo. Es un círculo virtuoso que acaba redundando positivamente de nuevo hacia el resto del mundo, por las importaciones asociadas a la inversión y al consumo inducido.

Tercero, la política monetaria de la Reserva Federal (FED), aunque esté diseñada teniendo primordialmente en cuenta los objetivos de Estados Unidos (control de precios y creación de empleo), ha sido muy provechosa para una parte relevante del mundo, especialmente Europa, en que la crisis ha resultado mucho más profunda que al otro lado del Atlántico.  El motivo es que los tipos de interés a largo de muchos países están muy correlacionados con los tipos a largo de Estados Unidos, que a su vez dependen de los tipos a corto (los que mueve la FED).  La Reserva Federal iniciará un ciclo de subidas, pero en principio éste será muy pausado en el tiempo, es decir que la política monetaria de Estados Unidos seguirá favoreciendo la recuperación de la demanda internacional.

Cuarto, como consecuencia de la aceleración económica del país y del menor crecimiento en el resto del mundo, el dólar continúa su escalada.  La consecuencia es un empeoramiento relativo de la capacidad estadounidense para exportar, y en consiguiente, una mayor facilidad para que los exportadores hacia Estados Unidos aumenten su actividad, lo que a su vez aumenta el PIB del resto del mundo.

Analicemos a continuación causas y consecuencias de estos postulados.

Por un lado, Estados Unidos tiene hoy en día un nivel de PIB (ajustado por precios) un 5% superior al que tenía antes de la crisis. La zona euro, con un tamaño de PIB similar (unos 17 billones de dólares), un 2,5% inferior. Además, la economía de Barack Obama crece al 4% y la nuestra al 0,6% en anualizado.  ¿Qué estamos haciendo mal?  Muchos puntos, pero dos son evidentes:

i)                 En Estados Unidos la financiación bancaria contribuye al crecimiento, en Europa aún no (lo hará en 2015), por haber mantenido un sistema financiero con relevantes episodios de balances falsos. Los norteamericanos recapitalizaron su banca en 2008, y de ahí se deduce que su sistema bancario ha aportado al crecimiento de PIB y por lo tanto al empleo (desempleo al 6% vs. 11% en la zona euro).  En la zona euro los bancos presentan activos equivalentes a 3,4 veces nuestro PIB, luego, si hay una crisis bancaria, nos constipamos mucho más, y además el contribuyente tienen que apoquinar mucho más que en Estados Unidos, donde los que los bancos representan 0,8 veces el PIB

ii)                ii) El mercado de capitales representa 0,9 veces el PIB en Estados Unidos.  Si se produce una crisis bancaria las empresas pueden financiarse mediante los mercados de bonos.  En Europa esto no ha sido así, y es uno de los motivos por los que nuestra producción y nuestro empleo han sufrido mucho más en términos comparativos.  Afortunadamente, está en visos de arreglarse.

Por último, la consecuencia “negativa” de la mejora económica que exponemos en este artículo es que la subida de tipos atraerá capital hacia Estados Unidos, algo muy preocupante para los países en déficit de cuenta corriente y, por lo tanto, dependientes del capital externo para poder sostener un nivel de PIB.  Afortunadamente, la zona euro es exportador de capital neto (2,5% de PIB, posiblemente el mayor nivel de superávit de cuenta corriente de la historia de la humanidad).  Sin embargo otros países con relevantes déficits (Turquía, Sudáfrica, Brasil, Indonesia…) sufrirán… y mucho.

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