<B>Facturas con muchos bits</B>

Fernando Jiménez. Coordinador Aula E-Business. Instituto de Empresa

14 Octubre 2005

La implantación de la factura telemática tiene, sin duda, importantes ventajas desde el punto de vista empresarial. Sin embargo, hay una serie de inconvenientes que están ralentizando su difusión por lo que sería recomendable que tanto las Administraciones Públicas como las entidades financieras tomen la iniciativa en el diseño de plataformas de intermediación.

Las tecnologías de la información han permitido a las organizaciones mejorar, de manera notable, la eficacia y eficiencia de las operaciones. Abandonar el “maguito” ha costado superar resistencias al cambio, luchar contra legislaciones obsoletas, o reestructurar departamentos. Estos han sido algunos de los caballos de batalla con los que hemos tenido que enfrentarnos, para poder implementar nuevas y mejores formas de hacer las cosas.

El uso masivo de la tecnología ha puesto a las organizaciones en un brete de cambio y mejora continua, aceptado con más o menos resignación. Sin embargo, los cantos de sirena de algunas tecnologías o la venta de productos tipo “bálsamo de fierabrás”, han contribuido a que la introducción de mejoras tecnológicas se analice con mayores dudas y recelos.

En este entorno podemos enmarcar la facturación electrónica o e-billing (para aquellos que gusten de la terminología técnica). La factura telemática consiste en sustituir el papel de la factura por un documento digital, validado por la firma digital y aceptado por las autoridades tributarias. Las ventajas principales son reducir costes en los procesos de facturación, liberar espacio de almacenamiento de papel, facilitar el desarrollo del comercio electrónico y agilizar los trámites tributarios.

[*D Abandonar el “maguito” ha costado superar resistencias al cambio, luchar contra legislaciones obsoletas o reestructurar departamentos *]

Desde el punto de vista empresarial, son indudables las ventajas que reporta la implantación de la factura telemática, no obstante, hay una serie de inconvenientes que están haciendo que su difusión no sea tan rápida como cabría esperar.

Por un lado, tenemos los problemas derivados de las obligaciones que nos impone la legislación vigente, muy especialmente el facilitar y garantizar el acceso a la Inspección de Tributos, o los derivados por la responsabilidad asumida en los contratos de adhesión al sistema.

Las infraestructuras de clave pública, son otra barrera importante a la hora de eliminar las facturas en papel. Lamentablemente, en lugar de aportar claridad y confianza, el elegir una autoridad de certificación, se ha convertido en una especie de apuesta a la ruleta, de difícil solución.

No menos importantes son los problemas que debemos afrontar a la hora de integrar el sistema de facturación electrónica con nuestros sistemas de gestión, o las implicaciones organizativas y culturales a las que debemos prestar especial atención.

[*D Son indudables las ventajas que reporta la implantación de la factura telemática sin embargo, hay una serie de inconvenientes que están ralentizando su difusión *]

El panorama, especialmente para las organizaciones de tamaño pequeño y mediano, no es muy halagüeño, ya que como en tantas ocasiones, son ellas las que deben asumir todos los costes del sistema.

Si queremos que la facturación electrónica se desarrolle con éxito, probablemente, la opción más razonable sea el diseño de plataformas de intermediación, de fácil acceso para las organizaciones y en las que se ofrezcan todas las garantías, tanto jurídicas y tecnológicas como de seguridad. Ahora bien, sólo hay dos agentes que pueden ofrecer un servicio de este tipo, me estoy refiriendo a las Administraciones Públicas y a las entidades financieras.

No estaría de más que por una vez, y sin que sirva de precedente, las Administraciones Públicas tomaran la delantera y ofrecieran un servicio universal que verdaderamente ofrece valor añadido y nos pone a la cabeza de la UE en el uso de las tecnologías de la información. Es cierto que el esfuerzo realizado en este campo concreto por parte de la Administración no ha sido baladí, no obstante, si claramente insuficiente.

Nuestras entidades financieras se han distinguido por su innovación, eficacia y eficiencia. Probablemente contamos con uno de los mejores sistemas bancarios del mundo, esperemos que no dejen pasar esta oportunidad de negocio y nos sigan demostrando que la preocupación por el cliente no es sólo un eslogan corporativo sino su verdadero lei motiv.

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