Fusión de culturas en los templos cristianos

Rolf Strom-Olsen. Profesor. IE School of Arts & Humanities

2 Febrero 2010

Centenares de iglesias ocultan bajo sus bóvedas símbolos de culturas lejanas en el tiempo. Algunos de ellos hacen referencia a la fertilidad, algo impropio de la iconografía cristiana tradicional.

Hace poco, un grupo de estudiantes del campus de la IE University en Segovia se me unió, en una cálida y soleada mañana de sábado, para explorar el extraordinario legado románico de la Segovia medieval. Las iglesias de San Clemente y San Millán están situadas a escasa distancia del imponente acueducto y ayudan a revelar algo de la historia, no sólo de Segovia, sino del patrón de la reconquista medieval y la recristianización de la mitad norte de la Península Ibérica.

Pues bien, entre los numerosos placeres que se obtienen al explorar viejas iglesias está el de esclarecer las ricas, complejas y a menudo ambiguas representaciones simbólicas e iconográficas que decoran tanto los interiores como los exteriores. Un eje de nuestra excursión giró precisamente en torno a uno de estos símbolos.

Las iglesias medievales, concretamente, suelen mostrar un lenguaje simbólico sincrético. Como han observado Helmut Schlunk y Theodor Hauschild (Die Denkmäler der fruhchristlichen und westgotischen Zeit), el simbolismo que se encuentra en la arquitectura religiosa de la alta Edad Media tiene con frecuencia profundas raíces en un pasado romano o celtibérico. Lo habitual es que esos símbolos se reinterpreten para adaptarlos a la tradición cristiana.

[*D Muchas iglesias están construidas sobre antiguos templos romanos, de los que conservan motivos decorativos originales. *]

Así, por ejemplo, antiguos símbolos del culto al sol se reinterpretan a la luz (sin pretender hacer un juego de palabras) de lo dicho en Juan 8:12: «Otra vez Jesús les habló diciendo: “Yo soy la luz del mundo. El que me siga no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”».

Un motivo abstracto de pétalos que se cruzan, común en el mundo romano que empieza con los Antoninos (y probablemente mucho antes), se puede traducir fácilmente a términos cristianos debido a su aspecto cruciforme. Ambos son rasgos omnipresentes del románico ibérico. Estos préstamos sincretistas también se producen en otros lugares: iglesias desde Irlanda a Armenia dan fe en sus formas talladas y esculpidas de un paisaje iconográfico que se remonta muy atrás en el tiempo.

Para el visitante ocasional, uno de los ejemplos más incongruentes de esta fusión cultural se encuentra en la persistencia de los símbolos de la fertilidad, puesto que a menudo son una nota discordante en la iconografía cristiana tradicional.

La figura de Sheela-na-Gig, por ejemplo, posiblemente provenga de una antigua diosa celta. La exhibicionista forma femenina de la Sheela aparece normalmente en posición decúbito prono con una vulva exagerada. En ocasiones sale acompañada por una figura masculina, como en la Iglesia de San Clemente de la diminuta aldea de Rodel, en las Hébridas. Allí, la Sheela se muestra en el lado oriental (Jerusalén) de la torre principal de la iglesia y tuvo la suficiente importancia para el culto como para permanecer en esta posición incluso después de que la torre se reconstruyese a finales del siglo XVIII, en un clima de calvinismo más bien puritano.

[*D La de San Millán de Segovia muestra una figura exhibicionista masculina esculpida como símbolo de la fecundidad. *]

Existen cientos de representaciones de la Sheel-na-gig en las iglesias de Gran Bretaña e Irlanda. Su relevancia es tan incongruente dentro del corpus más amplio de la iconografía cristiana que, como ha observado Barbara Freitag en su interesante monografía sobre el tema, «cuando las Sheel-na-gig atrajeron por primera vez la atención de los eruditos, durante la primera mitad del siglo XIX, los anticuarios se quedaron desconcertados y se sintieron incómodos».

Ignoro si hay alguna figura de Sheela-na-gig en la tradición iconográfica española, pero sí que se puede ver la figura exhibicionista masculina equivalente. Anthony Weir y James Jerman, en su obra Images of Lust: sexual carvings on medieval churches (Imágenes lujuriosas: esculturas sexuales en las iglesias medievales), han catalogado cientos de estas representaciones. Una de ellas se puede encontrar en la Iglesia de San Millán, del siglo XII, en Segovia. Por desgracia, los autores no mencionan la ubicación exacta de la figura.

Así fue que, con cierto desconcierto admitido, y quizás algo de rubor vergonzoso, pero sobre todo con interés y entusiasmo, nuestro grupo salió a la búsqueda de esta curiosa y fascinante reliquia de una época pasada. Nos desplegamos e inspeccionamos detenidamente las tallas de las ménsulas exteriores.

No había transcurrido mucho tiempo cuando un estudiante con vista de águila localizó la figura en el parte exterior de uno de los ábsides. La figura masculina en cuclillas es sorprendente. Muestra un falo exagerado original, que agarra de forma onanista. Esta especie de exhibicionismo «megafálico» se encuentra en formas casi idénticas en Francia, Italia y Suecia.

No hay duda de que la escultura de San Millán, como tantas otras que se encuentran por toda Europa, es de origen medieval. Sin embargo, no está nada claro que este tipo de iconografía exhibicionista contenga una relevancia ritual procedente de la Edad Media y no más antigua.

Las iglesias cristianas se construían normalmente en lugares que ya anteriormente se consideraban sagrados. De hecho, muchas iglesias cristianas están construidas sobre templos romanos -si no se edificaban a partir de ellos-, que a su vez se habían levantado en un lugar cuya relevancia ritual se remontaba a la prehistoria.

[*D Es muy habitual encontrarse con figuras de la diosa celta Sheela-na-Gig en iglesias de Gran Bretaña e Irlanda. *]

De igual forma, la importancia de los cultos y de los rituales de fertilidad está bien documentada, no sólo en la tradición occidental, sino por todo el mundo. La asociación de genitales exagerados con los ritos de la fertilidad es consistente desde un punto de vista iconográfico desde África hasta Asia.

Aunque debe seguir siendo una hipótesis, yo tengo fundadas sospechas de que la persistencia de esta imaginería en el simbolismo de la escultura eclesiástica refleja la persistencia de un antiguo chamanismo, que asocia lugares concretos con un augurio de fertilidad y reproducción. Tanto si se encuentra en Segovia como en cualquier otro lugar, este estilo debe considerarse parte de un tapiz más amplio de símbolos que llenaba las vidas de culturas, que participaban en su mundo a través de tótems y augurios.

Sea como fuere, la presencia de este motivo inusual nos recuerda que, en lo concreto, la Segovia románica tiene un considerable interés histórico, arquitectónico y cultural y que, en general, las iglesias dan fe en silencio de épocas que, aunque hayan desaparecido hace mucho tiempo, todavía tienen historias que contar.

En nombre de la IE University y de todos los estudiantes que participaron, me gustaría dar las gracias al padre Jiménez, de la parroquia de San Millán, por su cordial ayuda para que nuestra visita fuese un éxito.

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