La ecuación del alto rendimiento

<a href="http://www.ie.edu/esp/sobreie/sobreie_expertos_detalle.asp?id_exp=342">Celia de Anca</a>. Directora. Centro Diversidad.IE Business School

6 Septiembre 2007

La famosa lucha por el talento es sólo la primera parte de una ecuación que también exige grandes dosis de motivación para explotar ese potencial.

La diversidad siempre ha estado presente en las empresas. Pero el modo tradicional de gestión, que buscaba sobre todo eficiencia, premiaba la uniformidad. Dicho de otro modo, no se impedía la entrada de personas diferentes, siempre que éstas dejaran a un lado su diferencia y se adaptaran a las reglas de juego.

El modelo funcionó, y bien, durante muchos años. Hasta que en la década de los ochenta, debido a importantes cambios del entorno empresarial -entre otros, la globalización, los avances tecnológicos y los nuevos valores de la sociedad-, se hizo cada vez más difícil mantener la aparente uniformidad de la organizaciones. Las cuestiones personales ya no se aparcaban en casa y cada vez un número mayor de personas exigía poder ser él mismo, aunque fuera diferente (sin olvidar que cada vez resultaba más difícil definir quiénes eran los normales).

[*D Con frecuencia, el talento de empleados brillantes se dedica a actividades fuera de la oficina más que al trabajo *]

Muchas empresas se enfrentaron a este reto y encontraron en la gestión de la diversidad una oportunidad, no un problema. Así, en la última década, empezó a hacerse patente la lucha por el talento y la idea de que éste se encuentra en los colectivos más diversos -mujeres, hombres, jóvenes, discapacitados, minorías culturales-. Para atraerlo, las empresas rivalizan en ofrecer no sólo el mejor salario, sino también las mejores condiciones para ayudar al empleado a desarrollar su potencial. Una consecuencia de esta guerra por el talento es el diseño de instrumentos de gestión adaptados a las distintas necesidades, como el tele-trabajo, los horarios flexibles, los programas de formación, el mentoring, coaching o las encuestas de clima.

Sin embargo, no es suficiente. Hace unos días, en un curso de verano de El Escorial, se discutía la ecuación diversidad y alto rendimiento, y se planteó la necesidad de un diálogo de doble dirección entre empresa y empleado, para que la ecuación propuesta resulte positiva. Sobre todo, porque la ecuación inicial presenta una segunda parte: el alto rendimiento que el empleado es capaz de ofrecer en un entorno flexible y adaptado. Ninguna empresa puede forzar a nadie a dar lo mejor de sí mismo y con frecuencia observamos cómo el talento de empleados brillantes no se dedica tanto al trabajo diario como a otras actividades fuera de la oficina. El reto de las empresas, por tanto, radica en atraer profesionales con talento y conseguir que valoren el esfuerzo de la compañía, dedicándole a cambio lo mejor de sí mismos. En caso contrario, la apuesta por la flexibilidad y la gestión de la diversidad resultará fútil.

[*D Resulta difícil comprender que flexibilidad no significa trabajar menos, sino trabajar de manera diferente. *]

Además, existe una dificultad añadida en el diálogo entre la empresa y el empleado, que pasa por el tamiz de los valores de cada generación. La llamada generación X, caracterizada por la competencia en el trabajo, el esfuerzo y el trabajo casi adictivo, mira a veces con escepticismo unas políticas que suenan bien, pero que cuesta creer que funcionen en un entorno tan competitivo. Resulta difícil comprender que flexibilidad no significa trabajar menos, sino trabajar de manera diferente, que a veces la empresa puede pedir un 120% y otras veces son los empleados quienes piden a la compañía tiempo para distintas circunstancias personales, como criar a los hijos o recibir una formación que consideran vital. Pero estas mismas políticas, que algunos miramos como un sueño inalcanzable, seguramente saben a poco a quienes pertenecen a la llamada generación Y, porque desde muy temprano tienen claro que su vida personal no se va a quedar a un lado.

[*D La empresa tiene el reto de atraer y motivar a profesionales con talento; y éstos, encontrar una motivación en el trabajo. *]

El reto de la empresa radica, por tanto, en atraer personas con talento y motivarlas para que puedan aplicarlo a su trabajo. Por otra parte, el reto de cada vez un mayor número de empleados, especialmente los más jóvenes, será encontrar una motivación en un trabajo que ocupa gran parte de su tiempo, sin necesidad de reservar lo mejor de su capacidad para cuando acabe la jornada laboral. El reto es de todos, pero la empresa que consiga ese diálogo interactivo y constructivo con su fuerza humana será, sin duda, la que pueda superar los retos que presenta este nuevo y complicado siglo.

Último vídeo

Martha Thorne valora el fallo del Premio Pritzker 2017

See video
Síguenos en
IE Focus Newsletter
Agenda IE
Most read
IE Business School | María de Molina 11, 28006 Madrid | Tel. +34 91 568 96 00 | e-mail: info@ie.edu

Contacto

IE Business School

María de Molina, 11. 28006 Madrid

Tel. +34 915 689 600

info@ie.edu