<B>La esfera personal</B>

Enrique Dans. Profesor. Instituto de Empresa

17 Mayo 2005

La rapidez con la que se suceden los cambios en el ámbito tecnológico ha propiciado que sean muchos los profesionales que desarrollen sus capacidades tecnológicas en el ámbito personal. Sin embargo, esas habilidades son requeridas luego y valoradas en el ámbito de la empresa.

El panorama tecnológico actual es un mundo de locos. Aparecen nuevos dispositivos, tecnologías, posibilidades… cuando muchos ni siquiera han empezado a sacar partido a las anteriores. Cuando aún no sabes ni escribir un SMS, tienes en la mano un cacharro con el que puedes enviar y recibir mensajes de e-mail “en tiempo real” (y ¿cuál será el “tiempo irreal”?, te preguntas…) Sobre las generaciones de los móviles no tienes dudas: dada la patente abstinencia sexual de tu teléfono desde que lo tienes, deduces que es “de primera generación”.

[*D Cada vez vemos más ofertas de empleo en las que el desarrollo de capacidades tecnológicas constituye un factor a considerar *]

Pero, por lo que costó, puede que tenga un UMTS de esos con GPRS (…) Después de un período de cierta tranquilidad, el mundo de la tecnología vuelve a recordarme a aquel escenario de hace no muchos años en los que un amigo me comentó que, en una tienda había visto a una persona pedir un ordenador “con muchos mouses de memoria” (…) Y es que hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad.

Un planteamiento curioso es el de la dualidad de las esferas personal y corporativa. ¿Cuál de las dos ve avanzar más rápido en su caso? ¿Es usted uno de los llamados “early adopters”, que lo compran todo y lo prueban por su cuenta? O, por el contrario, ¿se limita a usar lo que su empresa pone en su mano, sin resistirse demasiado pero tampoco pidiendo más? El primer caso, el “aficionado” o “tech-savvy”, corresponde a individuos con inquietud y cierta frustración, con mejores medios en su casa que en su trabajo, con un ordenador más potente, un sistema operativo más moderno, comunicaciones inalámbricas y opciones multimedia que por su no aplicabilidad o retraso tecnológico no están disponibles en la esfera corporativa. La pesadilla de los Departamentos de Sistemas.

En comunicaciones móviles, las dos esferas se mezclan, y vemos personas con el último grito en móvil “por decreto de la empresa”, pero que usan sólo sus capacidades más básicas, a veces convirtiendo un artefacto tecnológico en una especie de “símbolo de status”. O, por el contrario, personas que adquieren y utilizan su móvil personal ultramoderno y lo usan para todo tipo de llamadas profesionales, soportando estoicamente el coste de las mismas porque la empresa mantiene una estricta política de “no pagar ese tipo de lujos”.

[*D Esas habilidades cada vez más necesarias e importantes para la esfera corporativa, se desarrollan muchas veces en la esfera personal *]

¿Es usted una de esas personas que presionan a su empresa para que se modernice o, al contrario, que sufre teniendo que adoptar la tecnología que le imponen? En la respuesta está, seguramente, una de las claves del mercado de trabajo actual. Cada vez vemos más ofertas de empleo en las que el desarrollo de capacidades tecnológicas constituye un factor a considerar. El “ludita”, el “tecnófobo”, el “uyy, yo de eso no sé nada” ya no se lleva. Las empresas, con razón, exigen personas que estén a la última en manejo de herramientas, que conozcan Internet y sepan extraer el riquísimo e ilimitado caudal de información que atesora, a quien la palabra “blog” no les suene a batracio, o que miren el acrónimo RSS y no piensen en el extra de un automóvil de gama alta.

El caso es que la mayoría de esas capacidades, esas habilidades cada vez más necesarias e importantes para la esfera corporativa, se desarrollan muchas veces en la esfera personal. Manejar un ordenador, una red inalámbrica, una PDA o sacarle verdadero partido al teléfono móvil pasa de ser un simple capricho o lujo suntuario, pura “electrónica de consumo”, a prácticamente una “necesidad de formación”, una habilidad necesaria en un mundo en cambio permanente. Las empresas necesitan ese perfil. A partir de ahora, antes de contratar, pregunte al candidato qué le trajeron los Reyes.

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