La falta de liderazgo es el verdadero problema del mundo árabe

Ibrahim Al-Marashi. Profesor. IE School of Arts & Humanities

14 Junio 2011

Detrás de las revoluciones vividas en Oriente Medio se esconde la frustración de un pueblo, siempre gobernado sin democracia y necesitado de un verdadero líder.

Hubo motivos subyacentes de la revolución egipcia que generaron la tormenta perfecta para derrocar a Hosni Mubarak: la corrupción, el desempleo, la frustración, la humillación y la juventud impaciente. Sin embargo, un factor que no se menciona es la falta de liderazgo; y el presidente Mubarak no fue un líder con el carisma necesario para galvanizar a la población, un problema que afecta a toda la región.

No estoy diciendo que la falta de liderazgo sea la variable causal de los disturbios que comenzaron en Túnez; más bien es el proceso de cómo aparecen los líderes el que sirve como un importante elemento simbólico.
En la gran mayoría de los países árabes, los líderes han surgido a raíz de golpes de estado, o han resultado ser los líderes de la tribu más poderosa cuando las potencias coloniales delinearon las fronteras de Oriente Medio.

[*D La mayoría de dirigentes árabes ha surgido de golpes de estado o movimientos similares, por tanto, su falta de liderazgo responde a una falta de legitimidad. *]

Por ejemplo, tanto el fallecido Hafiz al-Asad de Siria, como Hosni Mubarak, llegaron al poder gracias a su condición de jefes de las fuerzas aéreas. Fueron sus puestos militares, y no un plebiscito, los que les auparon al poder. Así, la mayoría de los jefes de gobierno árabes han surgido de procesos que no incluyeron la voluntad general ni el consentimiento del pueblo. En otras palabras, la falta de liderazgo está relacionada con una falta de legitimidad, y en la mayoría de los estados árabes, el líder permanece en el poder por coerción o por una lealtad subvencionada.

A falta de líderes nacionales que el mundo árabe pueda llamar héroes, éstos son resucitados del pasado. En el mundo árabe se crearon héroes a partir de aquellos líderes que resistieron los esfuerzos coloniales por gobernarlos: a comienzos de la década de 1830, el imán Shamil lanzó a los chechenos contra los rusos en una lucha que duró 30 años; Su contemporáneo Abd al-Qadir congregó a los argelinos contra los franceses a mediados del siglo XIX; en 1882, Muhammad Ahmad al-Mahdi de Sudán comenzó su propia lucha contra los británicos; Abd el-Krim unió a la resistencia marroquí contra los españoles y Umar al-Mukhtar de Libia resistió a los italianos durante la década de 1920.

[*D Sin líderes a los que emular, aparecen héroes en los lugares más insospechados: en Irán, el programa nuclear; y en Irak, el misil Scud que logró impactar en Israel. *]

No obstante, fracasaron a la hora de derrotar a aquellos que intentaron colonizarlos. El único líder del mundo musulmán que derrotó un intento colonial de subyugación fue el turco Mustafá Kemal Pasha, conocido como Ataturk.

Los árabes tienen pocas victorias que celebrar y hay que remontarse un milenio, hasta 1187, para celebrar a un líder, Salah al-Din, y su victoria en Jerusalén durante las cruzadas. A partir de esa fecha, sólo quedan unas cuantas victorias de facto, que, además, se miden en términos de supervivencia. En 1956, cuando el presidente egipcio Jamal Abdul Nasser perdió la guerra contra Gran Bretaña, Francia e Israel, los árabes reivindicaron una victoria porque se había enfrentado a Occidente. Cuando Sadam Hussein fue claramente derrotado en la Guerra del Golfo de 1991, el líder iraquí clamó victoria porque se había enfrentado a Occidente y había sobrevivido.

Hay quien en el mundo árabe reivindica que se ha puesto en marcha una nueva cruzada contra ellos y que lo que necesitan un nuevo Salah al-Din que los una y los lleve a tiempos mejores. Saddam intentó desempeñar ese papel en 1991 y 2003, haciendo caso omiso de que enfrentarse a la superpotencia mundial era más difícil que enfrentarse a los cruzados. Hassan Nasrallah, líder del Hezbolá chiita, apareció como un héroe en 2006 debido a la paliza que el movimiento islamista libanés recibió de las fuerzas israelíes durante la guerra del Líbano.

[*D EEUU recetó democracia para curar el terrorismo. Pero así sólo afrontó los síntomas de un problema mucho mayor: la corrupción, el paro, la frustración y la humillación. *]

La falta de liderazgo en Oriente Medio se manifiesta de otras formas. Sin líderes a los que emular, aparecen héroes en los lugares más insospechados. En Irán, el misil Shahab-3 y el programa nuclear surgen como un héroe popular nacionalista, ya que supone el progreso de la nación. En Irak, un héroe popular fue el misil Scud porque logró impactar en Israel. Desde 2003, los iraquíes nunca han tenido su versión de Konrad Adenauer, Charles de Gaulle o Nelson Mandela para unir a la nación tras un conflicto. Otros héroes surgieron del caos, como el francotirador de Bagdad que mató a numerosos soldados estadounidenses hasta que lo capturaron.

La administración Bush recetó democracia para curar la enfermedad de Oriente Medio: el terrorismo. Pero esa solución sólo afrontó los síntomas de un problema mucho mayor: la corrupción, el paro, la frustración y la humillación.
Algunos estados sufren una maldición de los recursos, que obliga a los árabes a ver las enormes reservas petrolíferas de la región concentradas en manos de unos pocos, lo que ofrece el pretexto para que las potencias occidentales dividan, intervengan y subyuguen sus tierras. Yo he presenciado estos elementos en persona. La frustración del desempleado tunecino que pasa el día sentado en un café; el palestino apátrida de Egipto que busca desesperadamente un hogar; un camarero iraquí que atiende a soldados estadounidenses a los que maldice entre dientes por haber destruido Falluja, mientras aspira a conseguir un visado para los Estados Unidos.

Al mismo tiempo, elementos de la sociedad árabe proyectan en sus líderes unas funciones tanto patriarcales como patrimoniales. Por tanto, el líder es la cabeza simbólica de un sistema que se espera que afronte las aflicciones de los árabes: la humillación, la intervención extranjera, la frustración y la corrupción.

He viajado al menos a 18 países de Oriente Medio y sólo en Turquía he presenciado algo distinto. No podría llevar la cuenta del número de oficinas de partidos políticos que vi en Estambul. La mayoría de los países de Oriente Medio, como mucho, sólo cuentan con uno y promocionado por el Estado, mientras que otros permiten que unos pocos partidos operen sin tener la oportunidad de influir en la política.

[*D Si un líder popular y capaz pudiera emerger de las masas que avivan la revolución egipcia, sería un primer paso para superar la falta de liderazgo en la región. *]

En Turquía, numerosos periódicos han criticado al Gobierno, en lugar de hacerle de portavoces, y las elecciones estuvieron reñidas, no amañadas como sucede en gran parte de los estados de la región. Mi evaluación positiva del sistema turco se basa en que el primer ministro Recep Tayyip Erdogan fue elegido, si bien es cierto que con menos de un 50% de los votos. Aunque no es popular entre determinados sectores de la población, especialmente entre las élites urbanas, surgió de un sistema y un proceso político que disfruta de legitimidad entre la opinión pública turca.

Los acontecimientos que tuvieron lugar en Egipto son revolucionarios. Por primera vez en la historia de Oriente Medio, es el pueblo el que le está dando forma al destino de la nación. Los únicos cambios que se produjeron en el régimen en el pasado fueron motivados por golpes militares o invasiones extranjeras. Si un líder popular y capaz pudiera emerger de las masas que avivan la revolución egipcia, sería uno de los primeros pasos para superar la falta de liderazgo en la región.

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