La montaña rusa del precio del petróleo

Rafael Pampillón. Profesor. IE Business School

15 Enero 2016

La historia nos enseña que el derrumbe del precio del petróleo provocado por el exceso de oferta lleva a recortes en prospección y extracción que terminan empujando el crudo al alza.

Los precios del crudo se encuentran en mínimos de 11 años y siguen bajando. Una buena noticia, porque uno de los factores que más está ayudando a la recuperación económica de Europa y de España es el bajo precio del petróleo. En los primeros 9 días de enero, el precio del petróleo ya caía un 10%. Las causas son bien conocidas: la impresionante oferta mundial de crudo, el debilitamiento de la demanda (especialmente por la crisis económica de China) y las elevadas reservas de petróleo de Estados Unidos.

A ello hay que unir la fortaleza del dólar. Los precios del crudo llevan un año y medio situándose en una cota cada vez más baja, mientras que el dólar, a su vez, sigue una trayectoria alcista. No se trata de una mera coincidencia. Como el precio del petróleo está nominado en dólares, los productores de crudo, al cobrar en una moneda cada vez más fuerte (el dólar), pueden compensar esa ventaja con la pérdida de ingresos derivada de la caída de los precios.

Tal vez, una de las causas de la caída del precio del barril sea la apreciación del billete verde. Un círculo virtuoso que beneficia a España y a otros países europeos importadores de crudo, ya que sus ciudadanos pueden liberar parte de la renta disponible dedicada al pago del transporte y la energía para ahorrarla o gastarla en otras cosas. Las empresas, además, están teniendo menos costes energéticos, lo que les va a permitir obtener más beneficios que pueden usar para autofinanciarse. La apreciación del dólar también nos beneficia, ya que abarata nuestras exportaciones y las hace más competitivas frente a los precios de los productos americanos. En definitiva, es un marco que favorece mayores niveles de consumo, inversión y exportaciones, lo que permitirá generar más bienestar y empleo.

Casi todos los analistas auguran que durante este año no se registrarán grandes variaciones en el precio del crudo, ya que sigue habiendo un fuerte desequilibrio entre la enorme oferta y la escasa demanda. La incorporación del petróleo iraní en 2016, tras el reciente acuerdo, seguirá poniendo presión en la oferta y manteniendo bajos los precios. A ello se une la ruptura de relaciones diplomáticas entre Irán y Arabia Saudí, que va a dificultar acuerdos dentro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) para reducir la producción.

Sin embargo, esta situación podría marcar el comienzo de un ciclo que se ha venido reproduciendo en la historia con cierta frecuencia: el derrumbe de los precios provocado por el exceso de oferta lleva a recortes en la inversión de prospección y extracción, que terminan reduciendo la producción y empujando los precios al alza. Las compañías petroleras ya han recorrido este ciclo otras veces. La última fue durante los años 2008 y 2009. En menos de un año, los precios cayeron desde los máximos históricos de 146 dólares por barril en julio de 2008, hasta los 34 dólares de febrero de 2009. Sin embargo, a partir de marzo de 2009, el oro negro empezó a repuntar rápidamente, hasta cotizar en 70 dólares en junio de 2009 y continuando el alza hasta superar los 120 dólares en 2012. Esta subida de los precios de la energía, que comenzó a mediados de 2008, tuvo efectos muy negativos sobre la economía mundial, ya muy deteriorada por el inicio de la crisis económica.

La historia está por escribirse, pero parece probable que el precio del crudo vuelva a subir, lo que no sabemos es cuándo, pueden pasar meses, o incluso años.

The Wall Street Journal publicaba a comienzos de enero que se habían paralizado unos 150 proyectos de inversión petrolera en todo el mundo, lo que supone un aplazamiento indefinido de una producción aproximada de 13 millones de barriles diarios. Eso equivale al 15% de la producción total mundial. Se están aplazando proyectos nuevos, como es el caso de la explotación de depósitos de arenas bituminosas en Canadá y los de aguas profundas en el Golfo de México, África y el Ártico, donde la extracción de crudo es particularmente cara, pero también están sufriendo las inversiones que son necesarias para compensar el agotamiento natural que sufren los yacimientos con el tiempo en lugares como Argentina, Venezuela, México, Argelia y Nigeria.

También podría subir el precio si junto a la reducción de la oferta aumentase la demanda, es decir, mejorase la actividad económica mundial. Pero para ello sería necesario que China (y otros países emergentes) tuvieran mayores tasas de crecimiento. Y eso va a depender de que las autoridades chinas sean capaces de generar más confianza con nuevas medidas de política fiscal, monetaria, regulatoria y de tipo de cambio.

Por tanto, en un plazo que es difícil de predecir el precio del petróleo podría volver a subir, lo que, desgraciadamente, reduciría las tasas de crecimiento económico de países como España. Estas posibles subidas de precios del crudo podrían generar menos crecimiento económico con efectos inflacionistas. En este escenario, el riesgo de deflación en Europa y en España desaparecería precisamente gracias al aumento de los costes energéticos, pero también por la enorme liquidez generada por las políticas monetarias expansivas, las reducciones impositivas y el elevado gasto público. Se ha hecho tanto para evitar la deflación que, a medio plazo, la inflación es casi inevitable.

Sin embargo, en el corto plazo hay que descartar problemas inflacionistas: a nivel mundial, la desaceleración de los emergentes, los excesos de capacidad productiva ociosa y el desempleo de una parte de la mano de obra hacen casi imposible que las empresas suban los precios o que los trabajadores consigan aumentos salariales. Pero, a medio plazo, con precios más altos del barril, no se podría descartar en Europa un escenario económico con un bajo crecimiento de la economía, pero con inflación; una situación que complicaría el trabajo del Banco Central Europeo, que tendría un dilema: por un lado debería subir los tipos de interés y retirar la inmensa liquidez, generada en los últimos tiempos, con el fin de evitar la inflación, pero, por otro, si retira esa liquidez y sube los tipos de interés, ahogaría el poco crecimiento que tendrían las economías.

Hasta que todo esto llegue a suceder, aprovechemos el actual precio de los combustibles. Efectivamente, la baja demanda de China de materias primas, la falta de acuerdos en el seno de la OPEP y el aumento de oferta de los productores americanos de esquisto, permiten prever un ciclo prolongado de precios del petróleo bajos. Europa será, sin duda, la región más beneficiada. Que siga la fiesta.

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