<B>La supervivencia de los astilleros</B>

Rafael Pampillón. Profesor. Instituto de Empresa

18 Marzo 2004

La globalización de los mercados, la internacionalización de la empresa y el incremento de la competitividad de las economías emergentes, especialmente en mercados de baja tecnología, exigen a los países industrializados el desplazamiento de su producción. Este fenómeno, que afecta a numerosos sectores, hace especial mella en el sector naval.

Recientemente hemos asistido a fuertes movilizaciones de los trabajadores de los astilleros públicos españoles, motivadas, según expresaban sus portavoces, por la falta de acuerdo para un nuevo convenio colectivo y la exigencia de carga de trabajo que garantice su viabilidad futura.

El fenómeno de la globalización de los mercados y los procesos de internacionalización de la empresa, junto con la aparición de economías emergentes que ejercen una gran competencia, fundamentalmente en los mercados de baja tecnología, están exigiendo a los países industrializados el desplazamiento de su producción hacia mercados de más alta tecnología. Desde hace 25 años, esto ha ocasionado el cierre de muchos astilleros en la Unión Europea, Japón y EEUU, y lo mismo ha ocurrido con la industria siderúrgica, el sector textil y, últimamente, el sector de la automoción.

La competitividad depende, entre otros factores, de los costes laborales, materiales y energéticos, además del tipo de cambio. Esto lo saben bien los tigres asiáticos que abusan del uso de prácticas comerciales poco ortodoxas, como cerrar sus mercados a los productos importados para favorecer el desarrollo de sus industrias (en muchos casos estatales e ineficientes); tal es el caso de Corea que ha subsidiado la energía y el acero para la construcción naval y mantenido tipos de cambio artificialmente bajos. La Unión Europea, liderada por Alemania, que tiene poco que perder en esos sectores, y mucho que ganar en el desplazamiento de su producción, ha hecho muy poco, lo que perjudica a industrias españolas que carecen de tecnología propia y, como consecuencia, no pueden emigrar.

La teoría determina que ante un aumento de los precios, de los costes o una apreciación del tipo de cambio, la competitividad empeora y, como consecuencia, las exportaciones disminuyen. Estos factores de competitividad adquieren especial importancia en el caso concreto del sector naval, marcado por la actual situación de este mercado en Europa, que ha perdido, en los últimos tres años, diez puntos porcentuales de participación en el negocio mundial de la construcción de buques en beneficio de los países asiáticos, en especial de Corea.

Exigencias del mercado

Para que una empresa consiga aumentar o mantener su cuota de mercado y, en consecuencia, garantizar una carga de trabajo que asegure su viabilidad futura, debe ser necesariamente competitiva. Y la competitividad, hoy en día, pasa por ser capaces de moverse en un entorno de mercado muy exigente en todos los aspectos. Esta exigencia parece incompatible con incrementos salariales muy por encima de la media de los convenios, que superan con creces el mantenimiento del poder adquisitivo y, para empeorar la situación, con alteraciones constantes del ritmo de trabajo resultado de los paros, movilizaciones y protestas que se vienen produciendo, que introducen fuertes incertidumbres en unos clientes que deben hacer frente a inversiones elevadas y para los que, lógicamente, la estabilidad y el cumplimiento de los plazos de entrega resultan fundamentales.

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