La vieja nueva política

José Piquer. Director Ejecutivo. Grado Relaciones Internacionales. IE University

1 Agosto 2016

Tras una históricas segunda elecciones generales, España sigue sin mayorías claras que permitan formar gobierno, y con dos escenarios que pondrá a prueba la vieja nueva política.

España vive un escenario político muy similar al que dejó el 20-D: sin mayorías claras de gobierno y con todo por negociar. Sin embargo, estos resultados despejan algunas dudas respecto a los últimos comicios y permiten anticipar algunas dinámicas que definirán las negociaciones para formar gobierno que ya han comenzado.

La vieja nueva política. Los viejos partidos sobreviven, los nuevos no terminan de consolidarse como alternativa. PP y PSOE han vuelto a recibir más de la mitad de los votos (55%), una tendencia histórica que solo se vio interrumpida en las elecciones de diciembre, mientras que Unidos Podemos (UP) y Ciudadanos han obtenido algo más de un tercio de los votos. El efecto inmediato es que la posición negociadora de la nueva política se ha visto mermada al tiempo que sus expectativas se desinflan.

Fragmentación en la izquierda. El PSOE ha obtenido el peor resultado de su historia, pero evita el adelantamiento de Podemos por la izquierda (el archiconocido sorpasso). La confluencia de UP no ha terminado de confluir como se esperaba y la coalición ha obtenido menos votos que la suma de votos de Podemos e Izquierda Unida en diciembre de 2015. Aunque se pusieran de acuerdo, la vieja y nueva izquierda sigue sin sumar para derrocar a la derecha.

¿Voto (in)útil? El efecto del llamado voto útil o estratégico ha sido más notorio en el caso de la formación de Albert Rivera. Conscientes de que Ciudadanos tenía pocas posibilidades de ser decisivos en la formación del nuevo gobierno, y alentado por la campaña del Partido Popular contra un bloque de izquierdas, un número decisivo de votantes ha otorgado al PP la mayoría suficiente para evitar un gobierno fuerte de izquierdas. El efecto de esta transferencia de votos de Ciudadanos al PP se ha amplificado por los efectos de nuestro sistema electoral: Alrededor de un 23% de los votos a C’s se han quedado sin representación parlamentaria.

Donde dije digo...Pacto A la espera de que las encuestas postelectorales permitan contrastar las hipótesis que están planteando los analistas, se ha abierto la veda para analizar las estrategias postelectorales para formar gobierno. Entre los múltiples escenarios posibles, destacan dos:

1-. Una coalición entre el Partido Popular y Ciudadanos (con o sin C’s en el gobierno), facilitada por la abstención del PSOE. Este acuerdo frágil de gobierno podría contar con el apoyo puntual de los socialistas para algunos acuerdos de Estado, aunque, si nos fiamos de las últimas declaraciones de dirigentes del PSOE y Ciudadanos, la negociación se augura larga. Sabemos que no será posible un acuerdo sin concesiones de calado y sin que los partidos implicados en ese potencial acuerdo sean acusados de incoherentes e hipócritas, pero uno de los dos, o los dos partidos, deberán retractarse si quieren evitar el bochorno de unas terceras elecciones en menos de un año. 

Si Mariano Rajoy logra los apoyos suficientes para ir a la sesión de investidura, el PSOE deberá decidir si se abstiene y le permite formar gobierno. Ciudadanos, por su parte, deberá renunciar a su petición de que Rajoy no sea el candidato si quiere ser relevante en las negociaciones, pues el presidente en funciones ya ha dejado claro que no va a dimitir. Cualquiera de estas decisiones tendrá un coste para los partidos, pero éste será menor que la repetición de los comicios. Dicho de otra forma, el electorado tolerará mejor una infidelidad que casarse (votar) por tercera vez en un año.

2-. Otra alternativa sería un gran acuerdo de izquierda liderado por el PSOE y UP, con el apoyo de los nacionalistas. A día de hoy es muy improbable que el PSOE, ERC y EH BILDU puedan formar parte de la misma coalición. En cualquier caso, de lograrse este acuerdo, asistiríamos probablemente a la legislatura más corta de la democracia.

Hay dos factores que podrían acabar decidiéndolo todo: la gestión de las divisiones internas en la izquierda y la deriva del frente nacionalista, con elecciones autonómicas en el País Vasco previstas para otoño y una cuestión de confianza del presidente de la Generalitat de Catalunya, Carles Puigdemont, en septiembre.

El PSOE parece condenado a ser el árbitro de estas negociaciones, asumiendo la posición más comprometida de todos en un momento de debilidad evidente. Aunque los socialistas hayan evitado el sorpasso, Pedro Sánchez ha obtenido por segunda vez consecutiva el peor resultado para su partido en unas elecciones generales.

Por su parte, en las próximas semanas, Podemos deberá articular una respuesta adecuada a dos preguntas: cómo sostener el frágil equilibrio ideológico que aglutina a la pluralidad de mareas y movimientos que conforman Podemos, y qué corriente prevalecerá en el núcleo del partido (Iglesias vs Errejón).

En definitiva, el PSOE y Podemos pueden abrirse en canal en los próximos meses, o ser capaces de reconducir sus tensiones internas en su deseo de desbancar al PP, algo que hoy parece todavía más complicado que en diciembre. Después de todo, no hay nada nuevo en esta lucha por el poder. La única diferencia es que hasta ahora habían bastado unas elecciones para que la lucha tuviera un claro vencedor.

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