<B>Loa al buen gobierno de Conthe</B>

Manuel Romera. Profesor. Instituto de Empresa

9 Marzo 2006

El buen gobierno busca el justo equilibrio entre todos los accionistas de las compañías. Guste o no guste, es condición sine qua non para el correcto funcionamiento de la bolsa.

El tan de moda y últimamente tan usado concepto de gobierno corporativo persigue, en teoría, propiciar un equilibrio justo entre los accionistas con grandes paquetes de títulos y los pequeños accionistas, llamados minoritarios. Para conseguirlo, se fomenta que el órgano de gobierno de las compañías, es decir, el consejo de administración, tenga representantes con un alto grado de independencia respecto al núcleo duro, creándose la figura del consejero independiente, cuya obligación es abogar por los intereses de la compañía en sí y no de sus altos ejecutivos o grandes accionistas.

Esto, desgraciadamente, no se produce tanto como debiera. Según el último índice Spencer Stuart de consejos de administración, el 94% de los consejeros independientes es propuesto por el presidente de la empresa o por los consejeros dominicales, es decir, accionistas mayoritarios. Este dato aporta, en cierta medida, una visión del posible cuestionamiento que tiene la independencia de los consejeros independientes y de su defensa de los minoritarios.

[*D Los núcleos duros nombran al 94% de los independientes. Datos que lleva a cuestionar su independencia *]

Pero tampoco debemos pensar los minoritarios siempre están indefensos. La historia nos demuestra que este tipo de accionistas ha ejercido sus derechos en algunas ocasiones con un cierto éxito. Por ejemplo, fue famosa la querella de los minoritarios de la empresa Urbanor, propietaria del terreno donde se construyeron las Torres Kio, contra los todopoderosos Albertos y el posterior largo enjuiciamiento de éstos, hasta terminar en el Tribunal Supremo, que falló a favor de los minoritarios.

Quizás, avancemos más en la comprensión de los minoritarios si nos centramos en algún estudio sobre los mismos. Una encuesta de la Fundación de Estudios Sociológicos concluyó que un 80% de los pequeños accionistas piensa que en España no existen mecanismos para la defensa de sus intereses. Por otra parte, el perfil del accionista minoritario podríamos decir que es el siguiente: 58% hombres, con edad media entre 35 y 54 años, clase media-alta, bastante informados, ya que más de la mitad sigue la cotización por lo menos una vez a la semana, y muy racionales en el binomio riesgo-rentabilidad de las acciones compradas, teniendo predilección, en una amplia mayoría, por acciones de grandes compañías.

[*D La historia también demuestra que los minoritarios pueden ejercer sus derechos con cierto éxito *]

Las ofertas públicas de adquisición de acciones (OPAs), quizás como operaciones que cambian el control de las compañías, adquieren una gran relevancia en el análisis de los minoritarios. Estas operaciones tienen una vertiente positiva para el minoritario, y es que un comprador ofrece una cantidad de dinero por sus acciones que si quieren toman y, si no, rechazan. Pero también tienen una vertiente negativa, y es que al cambiar de manos la gestión, si al comprador no le gusta, se sienten en cierta medida obligados a la venta de sus títulos, para no estar atados a las acciones de una compañía gestionada por alguien que no les convence.

Uno de los últimos ejemplos de gran alteración social de los minoritarios se remonta a 2003. Se trata de Telefónica y de todos los pasos que ha dado, OPAs incluidas, hasta lanzar en febrero de 2005 una fusión por absorción sobre Terra. En las demandas formuladas tanto por accionistas de forma individual, como por asociaciones de accionistas minoritarios como Adicae, se exigía la responsabilidad de Telefónica en la descapitalización de Terra, para posteriormente absorberla. Todo esto, con acusaciones de manipulación del precio de las acciones durante el proceso y consejeros con falta de independencia y administración desleal.

[*D Una buena reforma del buen gobierno evitará que la voluntad de los mayoritarios sea la única tomada en cuenta *]

Existe actualmente un grupo de trabajo en la Comisión Nacional del Mercado de Valores que ha elaborado un borrador de reforma del gobierno corporativo en España, denominado Código Unificado, cuya misión es conseguir que en la composición de los consejos de administración existan consejeros elegidos de manera más independiente y, por tanto, esté garantizada una mayor defensa de los intereses de los minoritarios. En concreto, el número de independientes deberá ser mayor de tres y suponer más de 1/3 del total. También se determinan una serie de incompatibilidades para ser independiente, como no haber sido empleado de la empresa o de su auditor en los últimos tres años o consejero ejecutivo de la compañía en los últimos cinco, o proveedor de bienes o servicios financieros en el último año. También recalca la imposibilidad de independencia cuando existe “grado de parentesco” o “análoga relación de afectividad” con algún consejero ejecutivo o alto directivo de la empresa. Por último, recalcar la importancia que adquiere la comisión de nombramientos para conseguir que las candidaturas de independientes lleguen a cuajar en los consejos de administración.

Vaya con estas líneas una firme esperanza de que este proyecto de reforma llegue a buen fin, ya que con ello evitaremos que la voluntad de los mayoritarios sea la única tomada en cuenta en la empresa. Hay que darse cuenta de que el gobierno corporativo no debe ser sólo una moda de cara a la galería que las grandes empresas cumplan prácticamente de manera voluntaria, sino que debe plantearse como una imposición legislativa seria y rotunda a los consejos de administración en nuestro país. Con ello, no sólo defenderemos el criterio de que todas las partes del capital de las compañías tengan voz y voto, sino que mejoraremos la transparencia, gestión y buen gobierno de nuestro entramado empresarial y, en consecuencia, de los mercados bursátiles que necesitamos para avanzar en el desarrollo de nuestra economía.

Seguro que para muestra de la necesidad de independencia podemos terminar diciendo que más de la mitad de las empresas cotizadas no cumplen con la cantidad de 1/3 de consejeros independientes o que todavía existe una veintena de empresas cotizadas sin un solo independiente en sus consejos de administración.

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